Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Ex Umbra In Solem, Are you mad at me?

en junio 9, 2011

Almorzaron en silencio en un banco del parque, observando a la gente ir y venir, ocultos tras sus cabellos. Disfrutando del silencio; porque, por primera vez en sus vidas, no estaban ni se sentían solos.

–¿Quieres ir al centro comunal? Allí hay una piscina –Kazuo lo miró de reojo. Ahora se sentía cohibido y era su culpa. No debía de haber mencionado el sueño.

–Habías mencionado que íbamos a ir allí, ¿no? –¿por qué había dejado de mirarlo a los ojos? Sabía que le había ocultado algo del sueño, pero ¿qué podía ser tan grave que había hecho que ahora lo esquivara?

–Vayamos. A esta hora, está cerrado. Todos están almorzando –explicó caminando hacia la parte posterior del lugar.

–Si está cerrado, cómo vamos a entrar –preguntó Tetsu alzando una ceja al ver que sonreía malditamente.

La sonrisa de Kazuo desapareció con la misma rapidez con que se había formado en su rostro. Al seguir su mirada, Tetsu descubrió que una de las hermanas del pelirrojo estaba con un grupo de otras chicas hablando y riendo justo en la entrada.

Por acuerdo unánime, decidieron posponer esa visita para el día siguiente. En silencio, regresaron a la casa y mataron el tiempo practicando con sus respectivos instrumentos musicales, mirándose con el rabillo del ojo, hasta que fueron llamados a cenar. Luego, el padre los sentó a todos en la sala para hablar sobre la cena de compromiso que llevarían a cabo con los suegros de la hija mayor, quien se casaría dentro de dos meses. Por fortuna, nadie molestó al pelirrojo y el moreno se dedicó a mirar cómo este seguía evadiendo su mirada.

Una vez en la habitación, Tetsu decidió sujetar el toro por los cuernos.

–¿Sigues molesto por el beso?

–¡No! –Kazuo lo miró asombrado, ruborizándose.

–Entonces, ¿por qué me evitas? –se paró frente a su cama.

–Yo no… no te estoy evitando –intentó explicarse, desviando irremediablemente la mirada.

–¡Mírame! –le sujetó la barbilla–. Pensé que éramos amigos, que me habías perdonado por lo del beso –al ver cómo el pelirrojo negaba con la cabeza, continuó–: ¿Acaso es por el sueño?

El rojo del chico se puso de un rojo casi tan intenso como su cabello. –No, no, no… no es eso –pero su actitud indicaba lo contrario.

Tetsu acarició con suavidad su barbilla antes de soltarlo. –¿Aún quieres que te enseñe a tocar guitarra?

El pelirrojo asintió emocionado. Sujetó la guitarra, esperó a que el moreno se sentara y se acomodó entre sus piernas. El moreno se estremeció de pies a cabeza. No esperaba ese movimiento del chico. Aunque, claro, no debía de sorprenderle; pues había sido él mismo quien había utilizado esa posición la primera vez para sus clases de guitarra.

Kazuo sentía el calor del moreno rodear su cuerpo, su aliento mover su cabello, sus manos dirigir las suyas con paciencia. El corazón le latía con tanta fuerza que pensó que Tetsu podía escucharlo. Justo cuando comenzaba a voltear el rostro, buscando que lo besara de nuevo…

–¡Acuéstense ya! ¡Es hora de que apaguen las luces! –gritó su padre desde la escalera, sobresaltándolos.

Sin replicar, se separaron y se acostaron en silencio. Iba a ser una noche larga para ambos.

ºººººººººº

–Esta ventana da al área de los vestidores y es fácil de abrir –explicó Kazuo al día siguiente en el centro comunal. Abrió la ventaja y entró por ella, esperando a que el moreno pasara para cerrarla y llevarlo hasta el área de la piscina.

–¿Sueles usar mucho esa entrada? –Tetsu sonrió al pensar que parecía un chico angelical. Cuán cierto es que las apariencias engañan. Recordó que su abuelo solía decía que las personas con cabello rojo eran peligrosas y volvió a sonreír.

–Desde que “aprendí” a nadar –rió el pelirrojo, recordando su fallido intento de suicidio–, suelo venir a esta hora o por la noche. Volveremos otro día, pero durante la noche –propuso, esperando con disimulo su reacción.

–Buena idea. Me gusta la noche –admitió el moreno sonriendo–. Dime, ¿cuándo regresan los empleados de su hora de almuerzo? –escondió el rostro tras su flequillo para que no viera que se estaba riendo al imaginar su reacción a la propuesta que le iba a hacer a continuación.

–Dentro de hora y media, ¿por qué? –preguntó, pensando que el moreno tenía una expresión bastante sospechosa.

–Vamos a nadar un rato –dijo, pasando a quitarse las botas, la camiseta y los pantalones ante la mirada asombrada Kazuo.

–¡¡No!¡ ¡No tenemos bañador! ¡¡No podemos hacer eso!! –¿acaso pensaba que iba a meterse en bóxers? Alguien podría llegar antes y verlos. Cielos, el cuerpo del moreno era espléndido… musculoso y fuerte. Enrojeció, tragó con dificultad y miró hacia otro lado.

–Esto es una piscina, ¿no? Y es para que las personas se bañen en ella, ¿verdad? Pues, eso es lo que haremos. No necesitas bañador. Tienes ropa interior ¿o no? –se acercó y comenzó a subirle la camiseta, riéndose por lo rojo que estaba.

–¡¡Deja, yo puedo solo!! ¡Por supuesto que tengo ropa interior! Pero… pero luego estará mojada y me sentiré incómodo –refutó, quitándose la camiseta, las zapatillas y los pantalones, sin prestar mucha atención a lo que hacía por estar discutiendo.

–Te la quitas. Nadie tiene que saber que no llevas nada debajo de los pantalones –dijo sin despegar sus ojos del cuerpo semidesnudo del pelirrojo. Parecía una escultura griega, delicada, cargada de erotismo.

Kazuo no pudo seguir discutiendo, porque de un empujón, el moreno lo lanzó a la piscina. Salió del agua, sacudiendo la cabeza, a tiempo de ver a Tetsu lanzarse del trampolín. Antes de que se hundiera, alcanzó a ver algo rojo en su espalda, pero no pudo descifrar el diseño del tatuaje. Se acercó silenciosamente pensando en observar el tatuaje, pero decidió aprovechar su distracción para vengarse. Cuando el moreno salió del agua, le sujetó la cabeza y lo hundió con una carcajada. Se enredaron en un juego de salpica, empuja y hunde que los llevó hasta una esquina de la piscina, donde Tetsu lo arrinconó con su cuerpo.

Kazuo reía feliz. Estaba demasiado contento por primera vez en su vida como para alarmarse. Levantó una mano y acarició el rostro del moreno, apartándole un poco el cabello para observar sus rasgos. Con un dedo, tocó con cuidado los aros en su ceja y en el labio. Amaba su sonrisa y la manera en que sus ojos verdes parecían mirarlo como si no hubiera nadie más en el mundo. ¿Amor?, ¿por qué había utilizado esa palabra? Ellos eran hombres y según el único profesor que le habló sobre el amor y las relaciones sexuales, el amor entre hombres iba en contra de la naturaleza, era pecado y aquellos que lo olvidaban estaban malditos. Jamás entendió aquello. ¿Acaso el amor no era el sentimiento más puro del mundo?, ¿cómo podía ser pecado? Aún así, no quería dejar de acariciarlo ni podía evitar desear que lo besara de nuevo… ansiaba tanto ese beso, que se pasó la lengua por el labio inferior como saboreándolo por anticipado.

Tetsu sonrió al sentir su dedo apenas tocando su piel como si aún pudieran dolerle aquellas perforaciones. Luego, observó hipnotizado cómo el interior de sus ojos parecía moverse como si fuera oro líquido y cómo su cabello se tornaba del mismo color de sus ojos, dorado. Bajó la mirada hacia sus labios y vio cómo se pasaba la lengua por el labio. ¿Deseaba que lo volviera a besar? No lo pensó más y bajando la cabeza, lo besó, atrapando su lengua con los dientes antes de acariciarla con la suya y besarlo profundamente. Succionó su labio inferior mientras deslizaba las manos por su espalda. El pelirrojo lo miró ruborizado, antes de cerrar los ojos, entregándose al placer de aquel beso. Su rendición excitó al moreno, quien bajó las manos hasta sus nalgas, apretándolas, pegándolo a él mientras comenzaba a rozarse suavemente contra su cuerpo. El olor, el sabor, la textura de la piel de Kazuo lo embriagaba hasta el punto de olvidar dónde estaban.

Kazuo jadeó demasiado excitado como para pensar en otra cosa que no fueran los escalofríos que recorrían su piel. Sentía que se quemaba y le gustaba esa sensación. Su cuerpo parecía cobrar vida. Bajó la cabeza hasta el cuello de Tetsu y se lo besó tímidamente, respirando con fuerza contra su piel.

Tetsu se estremeció al escuchar su jadeo y cuando sus tímidos labios lo besaron en el cuello, no pudo evitar morderle suavemente el hombro. El pelirrojo lo estaba enloqueciendo. Jamás se había sentido tan excitado y mucho menos por un chico; pero Kazuo no era un chico cualquiera.

Kazuo besó ansioso al chico para controlar un poco sus gemidos. Estos lo avergonzaban, pero no lograba controlarse. Sólo sentía…, sentía cómo el moreno bajaba la mano hasta su muslo para alzarle la pierna. Sentía cómo ambos sexos se rozaban. Dejó escapar un gemido más alto y se apretó a él acariciándole la espalda y la parte de atrás del cuello. Sentía cómo la otra mano del moreno se colaba bajo el bóxer. En ese momento, recuperó la cordura y se asustó de lo que estaban haciendo. Le asustó que alguien pudiera verlos.

–¡No! –gritó empujándolo y nadando hasta el extremo opuesto de la piscina. Salió temblando, agarró su ropa y caminó hacia los vestidores preguntándose por qué demonios había permitido que llegaran tan lejos.

Tetsu observó asombrado cómo el pelirrojo se marchaba. En esos momentos, deseaba golpearse la cabeza contra el borde de la piscina. Lo había asustado. Quería ir tras él, pero seguía terriblemente excitado. Lo deseaba, quería hacerle el amor y si se le acercaba en esos momentos lo más probable era que cometería una estupidez.

Kazuo se secó con una de las muchas toallas que había en el vestidor. Ya tenía el cabello casi seco, cuando Tetsu entró al vestidor. No lo miró. No se atrevía. El moreno con toda probabilidad pensaba que él era un chiquillo por haber salido corriendo de aquella manera. A fin de cuentas, el moreno era mayor que él, le llevaba dos años y sentía que sí estaba actuando infantilmente. Pero no sabía de qué otra manera actuar. Jamás se había sentido atraído por alguien, mucho menos por un hombre y aquello lo asustaba. ¿Estaría molesto con él? No podía evitar que él lo pusiera nervioso y siempre quisiera salir corriendo; a pesar de que, quería permanecer a su lado. Estaba hecho un lío, peor que de costumbre y no entendía por qué.

Tetsu se secó y se vistió observando en todo momento al pelirrojo. Lo estaba ignorando. Evitaba su mirada y se mantenía alejado de él. Su actitud le dolió. Le dolió pensar que pudiera estarlo comparando con los hombres que lo habían atacado en su pasado. Por alguna estúpida razón, pensó que Kazuo sabría que él no era como esos hombres. Una lágrima descendió por su mejilla al pensar que quizás para el chico, él era otro pervertido. Con rabia, se secó la solitaria lágrima.

–Tenemos que marcharnos. Ya están por regresar –susurró Kazuo dirigiéndose a la ventana.

El moreno lo siguió en silencio, cabizbajo.


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