Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Ex Umbra In Solem, I still like you

en junio 8, 2011

Había algo en el silencio de Tetsu que intranquilizó a Kazuo. Por una extraña razón, se le metió en la mente que lo había herido. No sabía cómo explicarse ese pensamiento. No tenía lógica para él. ¿Lo habría lastimado su rechazo?

Una vez fuera del centro, Tetsu observó cómo un perro callejero se acercaba alegremente a Kazuo. Pobre infeliz, ¿tampoco podía resistirse?

Kazuo acarició al animal, buscando algún tipo de serenidad. Amaba a los animales. Pero, un momento el perro estaba moviendo la cola con efusividad y al siguiente intentaba morderlo antes de salir corriendo.

–¿Estás bien? –preguntó Tetsu preocupado. Aunque se sintiera dolido con el comportamiento del pelirrojo, no por eso dejaba de quererlo.

–Siempre me pasa lo mismo. Hay algo en mí que los atrae y repele a la misma vez –explicó con un suspiro resignado.

–Quizás sea tu encantadora personalidad –no pudo evitar sonar sarcástico. Estaba molesto consigo mismo y con él.

Kazuo lo miró sorprendido y dolido. ¿Le había mentido cuando le había dicho que le caía bien? ¿Acaso había dejado de caerle bien porque no lo había dejado que continuara con sus caricias? o ¿era como los demás que lo buscaban porque los excitaba? Había pensado que Tetsu veía en él algo más de lo que fuera que veían esos hombres, pensó hundiendo cada vez más la cabeza. Deseaba llegar a su habitación y encerrarse en el baño… no quería que lo viera llorar otra vez… ya se sentía demasiado humillado de pensar que cuando finalmente permitía que alguien se le acercara, esa persona iba detrás de lo que iban todos los demás.

Tetsu miró asombrado cómo el cielo comenzaba a oscurecerse. Parecía como si fuera a desatarse una tormenta, pero minutos antes el cielo estaba despejado… no había ni una nube en el horizonte. ¿De dónde habían salido esos nubarrones? Miró al pelirrojo para ver si se había dado cuenta, pero él iba mirando el suelo con los brazos cruzados al pecho. Con fastidio, se percató que había olvidado la gorra en el centro. Pensó decírselo, pero no deseaba hablar.

Justo cuando llegaron frente a la casa, comenzó a llover. Quedaron empapados en cuestión de segundos. Entraron chorreando agua y se encontraron de frente al padre, que los miró asombrado y molesto.

–¡Kazuo, sécate y cámbiate! Ayer les dije que hoy era la cena con los suegros de tu hermana mayor. Así que, háganme el favor de darse prisa. También desean conocerte, Tetsu –dijo el hombre sin mirar al moreno. No le gustaba la manera en que lo miraba y odiaba admitir que ese chico lo asustaba.

Sin dar indicios de haber escuchado a su padre, el pelirrojo llegó a su habitación y entró al baño sin siquiera buscar ropa limpia. Se desnudó, abrió el grifo y dejó que el agua rodara por su piel, mezclándose con sus lágrimas. Era la primera vez en su vida que el corazón le dolía de esa manera y ese sentimiento era aterradoramente doloroso.

Tetsu se acercó a la puerta del baño preocupado por la actitud del chico, observando cómo en el exterior las gotas de lluvia parecían granizo y la fuerza del viento estaba a punto de arrancar los árboles que rodeaban la casa. Se preguntó si Kazuo se habría dado cuenta de que se había desatado una tormenta. Llamó a la puerta del baño, pero con el ruido que hacía el viento era imposible que lo escuchara. Entró y lo vio apoyado en la pared de la ducha con la cabeza baja, llorando sin consuelo. Ese llanto no era de rabia, era de dolor y simplemente le partió el alma. Entró a la ducha y lo abrazó por la espalda.

Cuando Kazuo sintió que lo abrazaban, se volteó asustado. Al ver a Tetsu, se abrazó a él llorando, pensando que haría lo que el moreno quisiera con tal de no perderlo. Era la primera vez en su vida que no estaba solo y que disfrutaba la compañía de otra persona. Se sentía patético, pero si lo que él quería era poseerlo, pues se entregaría… no era que no quisiera estar con él… sólo temía que acabara repeliéndolo como sucedía con todo el que se le acercaba. Un momento, lo deseaban ardientemente y al siguiente, se ponían violentos con él.

–Kazuo, ¿por qué lloras?, ¿te asusté? Jamás te haría daño. Mírame, por favor –le pidió alzando su cara por el mentón. Tetsu observó sorprendido que sus ojos ya no eran dorados, ahora eran cobrizos como el fuego–. Te prometo que jamás te haré daño. No haré nada que no quieras que haga –le aseguró con seriedad–. No quiero que vuelvas a llorar y mucho menos por mi culpa. Perdóname si yo fui el causante de estas lágrimas –besó con ternura sus mejillas, lamiendo sus lágrimas.

–Yo… yo no quería detenerte… es sólo que… que tenía miedo… alguien podía llegar y vernos –explicó intentando calmar su llanto–. ¿Ya no… te caigo bien? –preguntó aferrado al moreno, escondiendo el rostro en su pecho.

–Por supuesto que aún me caes bien. De hecho, me gustas… mucho. Creí que no me mirabas porque pensabas que era como esos hombres que sólo quieren aprovecharse de ti. Lloré al pensar eso –confesar aquello lo hacía sentir vulnerable…. tanto que no se atrevía a confesarle que se estaba enamorando de él. Dudaba que fuera a creerle. No llevaban tantos días de conocerse. Lo que estaban experimentando era obviamente nuevo para ambos.

–¿Llo…lloraste? –lo miró asombrado por un segundo y cuando lo vio asentir tan avergonzado como él, bajó de nuevo la cabeza–. Yo no… no me atrevía a mirarte, porque pensé que estarías molesto conmigo por haber sido tan infantil. No quería hacerte llorar –murmuró contra su cuello–. Me gustaron mucho tus besos y tus caricias y me asustaron también un poco –admitió ruborizándose violentamente.

–A mí, también me gustaron los tuyos y ya te dije que no tienes que temerme. ¿Quieres que te bese un poco más para que veas que sí puedo detenerme? –preguntó feliz ahora que entendía que ambos habían sido unos tontos. Bueno, pero, eso era comprensible. Era la primera vez que él se enamoraba y por lo que el pelirrojo le había contado dudaba que tuviera más experiencia que él en esa área. Ambos eran un desastre en relaciones interpersonales.

–¡Qué no! –gritó empujándolo y atrayéndolo hacia su cuerpo rápidamente al recordar dónde y cómo estaba–. Estoy desnudo –murmuró avergonzado.

–Me parece que así es como todos nos bañamos –no pudo evitar reír cuando el chico volvió a empujarlo y abrazarlo con la misma rapidez.

–¡Cierra los ojos y voltéate! –ordenó nervioso sin atreverse a mirarlo.

–Qué mandón eres –protestó pero hizo lo que el pelirrojo le pedía, sonriendo malditamente, preguntándose si podría espiarlo un poco.

–¡No mires! –Kazuo no confiaba mucho en él cuando sonreía de esa manera. Salió de la ducha, se secó a toda prisa y se puso su yukata sin dejar de mirar al moreno para asegurarse de que cumplía con su palabra–. Ya puedes abrir los ojos. ¿Vas a bañarte?, ¿quieres que traiga tu yukata?

–No creo que deba presentarme ante tu padre y demás personas en estas condiciones, ¿verdad? –lo cierto era que necesitaba darse un largo duchazo frío. Haber tenido al pelirrojo desnudo en sus brazos, lo había excitado aunque su mente estuviera concentrada en consolarlo. Se quitó la camiseta y los pantalones y se los lanzó a Kazuo.

–¡Eh, ¿no puedes esperar a que salga?! –gritó saliendo a toda prisa de allí, seguido por la risa del moreno. Agh… siempre se estaba metiendo con él. Colocó el yukata del moreno detrás de la puerta sin mirar hacia la ducha por más tentado que se sintiera. Comenzó a vestirse como si estuviera cabreado; pero, en realidad, estaba feliz. Tetsu había dicho que le gustaba y no había intentado aprovecharse de él en el baño; a pesar de estar desnudo en sus brazos.

Cuando Tetsu salió del baño, Kazuo ya estaba prácticamente vestido. Mientras él se vestía, el pelirrojo se peinaba distraído. No deseaba subir, no le interesaba conocer gente nueva. En ese momento, su padre los llamó desde lo alto de la escalera.

–¡Kazuo, Tetsu, los estamos esperando!

–Qué emocionante –dijo Kazuo con ironía mirando al moreno que reía entre dientes.

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