Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Ex Umbra In Solem, Did I do that?

en junio 7, 2011

En el salón familiar, se hallaban Himeko, la mayor de las hermanas, con Kenji, su prometido, y sus suegros, Yoshi y Kohana Hori. Las demás hermanas estaban en la cocina ayudando a la madre con la preparación del té.

La cena había sido increíblemente incómoda para Kazuo, pues los hombres no habían dejado de mirarlo con deseo y las mujeres con odio. Tetsu también estaba inquieto. Más de una vez había sentido el violento deseo de agarrar un cuchillo y sacarle los ojos a todos.

-Kohana-san, Yoshi-san, Kenji, ¿no les molesta que Kazuo, mi hijo, y Tetsu, nuestro pupilo nos acompañen? -preguntó el padre asombrado por la insistencia de ellos en que los chicos permanecieran allí.

-Por supuesto que no -dijeron padre e hijo a la misma vez, lo que le ocasionó bastante gracia a Tetsu. Por sus gestos, pudo percatarse que competían entre sí.

-Que tormenta tan repentina y horrible la que se desató esta tarde, ¿verdad? -preguntó la mujer más impresionada por el evento natural que por esos dos chicos antisociales.

-¿Tormenta? -Kazuo estaba sorprendido. De qué tormenta hablaba. Alzó el rostro para mirar hacia la ventana y descubrió con asombro que el exterior estaba mojado y los árboles lucían bastante maltratados.

Tetsu observó cómo cambiaba la expresión de los hombres sentados en el sofá al escuchar su voz. Con una expresión de evidente lujuria, el mayor se levantó y se paró frente al pelirrojo agarrándole las manos.

-Quien fuera joven otra vez. Los jóvenes viven en su propio mundo -su mirada lo recorrió de arriba abajo, desvistiéndolo mentalmente.

-¿Kohana? -la esposa lo llamó asombrada por su comportamiento.

Kazuo lo miró asqueado, retirando las manos bruscamente.

-Padre, no molestes al chico -el hijo separó a su padre y rodeó con su brazo los hombros del pelirrojo, mientras lo acercaba a la ventana como quien va a hablar con un amigo.

-¡Kenji! -Himeko jamás se había sentido tan humillada en toda su vida. Por culpa de su maldito hermano, su novio la había olvidado.

Tetsu cerró los puños cabreado y, empujando sin delicadeza alguna al mayor, se acercó a los chicos. Justo cuando se paró detrás de ellos, observó a través de la ventana la aparición repentina de un gigantesco tornado que se acercaba a una velocidad aterradora a la casa.

-¡Ah! -gritaron las mujeres al ver aquella monstruosidad dirigirse hacia ellos.

Kazuo, por su parte, se sacudió el brazo sobre su hombro con violencia sin percatarse de nada de lo que ocurría en el exterior. La repugnancia que sentía llenaba su mente de escalofriantes pensamientos.

Tetsu miró preocupado el tornado que ya estaba prácticamente a pasos de la ventana. Luego, observó cómo el pelirrojo miraba a los hombres. Algo en su mirada hizo que se estremeciera. -Kazuo -lo llamó, pero el chico pareció no escucharlo. Pegó su cuerpo a la espalda del pelirrojo y desde atrás, subió una mano, acariciando su cuello hasta agarrar su mentón para voltear su rostro y obligarlo a que lo mirara. De nuevo, sus ojos exhibían una tonalidad cobriza, que comenzó a desaparecer al reconocer al moreno. Para sorpresa de éste, el pelirrojo le sonrió, echó una mano hacia atrás,  agarró su mano libre y entrelazó los dedos con los suyos. Acariciando aún su mandíbula, Tetsu miró hacia la ventana y el tornado se desvaneció como había aparecido… de improviso.

A Kazuo le sorprendió un poco su propia reacción, pero necesitaba ese contacto. Tetsu era el único que no lo hacía sentir asqueado. Agarrado a su mano, recostado contra su pecho mientras él acariciaba su rostro, se sentía protegido.

Kei observó colérico cómo Tetsu se acercaba posesivamente a Kazuo y como éste buscaba su contacto. La mirada que intercambiaron le hizo entender que había algo más que el nacimiento de una amistad entre ellos. Oh, no, eso sí que no lo iba a permitir. No lo había adoptado para que lo poseyera otro. No, lo adoptó porque a pesar de ser prácticamente un recién nacido, lo deseó. Le pegaba, porque era la única manera en que podía tocarlo sin que su esposa e hijas sospecharan sus verdaderas intenciones. Sólo una vez había podido acariciarlo a gusto y eso había sido suficiente para desquiciarlo por varios días. Esperaba con ansías una nueva oportunidad para volver a sentir aquella perturbadora sensación de embriaguez y la llegada de ese maldito moreno no le iba a estropear sus planes.

-Discúlpennos, tengo que hablar con mi hijo -dijo sujetando con fuerza la muñeca del chico, llevándolo casi a rastras hasta su oficina. Al voltearse para cerrar la puerta, descubrió que Tetsu no había soltado la mano de Kazuo-. Tetsu, puedes esperar a Kazuo en el salón -indicó señalándole la puerta para que saliera.

-Me iré sólo si Kazuo así lo desea -Tetsu se acercó más al pelirrojo.

-Dile que se vaya -ordenó Kei mirando a su hijo.

-¡No! Lo quiero aquí…, conmigo -Kazuo se sonrojó terriblemente, pero no soltó la mano de Tetsu.

-¡Maldito marica! -gritó desquiciado al ver que no se separaban-. Eres como tus padres… ¡un depravado!

-¿Mis padres?, ¿qué sabes de mis padres? -preguntó con sospecha.

-¿Crees que no me enteré que habías llamado a la agencia buscándolos? Eres tan patético como lo fueron ellos -se sentía triunfante al ver cómo por fin el pelirrojo le prestaba atención.

-¡Dime qué sabes de mis padres! -la actitud del hombre ya lo estaba molestando, pero deseaba descubrir qué sabía… si es que en realidad sabía algo… de sus verdaderos padres.

Tetsu no creía que en realidad él supiera algo de los padres de Kazuo. Es más, estaba casi seguro de que mentía.

-Tus padres eran unos malditos adictos -rió al ver la expresión de sorpresa en su rostro-. Olvidé un detalle importante… se acostaban con cualquiera… hombres o mujeres. Sí, se prostituían por unos cuantos dólares o por una dosis de heroína -lo miró con aire de superioridad.

Kazuo echó el rostro hacia atrás como si lo hubieran abofeteado.

Tetsu creyó sentir que el piso se estremecía levemente bajo sus pies.

-¡¡Mientes!! -Kazuo estaba seguro que sus padres no eran esas personas que él describía. No podía ser cierto.

Tetsu observó cómo los ojos del pelirrojo comenzaban a tornarse cobrizos; a la par que descubría que no había sido su imaginación… ¡la tierra sí estaba temblando!

-No miento. Es más, tu padre mató a tu madre mientras peleaban por cuál de ellos usaría el dinero que le dieran al venderte para comprar la droga. Luego, cuando la policía lo atrapó, se suicidó -el hombre miraba complacido la expresión atónita del chico-. Eres idéntico a ellos. Hermoso como fueron antes de hundirse en los vicios e igual de depravado sexualmente.

-¡¡¡Cállate!!! ¡Nada de eso es cierto! -Kazuo deseaba hacer desaparecer esa sonrisa de superioridad de su rostro. No iba a creer eso-. ¡No hubieras adoptado al hijo de semejante pareja!

-Por supuesto que sí. ¿Pensaste que quería un hijo?, ¿un heredero? -la carcajada del hombre provocó que el temblor se intensificara-. Sólo serás bueno para una cosa… la misma para lo que fueron tus padres… ¿no lo has descubierto aún por la manera en que te tratan todos? Incluso ese chico que tienes agarrado de la mano sólo busca una cosa de ti… ¡sexo! -le gritó sonriendo burlonamente.

La sonrisa desapareció de su rostro, cuando el temblor de tierra se hizo tan fuerte que las paredes y el suelo comenzaron a agrietarse. Los gritos de las personas, tanto dentro como fuera de la casa, lo hicieron percatarse que la magnitud de aquel evento era de temer. Miró asustado a los jóvenes y la expresión en el rostro del pelirrojo, lo llenó de terror. En ese momento, el pesado mueble que cubría toda una pared en su oficina y frente al cual él se hallaba parado, comenzó a tambalearse peligrosamente.

Tetsu vio con horror cómo el mueble se desprendía de la pared y se inclinaba hacia donde ellos estaban. Se volteó para proteger con su cuerpo a Kazuo. Al apretarlo entre sus brazos, cesó el temblor, aunque eso no evitó que el mueble se derrumbara.

Al sentir el abrazo de Tetsu, Kazuo se sintió repentinamente tranquilo. Miró por encima del hombro del moreno y le asombró ver todo destruido a su alrededor.

-¿Qué sucedió? -preguntó mirando confundido a Tetsu.

-Salgamos de aquí -dijo Tetsu observando sus ojos dorados, luego de mirar hacia atrás y ver al hombre muerto bajo el mueble que se había partido en dos, evitando así que ellos corrieran con la misma suerte.

-¿Salir? -Kazuo observó que donde ellos estaban parados el suelo estaba intacto, pero lo demás estaba agrietado-. ¡Tenemos que ayudarlo! -gritó al descubrir bajo el mueble al hombre que había sido su “padre”.

-Ya nadie puede hacer nada por él. Está muerto -anunció agarrándolo por un brazo y sacándolo de la casa.

-¿Qué pasó? -preguntó asombrado observando a sus vecinos preguntarse atontados los unos a los otros si estaban bien. Tanto la carretera como las casas estaban agrietadas, pero aparentemente nadie había salido lastimado… excepto su padre adoptivo-. Tetsu… -¿por qué no le contestaba? Preocupado se abrazó a sí mismo.

-Hablaremos en el parque, ¿quieres? -intentaba organizar sus pensamientos. Había llegado a una conclusión y no sabía cómo le sentaría al pelirrojo. Al ver cómo se abrazaba, rodeó sus hombros con un brazo y lo acercó a su cuerpo.

-Está bien -contestó más tranquilo ahora que el moreno lo había abrazado. Por un momento, llegó a pensar que estaba molesto con él.

Una vez en el parque, descubrieron que éste estaba intacto. En cualquier otra ocasión, eso habría asombrado a Tetsu, pero ahora que había llegado a aquella conclusión, ese dato no lo asombraba para nada.

Kazuo se sentó sobre el césped y alzó el rostro para observar las tonalidades del atardecer.

Tetsu se acostó a su lado con un brazo debajo de la cabeza y el otro sobre el muslo del pelirrojo. -Kazuo, ¿recuerdas algo desde que pasamos al salón familiar? -preguntó observando cómo el chico lo miraba asombrado.

Se habían bañado, vestido y subido a cenar. Había sido una cena más incómoda que de costumbre por aquella gente y sus miradas. Luego, habían pasado al salón familiar. Sin saber cómo, se encontró frente a la ventana con el moreno a sus espaldas, pero no recordaba cuándo había caminado hacia la ventana. Se ruborizó al pensar en lo varonil que lucía el moreno parado detrás de él. Obligándose a no dejar que sus pensamientos siguieran vagando, recordó que su padre lo había arrastrado hacia la oficina y lo insultaba antes de comentar algo sobre sus padres. Frunció aún más el ceño, intentando recordar qué era lo que le había dicho sobre ellos, pero no pudo. Entonces, estaba abrazado al moreno y todo a su alrededor estaba destrozado y su padre adoptivo muerto.

Tetsu observaba cómo la expresión fácil del pelirrojo pasaba de confusión a sonrojo y de molestia a confusión nuevamente.

-Sólo recuerdo pedazos. No entiendo. Es la primera vez que me pasa -habló escondido tras su cabello con la mirada fija en la mano del moreno.

-Concéntrate. ¿Qué sentías cuando pasamos al salón familiar? -lo estaba presionando, lo sabía, pero necesitaba esas respuestas para confirmar su conclusión. Llevó la mano que tenía sobre su muslo hasta su rostro para alzárselo. Necesitaba ver sus ojos.

-Pues… que nos quedamos en la entrada del salón y… y… la señora mencionó algo de una repentina tormenta. Entonces, miré hacia la ventana y todo estaba mojado y los árboles en pésimas condiciones -de repente, se estremeció y sus ojos comenzaron a pasar de dorado a cobrizo y de cobrizo a dorado-. Aquellos hombres se me acercaron y me sentí asqueado. ¡Deseaba que desaparecieran!

-¿Recuerdas lo que pasó cuando tu padre nos arrastró hasta su oficina? -Tetsu volvió a colocar la mano sobre su muslo y comenzó a acariciarlo suavemente. El pelirrojo se estaba alterando y eso era peligroso. De hecho, había estado a punto de hacerlos desaparecer a todos con aquel tornado.

-Me insultó y dijo que me parecía a mis padres -frunció el ceño intentando recordar qué le había dicho. Comenzó a sentirse incómodo. Colocó su mano sobre la del moreno y se sintió más sereno. Alzó el rostro para mirar el cielo-. Insultó a mis padres, me insultó a mí, te insultó a ti. Pero lo que realmente me violentó fue… -bajó el rostro para mirar de reojo a Tetsu. ¿Pensaría que él estaba loco cuando escuchara lo que iba a decir a continuación?, se preguntó nervioso.

-Continúa -no le había pasado desapercibido la manera en que Kazuo lo estaba mirando escondido tras su cabello.

-Vi… vi cómo me toqueteaba cuando perdí la consciencia al caer por las escaleras y deseé su muerte -confesó desviando el rostro hacia el cielo.

-Um, me he percatado de algunas cosas. ¿Quieres que te diga lo que he observado? -preguntó entrelazando sus dedos con los del pelirrojo.

Kazuo asintió, mirándolo preocupado.

-Cuando experimentas una emoción fuerte, sufres algunos cambios. Por ejemplo, tus ojos cambian de color. Se tornan cobrizos. Entonces, la naturaleza parece reaccionar a tus emociones y se desarrolla algún fenómeno natural violento.

-No… no entiendo… ¿cobrizos?, ¿fenómenos naturales? -Kazuo estaba bastante confundido. Bueno, en realidad, más confundido de la cuenta.

-La tormenta que mencionó la señora se desarrolló cuando te sentías triste, luego del malentendido por lo sucedido en la piscina. Cuando aquellos hombres te acorralaron, apareció un tornado enorme frente a la ventana. Y cuando discutiste con tu padre, hubo un temblor de tierra.

-¿Yo hice eso? ¡Imposible! A ninguna persona le cambia el color de sus ojos y tampoco provoca desastres naturales sólo porque está triste o enfadada -ahora se sentía como un fenómeno él mismo. ¿Qué demonios pasaba con él?

Tetsu se sentó para mirarlo de frente, pensando en lo que diría si le llegara a contar sobre sus ojos y su cabello durante los besos y caricias que habían compartido en la piscina. -No pasa nada malo contigo, si eso es lo que estás pensando -lo agarró por la nuca para acercarlo y acariciar suavemente sus labios con los suyos. El pelirrojo lucía realmente decaído.

-Por… por supuesto, es algo totalmente natural lo que me pasa o más bien lo que pasa cuando me descontrolo, ¿no? -dijo con sarcasmo más por ocultar cuánto lo inquietaban sus besos que por burlarse de su situación. Suspiró cansado mirando sus ojos verdes-. ¿Qué más?

-¿Qué más? -repitió el moreno desconcertado.

-Sí, no me lo has dicho todo -no entendía cómo pero sabía que le ocultaba algo.

-Sólo cuando te toco pareces recuperar el control -¿también leía la mente? Imposible, si eso fuera cierto estaría en líos con él por desearlo prácticamente todo el tiempo.

Kazuo se ruborizó terriblemente. ¡Eso sí que era grandioso! Ya Tetsu sabía cuánto le gustaba que lo tocara. ¡Maldición!, ahora estaba cabreado consigo mismo por no saber controlar lo que fuera que le pasaba.

-Tranquilo, no pasa nada -Tetsu no pudo evitar sonreír al ver cómo se molestaba. Le acarició el cuello y volvió a besarlo, pero esta vez lo hizo lenta y profundamente. Sin despegar sus labios del chico, lo empujó hasta que quedó acostado sobre el césped con el chico bajo su cuerpo.

-¿No crees que deberíamos regresar? -preguntó sin hacer ningún intento por levantarse, alzando sus manos hacia el moreno para enterrar una en su cabello. Con la otra, sujetó su cuello para atraerlo nuevamente hacia sus labios.

-Sí, regresemos -Tetsu le siguió el juego, lamiendo sus labios antes de volver a besarlo-. ¿Ahora? -le mordió el labio inferior antes de meter la lengua en su boca para acariciar su lengua juguetonamente.

-¡Ahora! -el pelirrojo lo besó agresivamente. Ese jueguito lo había excitado. Lo soltó con la misma brusquedad con que lo había agarrado y se levantó-. ¡Vamos! -dijo comenzando a caminar hacia la salida del parque.

Tetsu se río y, al alcanzarlo, lo abrazó por la cintura. -¿Por qué huyes del fuego? -preguntó dándole un inocente beso en la mejilla.

-¿Fuego? -le preguntó nervioso mirando hacia el bosque de donde acababan de salir. ¿Acaso había incendiado algo al excitarse?

Tetsu lanzó una carcajada que hizo brincar al pelirrojo. -Es una expresión.

-¡¡¿De qué te ríes?!! ¡¿Te parece chistoso que te digan que provocas fenómenos naturales y luego al escuchar la palabra fuego te preocupes?! ¡¡¡Eres un inconsciente!!! -le gritó completamente humillado al captar el significado de sus palabras. Se estaba burlando de él. Lo empujó furioso y, con la cabeza baja y las manos en los bolsillos, caminó con más rapidez hacia la casa aunque no le apetecía para nada llegar.

-Lo siento, Kazuo. No relacioné una cosa con la otra. Es una pobre excusa, pero es la verdad -se sentía un poco avergonzado de su falta de tacto, porque realmente no había considerado que el chico ya estaba bastante alterado con todo como para soportar esa clase de bromas. Lo agarró por los hombros y lo abrazó. -Lo siento.

-Vaaale… -¿por qué no podía permanecer molesto con él? Suponía que porque no quería. Así de sencillo. Prefería ver su sonrisa que su cara de arrepentimiento. Le gustaba él y le gustaba estar con él.

Tetsu sonrió antes de besarlo hambriento y agarrarlo por la cintura para dirigirse hacia la casa.

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