Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 3

en agosto 13, 2010

––¡Despierten dormilones y bajen a desayunar! ––Akiyama colocó la mano en el pomo de la puerta, dispuesto a entrar y lanzarse sobre sus hermanos.

––No quiero que te metas en la cama de otros hombres ––Yuto se paró detrás de él y lo abrazó, acariciando sus abdominales.

––¿Cómo sabías que eso era lo que iba a hacer? ––el peli-castaño se volteó y lo besó juguetonamente.

––Prefieres a tus hermanos, lo sé ––Yuto dijo en tono bromista, aunque era cierto que le molestaba el sólo pensamiento de su novio prestando atención a otros hombres.

––Eso no es cierto y lo sabes ––Akiyama le mordió suavemente el labio––. Posesivo, si no me vas a dejar jugar con ellos, vamos a ayudar a mamá ––dijo arrastrando al chico hacia la cocina, a sabiendas de que se quejaría todo el tiempo porque su madre se pasaba regañándolo desde que se había ido a vivir con ellos.

––Buenos días ––Kaiya se alzó un poco para mirar al rubio que yacía entre sus brazos. Si no fuera porque sentía el movimiento de su pecho al respirar, pensaría que estaba muerto de lo profundamente dormido que se hallaba. Alzó la mano y le acarició el cabello, antes de levantarse y entrar al baño.

¿Y esa voz? Yoshiro frunció el ceño más dormido que despierto. Esa tía tenía que ser una belleza incomparable para que él se acostara con ella a pesar de tener una voz tan masculina. Se preguntó cuánto habría tomado la noche anterior para haber pasado por alto ese dato. Maldición, estaba exhausto e imaginaba que la razón era que había pasado toda la noche follando a la tía esa, pensó antes de volver a desconectarse del mundo.

Mientras se vestía, Kaiya estuvo mirando al rubio, debatiéndose entre despertarlo o dejarlo dormir un poco más. Finalmente, se decidió por la segunda opción y cerrando con cuidado la puerta, salió de la habitación.

––¡Kaiya!, Yuto no me dejó entrar a despertarlos ––Akiyama dijo quejumbroso tan pronto el moreno entró a la cocina. Lo abrazó a la vez que le sacaba la lengua a su novio––. ¿Verdad que no te molesta que te despierte? ––preguntó con una mueca que lo hacía lucir como un chiquillo caprichoso.

––Puedes esperar a que salgan de la habitación para estar con ellos ––Yuto lo miraba serio. No le importaba que fuera uno de sus hermanos al que abrazaba, sólo podía abrazarlo a él.

––¿Dónde está Yoshiro?, ¿aún no se levanta? Voy a despertarlo ––Akiyama miró maldito a su molesto pelirrojo sin soltar al moreno.

––Aún duerme ––Kaiya le acarició el cabello antes de separarse de él––. Está cansado.

––¡Oye!, ¿por qué me empujas? ––preguntó Akiyama exagerando––. ¿Ya no me quieres? Es porque Yoshiro regresó, ¿verdad? Siempre lo preferiste a él ––dijo haciendo pucheros.

––Akiyama, deja el melodrama y termina de preparar la mezcla para los panqueques ––la madre decidió intervenir, porque el pelirrojo lucía bastante molesto y el moreno más retraído de lo acostumbrado––. Kaiya, por favor, despierta a Yoshiro, quiero desayunar con todos mis hijos.

––Vale ––al salir de la cocina, Kaiya no pudo evitar sonreír por la mirada celosa del pelirrojo.

Yoshiro jadeó, moviendo las caderas. Aquella tía era una profesional comiendo pollas, pensó volviendo a jadear al sentir cómo lamía el largo de su falo antes de metérselo de nuevo a la boca. Dios, aquella cálida boca lo estaba volviendo loco. La manera en la que comía la polla y los testículos y… ¡cielo santo!… la manera en que mamaba una y otros. Le faltaba poco para correrse, podía sentirlo.

––¿Qué carajo? ––el rubio abrió los ojos como plato al sentir que le metían unos dedos por el adolorido culo. Apoyándose en los codos, alzó la cabeza y vio la cabellera negra de Kaiya entre sus piernas. Entonces, recordó dónde estaba y lo que el chico le había estado haciendo toda la noche––. Ka… ¡Kaiya! ––se encontró gritando al alcanzar el orgasmo cuando su maldito primo-hermano lo tocó donde sabía que perdería todo control.

––Te esperamos para desayunar ––Kaiya se relamió luego de haberse tragado su leche, mientras salía tranquilamente de la cama y de la habitación.

––Cabrón ––murmuró con los brazos en el rostro. Mierda, había abierto la boca para pelear con él y lo que había acabado haciendo había sido gritar su nombre como una mujer. ¿El maldito tenía que comerle la polla para despertarlo?, ¿no había podido despertado de manera civilizada?, refunfuñó sentándose––. Puñeta ––no había parte de su cuerpo que no le doliera. Suspiró aliviado cuando el agua tibia comenzó a relajar sus adoloridos músculos.

Al salir de la ducha, Yoshiro se paró frente al espejo. Mientras miraba su reflejo, se preguntaba si Kaiya además de vengarse extrañamente humillándolo, lo estaba tomando como un sustituto. Desde que Akiyama había nacido, las personas siempre decían que se parecían mucho. Lo cierto era que tenían el mismo color de ojos, la misma sonrisa y el mismo tono de voz, además eran igual de altos y llevaban el mismo recorte de cabello. En la oscuridad, no se notaría que el color de cabello no era el mismo, pensó percatándose de las marcas que el moreno había dejado en su cuello.

––Hijo de puta ––con un suspiro de fastidio, se tocó la marca. Su memoria se activó y recordó el salvajismo con el que había atacado al chico en el pasado. Sintiéndose asqueado de sí mismo, se preguntó qué había sentido Kaiya cuatro años atrás al verse en el espejo luego de haber sido salvajemente violado por él. En ese momento, esa pequeña marca, la agotadora, humillante y dolorosa noche, le parecieron poca cosa. Buscó una camisa de cuello alto, rehusándose a seguir pensando.

––Buenos días, dormilón ––su madre le dio un cariñoso abrazo––. Perdona que hiciera que te levantaras temprano cuando debes estar muerto de cansancio luego de ese vuelo tan largo, pero quería volver a ver a todos mis hijos compartiendo la mesa ––explicó poniéndole en la mano un plato lleno de panqueques.

––Gracias ––besó la frente de su madre y fue a sentarse al lado del moreno, en el único espacio disponible en la mesa––. ¿A qué hora podemos visitar a papá?

––Luces horrible ––Yuto interrumpió sin delicadeza a su cuñado mayor––. Ayer lucía mejor que hoy, ¿verdad? ––preguntó a su novio.

––Cierto, ¿Kaiya no te dejó dormir?, ¿es que se mueve mucho o ronca? Dínos, dínos ––el peli-castaño insistía mirando a sus hermanos, pero estos lo ignoraron.

Yoshiro no sabía ni cómo había logrado aguantar las ganas de golpear a los chicos. Par de pendejos, los insultó mentalmente. Estaba cabreado, porque por su culpa había vuelto a recordar la vergonzosa noche.

––A la una de la tarde comienza el horario de visitas ––afortunadamente, la madre siempre cambiaba el tema cuando veía que alguno de sus hijos se sentía incómodo––. Saldré con Kaiya a hacer unas diligencias y cuando regrese, iremos juntos a ver a tu padre ––explicó la señora, dándole una colleja a Yuto para que dejara de “compartir” sus panqueques con el peli-castaño––. Akiyama puede alimentarse solo, no es un ave al que tengas que masticarle la comida y dársela.

–-Gomen ––Yuto miró cabreado a su novio, quien se reía de él.

Yoshiro miró de reojo al moreno. Le sentaba mal que aquellos dos vivieran metiéndose mano frente al chico. Pero este lucía calmado. Demonios, cómo saber lo que pensaba si su expresión facial jamás cambiaba.

––Toma ––Kaiya le pasó la miel y la mantequilla al rubio, quien desvió la mirada de inmediato––. Cuidado, está caliente ––le advirtió al pasarle la taza de café.

––Gracias ––murmuró sin volver a mirarlo. Comenzó a desayunar sin saber qué pensar del hecho de que el chico parecía recordar todo lo que le gustaba y cómo le gustaba.

––Yoshiro, vamos a dar una vuelta al parque, ¿quieres acompañarnos? ––tan pronto el moreno y la madre salieron de la casa, el peli-castaño decidió aprovechar para hacer algo divertido, como había anunciado a los cuatro vientos.

––No, regreso a la cama ––se arrastró hasta la habitación del moreno. Al pararse frente a la cama, se acostó en el lado del chico porque el suyo le traía malos recuerdos––. No pienses, porque si empiezas, no dormirás ––se dijo, cerrando los ojos.

Luego de dar vueltas y vueltas en la cama sin lograr dormirse, Yoshiro se puso a husmear en las gavetas de la mesa de noche de su primo-hermano. En la primera, había un ipod. Se lo puso y siguió su investigación. Sonrió al sacar dos libros de misterio… recordaba cuánto Kaiya amaba los libros y las películas de terror…, una caja de goma de mascar de menta y una cámara digital con fotos de las actividades familiares. En la segunda, encontró cosas más personales. Corazones en fieltro y papel de estraza del Día de la Amistad y todas las postales de cumpleaños que Akiyama le había regalado. Además, sorprendido descubrió que aún tenía la cuchilla suiza que él le había heredado el día que se había mudado con ellos… luego de contarle cómo su abuelo se la había regalado a su padre y su padre a él… y una foto de ellos dos el día del último cumpleaños que celebraron juntos, una semana antes de aquella noche.

Regresó el ipod a la gaveta y con un sentimiento que pasaba de nostalgia a tristeza, observó la fotografía. Él miraba al moreno con una sonrisa burlona, mientras el chico sonreía feliz, mientras lo abrazaba con fuerza. Así había sido Kaiya, un chiquillo sonriente y cariñoso––. ¿Por qué no me odias? O ¿me odias y pretendes desquiciarme con esta incertidumbre? ––con esas y muchas preguntas más que no llegó a expresar, se quedó finalmente dormido.

Kaiya entró a la casa con el almuerzo en las manos. Al pasar por el sofá, lo pateó para que la pareja, que acababa de regresar de su paseo y ahora andaba en pleno besuqueo, se despegara antes de que la madre los viera.

––¿Qué pasa? ––Yuto alzó la cara molesto porque los interrumpieran, pero al ver la mirada seria de su cuñado menor, se tranquilizó.

––Kaiya, ¿qué traes en las manos? ––Akiyama miraba inmutable los paquetes. Muy pocas cosas solían molestarlo, porque jamás se daba por enterado de lo que sucedía a su alrededor.

––El almuerzo ––explicó, buscando con la mirada al rubio.

––¿Dónde está Yoshiro? ––preguntó la madre entrando en la sala, sacándole la pregunta de los labios.

––Durmiendo, de nuevo ––Akiyama giró los ojos, dando a entender que no sabía cómo alguien podía dormir tanto cuando podía estar haciendo miles de cosas interesantes.

––Kaiya, ¿quieres ir a buscarlo? Ustedes dos, vengan a ayudarme con el almuerzo ––ordenó la mujer, haciéndose la sorda a las quejas del par.

Kaiya entró en la habitación y sorprendido descubrió que el rubio estaba dormido en su lado de la cama. Se sentó al lado de su hermano y entonces vio la foto que tenía en las manos. Con cuidado, se la quitó y la regresó a la gaveta––. Yoshiro, despierta ––le tocó el hombro. El rubio frunció el ceño, pero nada más––. ¿Quieres que te la vuelva a comer? ––murmuró acercándosele.

Yoshiro quedó sentado––. Coño ––gruñó cuando su espalda se quejó por el brusco movimiento. Quedaron tan cerca que sus narices prácticamente se tocaban––. No jodas ––cabreado, volteó el rostro y se echó hacia atrás.

––Trajimos almuerzo ––el impasible moreno, se levantó y entró al baño––. Toma ––al salir traía dos pastillas y agua en el vaso que utilizaban para enjuagarse la boca––. Son acetaminofén, pastillas para el dolor ––le explicó al ver cómo las miraba.

––Gracias ––las aceptó avergonzado, porque por un segundo había pensado que eran cianuro o algo similar. Sabía que estaba siendo absurdo, pero estaba cansado y confundido por culpa del chico y sus propios sentimientos de culpa. Y si a eso se le sumaba que estaba preocupado por su padre y el trabajo que había dejado sin explicación en manos de su socio, en realidad era de asombrar que no actuara más estúpidamente de lo que llevaba haciendo hasta el momento, concluyó tomándose las pastillas.

––¿Vienes? ––Kaiya se hallaba en la puerta, esperándolo.

––Sí ––se levantó y bajaron juntos sin hablar ni mirarse.

Luego de almorzar, se dirigieron al hospital. Mientras conducía y fingía escuchar a su madre hablar sobre el club de costura, Yoshiro miraba por el espejo retrovisor a sus hermanos. Akiyama y Yuto no cesaban de hacerse mimos, mientras Kaiya escuchaba su ipod y observaba la carretera. De repente, el moreno desvió la mirada, como si sintiera la suya sobre él. Se miraron unos segundos, que al rubio le parecieron demasiado largos, antes de que recordara que estaba conduciendo y regresara la vista al camino.

––Recuerden que sólo pueden estar 5 minutos. Entraré primero y luego entran de dos en dos, porque quiero volver a compartir un rato más con su padre, a solas, antes de que tengamos que salir ––explicó la madre mientras caminaban hacia el área de intensivo, donde su padre llevaba ya un par de días. Antes de entrar a la habitación, les ordenó a Akiyama y Yuto que se comportaran.

––¿Cuánto dura la visita? ––Yoshiro pensaba que tendrían toda la tarde para acompañar a su padre.

––Media hora al mediodía y una hora a la tarde ––Kaiya lo miró, quitándose el ipod––. Está conectado a varias máquinas. Pero, aunque se vea mal, está mucho mejor.

Yoshiro lo miró nervioso. Lo único que su madre le había dicho al llamarlo, había sido que su padre había sufrido un derrame cerebral. Imaginaba que su estado de salud era delicado, por supuesto, pero no sabía cuán delicado.

––¿Máquinas?, ¿qué tipo de máquinas? ––por qué carajo su madre lo mantenía en la ignorancia en todo, se preguntó molesto. ¿Acaso ya no lo consideraba parte de la familia? Primero, lo había dejado sin habitación. Luego, había acordado con el moreno que compartiera su cama sin consultar con él. Y ahora, le ocultaba los detalles de la condición de salud de su padre.

––Para ayudarlo a respirar, para monitorear los latidos de su corazón, ese tipo de máquinas ––Kaiya lo miraba serio y tranquilo. Podía ver que estaba nervioso y asustado. Lo entendía, puesto que él también había estado así; primero con su padre natural y ahora con el padre adoptivo.

––Yoshiro, entra con Kaiya en lo que hablo con estos ––la madre miraba molesta a la pareja. Al regresar al área de espera, los había encontrado besándose.

––Tranquilo ––Kaiya le puso una mano en la espalda al rubio y le dio un leve empujón, cuando se percató que se había quedado “congelado” en la puerta al ver a su padre rodeado de tanta máquina.

Yoshiro no quería ni imaginar cómo hubiera reaccionado si el moreno no le hubiera advertido antes de entrar. Aún aturdido, observó cómo Kaiya se inclinaba y abrazaba a su frágil padre. Este, aunque no podía hablar por el tubo que tenía en la boca, podía mover un brazo y con el mismo, le había devuelto el abrazo. Luego, al verlo detrás del chico, le había hecho señas para que se acercara.

––Papá ––murmuró abrazándolo emocionado. Su padre era un hombre fuerte. Jamás se había enfermado y verlo en esas condiciones, lo había impresionado.

––Yoshiro llegó ayer por la tarde ––Kaiya decidió intervenir, porque veía al rubio conmocionado.

––Sí, no pude llegar antes porque no conseguí un vuelo más temprano ––explicó, reaccionando––. Puedes estar tranquilo, porque como le dije a mamá, del lunes en adelante me encargaré del negocio ––sonrió al sentir la leve colleja de su padre. Esa era su manera de decirle que todo iba a salir bien.

––Volveremos por la noche ––Kaiya le señaló el reloj de la pared al rubio, recordándole que contaban con poco tiempo.

––Cierto ––miró hacia la puerta, donde estaban Akiyama y Yuto esperando su turno––. Papá, tenemos que irnos, pero regresaremos ––lo abrazó de nuevo, sintiéndolo frágil––. Kaiya, gracias ––le dio al moreno, una vez estuvieron fuera de la habitación.

Kaiya sólo asintió y luego le quitó la cajetilla de las manos––. Aquí, está prohibido fumar ––le recordó.

Yoshiro se encaminó hacia la salida, luego de informarle a su madre que los esperaría afuera. Necesitaba fumarse un cigarro. Ver a su padre en esas condiciones lo había hecho pensar en todo lo que daba por sentado en la vida y que en un segundo podía perder. Respiró profundo cuando el aire fresco golpeó su rostro. Odiaba los hospitales, olían a enfermedad, sufrimiento y muerte––. ¿Dónde está? ––se preguntó, buscando en sus bolsillos la cajetilla que el moreno le había quitado y no le había devuelto.

––¿Buscas esto? ––Kaiya le entregó la cajetilla, mientras se sentaba a su lado.

––Gracias ––¿Por qué lo había seguido? Pudo haber esperado a salir con los demás para dársela. Mientras encendía un cigarro, lo observó de reojo. El moreno se había vuelto a colocar el ipod y observaba a la gente entrar y salir del hospital. ¿Por qué lucía tranquilo a su lado?, ¿por qué lo trataba bien?, ¿por qué no le decía de una buena vez qué había sentido al volver a verlo? En fin, quería que le dijera algo, lo que fuera.

––Kaiya… ––Yoshiro fue interrumpido por Akiyama y Yuto que desde la puerta del hospital los llamaron a gritos.

––¡Aquí están! Mamá dijo que nos fuéramos a dar una vuelta, que ella se iba a quedar cuidando de una amiga del club de costura a quien encontró cuando íbamos saliendo y que cuando volviéramos por la noche regresaba con nosotros ––Akiyama se tiró en la falda del moreno para quitarle el ipod––. ¿Me escuchaste? ––preguntó colocándose el ipod del chico.

––¡Akiyama, compórtate! ––Yoshiro se levantó cabreado, agarrando al peli-castaño por un brazo, haciéndolo ponerse de pie. Lo soltó al ver cómo los tres chicos lo miraban.

––Cielos, que gruñón ––Akiyama le devolvió el ipod al moreno y se abrazó a su novio––. Yuto, me ataca el ogro.

––Yo te protegeré ––Yuto se lo llevó hacia el auto. Durante el camino, aprovechó para decirle––: Eso te pasa por tirarte en los brazos de otro hombre.

––¡Oye! No es otro hombre, es mi hermano y no fueron sus brazos, fue su regazo ––el chico se alejó del pelirrojo y se paró al lado del auto––. ¿Qué les pasa a todos hoy? ––refunfuñó, sobándose el brazo. El rubio lo había sujetado con bastante fuerza.

––Lo sé, pero me cabrea verte con otros hombres ––Yuto volvió a abrazarlo––. ¿Te hizo daño? ––preguntó revisando su brazo y besando la leve marca que encontró en el mismo.

––No seas idiota, que son mis hermanos y los abrazo siempre ––Akiyama pronto olvidó su enojo. Así era él, nada lo molestaba por mucho tiempo.

––Vamos ––Kaiya se levantó sin dejar de observar al rubio, que miraba fijamente al peli-castaño.

Yoshiro lo siguió en silencio––. ¿A dónde quieren ir? ––preguntó a los chicos, una vez se hallaban todos en el interior del auto. Sabía que tenía que sentarse a hablar con Akiyama en algún momento, pero tenía que ser cuidadoso con sus palabras. No quería hacerle más daño al moreno, por lo que tenía que evitar a toda costa que su hermano se enterara por su boca del amor platónico que este sentía por él.

––¡A la playa! ––Akiyama ya había olvidado el incidente, como demostró al abrazar al mayor desde el asiento trasero––. Hace siglos que no vamos a la playa. ¿Nos llevas?, ¿sí?, ¿verdad que sí?

Yoshiro no pudo evitar reír. Asombrado, descubrió que era la primera vez que reía desde que había llegado––. Claro, ¿por qué no? Aunque no es época de playa, siempre podemos sentarnos a ver el mar.

––Te sentarás tú que estás hecho un anciano ––Yuto comentó por fastidiar, pues su novio lo había abrazado minutos antes––. Nosotros correremos por la arena.

¿Anciano? Con disimulo o eso pensaba él, Yoshiro se miró en el espejo. Para su contrariedad, se topó con la mirada del moreno. Desvió de inmediato el rostro. ¿Por qué lo estaba mirando de aquella manera tan penetrante? Encendió un cigarro, a pesar de las quejas de la pareja. Para distraerse, puso la radio y no volvió a despegar sus ojos del camino.

––¡El último en llegar a la playa, paga la cena! ––gritó Akiyama corriendo con su novio hacia la orilla.

––Como si no me tocara pagar de todas maneras ––Yoshiro apagó el cigarro y respiró profundo. Amaba el olor a mar. Se sentó debajo de unas palmeras y encendió otro cigarro––. ¡¿Qué haces?! ––preguntó alterado cuando sintió que el moreno se sentaba detrás de él y colocaba las piernas a cada lado de su cuerpo.

––Shhh, si alzas la voz, vendrán a ver qué pasa ––Kaiya metió la mano por debajo de su camisa y le pellizcó una tetilla, a la vez que su lengua comenzaba a juguetear en su oreja.

––Suéltame ––agitado, el rubio buscó con la mirada a los otros chicos, comenzando a levantarse––. Ahhh, si serás cabrón ––jadeó cuando la mano del moreno comenzó a acariciarlo por encima del pantalón. El rubio se estremeció, perdiendo la oportunidad de escaparse.

Kaiya aprovechó ese instante de duda para meter la mano dentro del pantalón y comenzar a masturbarlo. A pesar de estarle metiendo mano, estaba pendiente de los otros. Estos andaban bastante lejos, recogiendo caracoles y besuqueándose.

––Kaiya, ahhh ––maldita sea, ¡para de jadear!, se ordenó mentalmente––… cualquiera puede… vernos ––concluyó haciendo un enorme esfuerzo para no volver a jadear en voz alta.

––Sólo estamos nosotros cuatro ––le mordisqueó el cuello, mientras lo hacía ponerse de rodillas.

––¡No!, ¿qué… qué pretendes? ––coño, ¿no pretendía tirárselo allí, verdad? Cuando los dedos del chico entraron en su ano, supo que estaba perdido––. Ahhh, no… ––aún le dolía el culo, carajo. Maldiciendo la mano que lo masturbaba y le proporcionaba tanto placer, se sujetó de esta pues a duras penas lograba mantener el equilibrio.

Kaiya sacó los dedos y lo abrazó para sostenerlo mientras entraba lentamente en su interior.

––Ahhh, joder ––eres un cabrón, completó en su mente. Jadeaba y miraba desesperado a su alrededor, sin poder evitar mover las caderas al ritmo marcado por el menor. Odiaba cómo su cuerpo buscaba el del chico y ese placer tan inusual que le proporcionaba––. Akiyama y… ahhh… Yuto ––alarmado veía cómo la pareja corría y se empujaba, acercándose al área donde estaban––. Kaiya, ahhh… detente ––maldita sea, no quiero que me vean así, pensó tensándose y comenzando a perder la erección––. Nos escucharán, nos verán ––no podía dejar de pensar en lo humillante que sería que lo vieran dejándose follar por Kaiya.

––Shhh ––Kaiya le tapó la boca con una mano, mientras con la otra masajeó con mayor intensidad su miembro, logrando que volviera a empalmarse. Con rápidas embestidas, logró que el chico se corriera. Sólo despegó los ojos de la pareja que se acercaba, cuando alcanzó el orgasmo. Se corrió con fuerza en su interior, mientras colocaba un suave beso en su cuello––. No te vieron ––anunció tranquilamente soltándolo por fin.

Eres un malnacido, Yoshiro lo insultaba mentalmente mientras se arreglaba a toda prisa la ropa. Lo hubiera golpeado de no ser porque estaría perdiendo tiempo y los otros lo cogerían con la ropa desarreglada.

––¿No se movieron de ahí? Que aburridos ––Akiyama se sentó entre medio del silencioso par––. ¿Qué sucede? ––preguntó observando la cara de cabreo del rubio y la cara imperturbable del moreno.

––Nada ––Yoshiro se levantó, encendiendo un cigarro––. Vamos a comer ––sin esperar por los demás se dirigió al auto. ¿Así que en eso consistía la venganza de su primo-hermano? Utilizar el sexo para humillarlo. Estaba triste, no podía negarlo. Lo quería y sabía que le había hecho mucho daño; pero había tenido la absurda esperanza de que pudieran sanar su arruinada relación.

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