Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 4

en agosto 12, 2010

Una vez en la pizzería, lugar al que se había dirigido sin pensarlo siquiera por haber sido el favorito del moreno, Yoshiro ordenó una jarra de cerveza.

––Yoshiro, ¿no crees que eso es demasiado para ti solo? ––Akiyama miraba preocupado a su hermano––. Sabes que ninguno de nosotros bebe ––el rubio lucía extraño. Incluso él, había acabado percatándose de ese hecho. Mientras conducía en silencio, su hermano se había dedicado a fumar cigarro tras cigarro.

––Ya regreso ––sin dar tiempo a que el peli-castaño hiciera otro comentario, Yoshiro se levantó y se dirigió al baño. Luego de asegurarse de que estaba solo, se limpió. Maldito, aún lo sentía dentro de él. Se miró en el espejo y, por segunda vez en su vida, no reconoció su imagen. No le gustaba en lo que se estaba convirtiendo, de nuevo. Había pasado cuatro años intentando recuperarse y ahora volvía a sentirse perdido.

––¿Ustedes dos discutieron? ––preguntó Akiyama al moreno.

––No ––Kaiya miraba, por donde el rubio había desaparecido, sin alterar su expresión facial.

Con un suspiro de cansancio, Yoshiro se lavó el rostro y salió del baño. Sabía que hasta que el moreno no se decidiera a hablar con él, no haría nada. Era como si su vida estuviera en pausa.

––Entonces, ¿qué tiene?, ¿pasó algo en la playa? ––Yuto se unió a la preocupación de su novio. Lo cierto era que el rubio los había hecho pasar más de un susto mientras conducía distraídamente hasta la pizzería.

Kaiya no contestó. Se limitó a observar al rubio que regresaba a la mesa con una expresión lejana en su rostro.

La llegada de la camarera detuvo las preguntas de la pareja, que estaba a punto de recomenzar el interrogatorio. La hermosa chica colocó la enorme pizza en el centro y las bebidas frente a los chicos sin dejar de mirar al rubio. Luego, anotó algo en un pedazo de papel y acercándose al desprevenido chico, con un coqueto guiño guardó el pedazo de papel en el bolsillo de su camisa. Este la miró, sacó el papel, observó que era el número de su móvil, lo guardó y se sirvió un vaso enorme de cerveza, que bebió prácticamente sin respirar.

––Toma ––Kaiya le pasó un pedazo de pizza al rubio, mirándolo serio.

Yoshiro se sirvió otro vaso y se lo bebió del mismo modo, antes de dar un mordisco a la pizza. Mientras fingía escuchar a Akiyama y Yuto, quienes por fortuna habían descubierto a unos compañeros que negaban ser pareja en una de las mesas más apartadas; se bebió todo el contenido de la jarra, mientras fumaba cigarro tras cigarro, evitando mirar al moreno, dejando en el plato el pedazo de pizza prácticamente intacto.

––¡Yoshiro, no piensas conducir, ¿verdad? ––Akiyama miraba sorprendido la jarra vacía. Ya habían terminado de cenar y su hermano estaba pagando. El peli-castaño no podía negar que estaba asombrado, pues el rubio jamás había bebido de manera tan irresponsable cuando era el conductor designado.

––Claro que sí ––Yoshiro miró a la pareja que lo observaba como si estuviera mal de la cabeza––. ¿Cuál es el problema? Sólo fueron unos pocos tragos ––por dios, en otras ocasiones había conducido completamente ebrio sin haber tenido un accidente. Al no tener la mente clara, no recordaba el importante detalle de que esas borracheras se las había cogido en el extranjero.

––Conduciré yo ––Kaiya se levantó y se le acercó––. Dame las llaves.

––Por supuesto que no ––Yoshiro también se levantó y lo miró molesto.

Kaiya no dijo nada más. Simplemente, metió la mano en el bolsillo del rubio y agarrando las llaves, salió del restaurante, camino al auto.

Yoshiro se le fue detrás con el último vaso de cerveza aún en la mano. Akiyama y Yuto los siguieron preocupados por la actitud del rubio.

––Devuélveme las llaves ––exigió el rubio, agarrando al moreno por el brazo.

Kaiya reaccionó tan rápida y repentinamente, que cuando el rubio se percató, este se había soltado de su agarre, lo sujetaba a él, abría la puerta del lado del pasajero y lo empujaba al interior del auto.

Un cabreado Yoshiro, resistiéndose a entrar, le tiró al moreno su bebida en la cara.

La seriedad con que Kaiya miró al rubio, asustó a Akiyama y Yuto.

Yoshiro mantuvo su actitud desafiante. Quería que el chico se molestara, que perdiera el temple, que lo golpeara. ¡Con mil demonios, quería que hiciera algo, cualquier cosa! Lo estaba provocando adrede, pero el moreno se dio media vuelta y entró a una tienda de ropa que quedaba al lado de la pizzería.

––¿Qué te pasa? ––Akiyama se paró frente a su hermano, impidiendo que siguiera al menor, como había intentado––. Jamás pensé que fueras tan cruel. ¿Acaso has olvidado que odia la bebida? ––el peli-castaño le enterró un dedo en la frente––. ¿Has olvidado que fue un conductor ebrio el que ocasionó el accidente donde murieron sus padres frente a sus ojos? ––el chico miró completamente decepcionado a su hermano mayor, antes de irse a cotillear con su novio.

Yoshiro sintió cómo desaparecía el aturdimiento causado por la bebida. Sujetándose de la portezuela, se inclinó y vomitó. Decir que se sentía como una mierda, era poco. ¿Cómo había podido olvidar que Kaiya había quedado atrapado en el auto sin poder ayudar a sus padres, que murieron desangrados a su lado?

Con una camisa nueva, Kaira pasó por el lado del rubio sin mirarlo, se sentó frente al guía y esperó a que este entrara.

––Lo siento ––Yoshiro se colocó el cinturón de seguridad, mirando apenado al moreno.

El chico apenas lo miró antes de colocar una goma de mascar de menta en su mano y conducir hacia el hospital, donde su madre los esperaba.

––¿Qué les pasa a estos dos? ––Yuto miraba al silencioso par, mientras acariciaba el miembro de su novio por encima del pantalón.

––No sé… ahhh… deja ––Akiyama se contradecía al acercarse más a su novio para besarlo apasionadamente, sin dejar de frotarse contra su mano.

––No están solos ––Yoshiro se volteó a mirarlos cabreado.

––Que gruñón, cielos ––Akiyama apartó la mano de su novio de su entrepierna.

Los chicos hicieron el resto del viaje en silencio. Al llegar al hospital, Yoshiro se acercó al moreno sin saber bien qué decir. Pero la llegada de su madre, le impidió hablar con él.

––Chicos, por poco no llegan. Pasen rápido, que queda menos de media hora para que estén con su padre ––cuando el rubio y el moreno pasaron por su lado, la mujer los detuvo––. Un momento, ¿por qué huelen a cerveza? ––preguntó molesta, agarrándolos por un brazo––. Así no van a entrar a ver a su padre.

––Mamá, es mi culpa. Kaiya no estaba bebiendo. Deja que él pase ––le suplicó el rubio a su madre.

––No. Ya hablaremos cuando lleguemos a casa ––la mujer entró a la habitación con los otros dos chicos.

––Kaiya, yo… ––Yoshiro empezó a disculparse, pero el moreno dándose media vuelta, se alejó de él––. Rayos ––ese definitivamente no había sido su día, pensó entrando al baño. Estaba meando, cuando sintió que alguien entraba. No hizo caso, no era de los que se ponían a espiar a otros hombres en los baños. Caminaba hacia el lavamanos, cuando sintió que lo agarraban por un brazo y lo metían a uno de los cubículos––. Hijo de puta, ¿qué carajo quieres? ––preguntó resistiéndose, porque el sujeto lo pegaba de cara a la pared.

––Es mi padre también y quería verlo ––susurró un molesto moreno en su oído.

––¿Kaiya? ––¿por qué se asombraba, si este se pasaba atacándolo cuando menos se lo esperaba?, se preguntó mientras forcejeaba para que el chico no le abriera el pantalón––. ¿Estás loco? ––le preguntó cuando este de mala manera logró bajarle el pantalón junto con el bóxer––. Aquí no ––no iba a negar que le preocupaba que al moreno no pareciera importarle que los descubrieran.

Kaiya le sujetó las manos a la espalda para que no siguiera intentando subirse la ropa––. Mierda, alguien puede entrar ––gruñó, presintiendo que esa vez no habría preparación ni gentileza y era su culpa, lo sabía. Le había tirado cerveza en la cara y lo había hecho recordar la muerte de sus padres. Pero, no quería que lo violara allí, a pocos pies de la habitación de su padre.

De repente, el moreno detuvo el forcejeo. El rubio podía sentir cómo temblaba pegado a su espalda. ¿Tan furioso estaba?, se preguntó aprovechando para recuperar sus manos y subirse el pantalón. Pero cuando el puño del chico pasó a pocos centímetros de su rostro, se detuvo asombrado––. Aún no nos vamos ––Kaiya comenzó a masturbarlo a la vez que rozaba su erección entre sus nalgas.

––Ahhh…, coño, te dije que aquí… ahhh… no ––Yoshiro recostó la cabeza sobre la fría pared, maldiciendo su cuerpo que reaccionaba con placer a los pellizcos en sus tetillas, a las lamidas y mordidas en su oreja y cuello; pero, sobre todo, a la mano que frotaba su pene.

En ese momento, entraron dos médicos, quienes afortunadamente estaban demasiado envueltos en la discusión de una difícil operación como para fijarse en los zapatos que se veían por debajo de la puerta de uno de los cubículos.

––Ahh… ––espantado, Yoshiro se mordió una mano para evitar que se escucharan sus jadeos. Kaiya le estaba metiendo dos dedos, lo suficientemente humedecidos como para que entraran sin gran resistencia, por su adolorido culo––. Coño, no otra vez… ahhh ––susurró, peleando consigo mismo por no poder dejar de jadear.

––Si haces ruido, nos descubrirán ––Kaiya metía y sacaba los dedos. Sabía dónde tocarlo para hacerlo gemir de placer. Cuando consideró que el rubio ya estaba lo suficientemente relajado, sujetó su cadera y comenzó a penetrarlo con embestidas lentas, pero fuertes.

––Uf ––Yoshiro se mordía la mano, mientras continuaba maldiciendo mentalmente al chico que le provocaba dolor y placer a la vez. Estaba demasiado consciente de los médicos hablando a pocos metros de donde ellos estaban, como para percatarse de la sangre que bajaba por su mano y como para poder disfrutar de aquello. ¿Disfrutar? ¿Por qué carajo había utilizado esa palabra? Desde que había regresado, Kaiya parecía pensar que le pertenecía su culo. Y le dolía, maldita sea, si no le había dado descanso. No, no estaba disfrutando, no lo había hecho ninguna de las veces, simplemente se dejaba hacer, sólo eso.

Kaiya acallaba sus propios jadeos, mordiendo, marcando el cuello del rubio. Volvió su atención al miembro del chico, buscando además el punto interior donde lo hacía olvidar todo, incluso dónde estaban. Sabía que estaba preocupado por ese par de hombres que hablaba a pocos pasos del cubículo; en cambio, a él le importaban un rábano. Pero si no lo sentía disfrutar, de nada valía aquello.

Creía haber visto a Yoshiro y Kaiya entrar al baño, pensaba uno de los médicos mientras escuchaba al otro describir una complicada operación. Resultaba que ese médico era el vecino de los chicos, así que los podía reconocer en cualquier lado; pero, en esos momentos, no los veía allí. Sólo uno de los cubículos estaba cerrado, por lo que se preguntaba en qué momento habían salido sin que él los viera. Por supuesto, cuando escuchó lo que parecían unos jadeos apagados, bajó la mirada y vio los dos pares de zapatos en el cubículo cerrado––. ¿Qué te parece si nos tomamos un café? ––dijo agarrando el brazo de su despistado compañero, sacándolo del baño antes de que se percatara de lo que sucedía. Esos hombres no podían ser los chicos, se rascó el cuello, mientras se dirigía a su oficina.

Justo cuando la puerta se cerraba tras los médicos, los chicos se corrieron. Respirando aún agitado, Yoshiro se miró la mano y vio que un hilo de sangre bajaba hasta su codo. Suspiró, mientras se acomodaba la ropa en un silencio incómodo. Por lo menos, era incómodo para él. Luego de que Kaiya saliera del cubículo, se paró frente al lavamanos para limpiarse la sangre––. ¿Qué quieres ahora? ––le preguntó cansado al moreno, cuando este le sujetó la mano para ver de dónde provenía la sangre al ver sorprendido cómo se enrojecía el agua.

––Espera aquí ––le dijo el chico saliendo del baño.

¿Qué esperara qué? Yoshiro no pensaba quedarse allí. A saber si lo que pretendía era tirárselo de nuevo. Se miró en el espejo e hizo una mueca por lo paranoico que se estaba comportando. Se estaba secando la mano, cuando el moreno entró con un pote de agua oxigenada y unas vendas.

––Dame la mano ––como su hermano lo miraba atontado, Kaiya le sujetó la mano––. Te va a arder un poco ––anunció antes de limpiar la mordida para luego cubrírsela con las vendas––. Ya, vámonos ––se paró en la puerta a esperarlo.

––¿De dónde sacaste esto? ––Yoshiro finalmente logró reaccionar. Caminaba a su lado, mirándose la mano, pensando en lo irónico de la situación. El moreno parecía preocupado porque le ardiera la mano, pero no le importaba follarlo sin descanso donde podían verlos o escucharlos.

––De la oficina del Dr. Myooji ––Kaiya le abrió la puerta del auto, del lado del pasajero, por supuesto, antes de dirigirse al asiento del conductor.

––¿Lo robaste? ––Yoshiro lo miró preocupado. Prefería mantener al médico a distancia. Aún podía recordar cómo lo había mirado el día que había ido a atender a Kaiya. Era como si el hombre sospechara, aunque no le había hecho un estudio completo al chico. Quizás había sido su imaginación o sentido de culpa, pero mientras más distancia hubiera entre ellos, mejor.

––No, se lo pedí ––explicó, mirándolo serio. ¿Qué tipo de persona pensaba que era?, se preguntó sin entender por qué había llegado a la conclusión de que robaba.

––¿Qué le dijiste? ––Yoshiro lo miró nervioso.

––Que te habías lastimado una mano ––Kaiya lo miró con cara de obviedad––. Se ofreció a atenderte, pero le dije que no era grave ––no entendía por qué su hermano lucía nervioso; a fin de cuentas, el hombre era amigo de la familia.

El rubio respiró aliviado. Si hubiera visto al médico en las condiciones que estaba, el hombre hubiera sospechado con más razón. No creía poder mantener una actitud normal con lo cansado que estaba. Y, no se refería tanto al cansancio físico, pensaba más bien en el cansancio emocional que se estaba adueñando de su ser a una velocidad preocupante.

––Hijo, sé que estás agobiado por la salud de tu padre, por haber tenido que dejar súbitamente tu trabajo y tu modo de vida, por el reencuentro con tu familia que ya no es la misma; pero beber no es la solución ––su madre lo había atajado tan pronto habían puesto un pie en la casa y, luego de solicitarle a Kaiya que bajara tan pronto se bañara, se dirigió con el rubio a la cocina.

––Lo sé. Lo siento ––sonriendo agradecido por la caricia de su madre. Se sentía un poco estúpido e infantil, pero el que ella le acariciara el cabello, lo reconfortaba––. Mamá, Kaiya no estaba bebiendo, yo…

––Se le resbaló el vaso y, este al caer, me mojó la camisa ––Kaiya lo interrumpió al entrar en la cocina––. Eso fue todo ––se sentó al lado de la mujer, que sonrió aliviada.

Yoshiro miró asombrado al chico, quien le devolvió la mirada, sereno.

––Le dije a su padre que se habían quedado hablando con unas amistades, para no preocuparlo ––explicó la mujer, colocando un plato de galletas frente a los chicos––. Me voy a dormir ––les besó la frente a cada uno, antes de marcharse hacia su habitación.

––¿Por qué le mentiste? ––Yoshiro se volteó a mirar a su hermano.

––¿Quieres darle otro motivo más de preocupación? ––Kaiya agarró una galleta y la mordió mirándolo serio, tranquilo.

––No, por supuesto que no ––no lo entendía. Sinceramente, no entendía qué pensaba, por qué actuaba como actuaba, qué esperaba de él.

––¿Quieres leche? ––el moreno se levantó y le sirvió un vaso sin esperar respuesta. Se sirvió otro para él y se sentó a su lado sin dejar de mirarlo.

––¿Um? ––lo miró distraído––. Gracias ––Yoshiro recordó las incontables noches que ellos dos bajaban a escondidas a saquear la nevera, riendo y empujándose. Siempre acababan comiendo galletas y bebiendo leche, como hacían en esos momentos. De repente, se levantó sintiendo que se asfixiaba.

Kaiya observó cómo el rubio salía de la cocina sin mirar hacia atrás.

Había estado a punto de decirle que lo había extrañado. Yoshiro se recostó de la puerta, observando la oscura habitación. ¿Qué hubiera pasado si le hubiera dicho eso?, se preguntaba mientras entraba al baño. No debió de haberse marchado, debió haber aprovechado el momento y decirlo. Quizás esas palabras hubieran hecho que la barrera del chico se derrumbara. Porque tenía que ser una barrera aquella actitud de su hermano. No podía creer que él se hubiera transformado en esa persona egoísta, cruel e indiferente. No, su hermano no era así.

Al salir del baño, se encontró con el chico en la habitación. Se miraron, como si esperarán algún movimiento de parte del otro, el cual jamás llegó.

Con un suspiro de cansancio, Yoshiro se acostó. Tenía los ojos cerrados, aunque no dormía, cuando Kaiya se acostó a su lado. Al sentir que este lo abrazaba por la espalda, se tensó. Pero el moreno no intentó hacer nada. Aparentemente, sólo quería dormir abrazado a él. ¿Por qué? Esa pregunta rondó por su mente el tiempo que estuvo despierto e incluso se coló en sus sueños. ¿Por qué?, ¿por qué?, ¿por qué? La pregunta se repetía una y otra vez sin obtener respuesta.

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