Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 8

en agosto 8, 2010

Yoshiro abrió los ojos y sonrió al sentir el calor del cuerpo del moreno pegado a sus espaldas. Maldición, estaba cansado. Kaiya había estado extrañamente apasionado e incansable. Joder, refunfuñó al sentir ardor en ciertas partes de su cuerpo. Este le había marcado prácticamente cada centímetro de la piel. Suspiró, pues sabía que Fudo tenía mucho que ver con el comportamiento del chico. Lo cierto era que no se quejaba, per se, pues había recibido más placer del que sentía que le había dado; pero no dejaba de inquietarle el efecto que las acciones de su amigo pudiera tener en su amante. Amante, le gustaba cómo esa palabra lo llevaba de inmediato a pensar en sus fuertes brazos y cómo lo sostenían al hacer el amor.

––¿Te desperté? ––Kaiya le sujetó el rostro para rozarle los labios, en lo que al rubio le pareció un dulce beso, al sentir su sobresalto cuando le acarició la cintura.

––No, acababa de despertar ––Yoshiro sonrió y se volteó para acariciar su varonil rostro. Aunque extrañaba al pequeño sonriente, amaba al enigmático joven adulto en que se había convertido.

––¿Quieres ducharte primero? ––preguntó el moreno lamiendo sus labios.

––No, quiero descansar un poco más ––lo que deseaba era decirle que se quedara allí, acariciándolo, besándolo.

––Vale ––le dio un suave beso, antes de sentarse en la cama.

Yoshiro se abrazó a su espalda. ¿Qué carajo estoy haciendo?, se preguntó comenzando a ponerse nervioso. Y si Kaiya le preguntaba qué le pasaba o qué quería o por qué lo sujetaba así, ¿qué le diría? Estoy enamorado y actúo como un verdadero idiota, esa sería la respuesta correcta. De hecho, la misma que NO podía darle. Para su fortuna o desgracia, jamás sabría qué pudo haber sucedido; porque, en ese preciso instante, Akiyama y Yuto abrieron la puerta.

––¡Dormilones! Fudo… ––el peli-castaño pareció perder la voz cuando vio a sus hermanos. Aunque el moreno lo tapaba con su cuerpo, el cual llevaba cubierto con una yukata, el rubio obviamente estaba desnudo. Alcanzaba a ver que nada cubría sus hombros y brazos. Además, veía parte de sus piernas a ambos lados del cuerpo del menor, envueltas en una sábana y nada más.

––¿Qué? ––Kaiya había sujetado las manos del rubio, quien al ver la pareja en la puerta había intentado separarse, alejarse.

––Fudo… desayuno… ––Akiyama no lograba entrelazar las palabras para formar una oración coherente. El moreno lo miraba serio, tranquilo; mientras, el rubio lucía nervioso.

––Lo que Aki quiere decir ––el pelirrojo salió a su rescate, porque aunque sus cuñados lo habían dejado mudo por varios segundos, solía pasar rápidamente por alto todo lo que no tuviera que ver con su novio o con él––, es que Fudo está preparando el desayuno y pidió que les avisáramos.

––Bajamos en unos minutos ––Kaiya acariciaba los brazos del rubio, quien sentía que comenzaba a recuperar velozmente el calor que había huido de su piel al ver a la pareja en la puerta––. La próxima vez llamen a la puerta antes de entrar ––aconsejó con un tono de voz intimidante.

Akiyama sólo alcanzó a asentir, antes de ser arrastrado por su novio, quien se aseguró de cerrar bien la puerta.

El moreno soltó al rubio, se levantó y se volteó para besarlo profundamente.

––Kaiya, por dios, ¿qué estarán pensando? ––lo miró preocupado.

––¿Quieres que compartamos la ducha? ––preguntó ayudándolo a levantarse y entrar al baño con él.

Yoshiro no podía creer que no le afectara lo que acababa de pasar. Quería que hablaran al respecto y, de una vez, sobre el pasado, sobre su relación actual y sobre la posibilidad, si es que había, de un futuro como pareja. Pero la extraña sugerencia del moreno, hizo que olvidara todo lo demás. Llevaba tiempo deseando verlo completamente desnudo, poder recorrer su cuerpo con las manos y la boca. Pero Kaiya apenas se bajaba el pantalón y el bóxer o apenas se abría la yukata mientras hacían el amor.

Debajo del agua tibia, se besaban y acariciaban apasionadamente. Las hambrientas manos de Yoshiro buscaban desesperadas el cinto que sostenía aquel pedazo de tela que le impedía disfrutar del cuerpo de su amante. Comenzaba a soltarlo, ansioso, cuando el chico le sujetó las manos.

––No ––el moreno le llevó las manos a sus hombros, haciendo que volviera a abrazarlo.

––Quiero tocarte ––murmuró sensual, acariciando su pecho y abdominales, descendiendo hasta el cinto.

Kaiya se separó y, saliendo de la ducha, se sentó sobre el retrete––. Báñate, espero a que termines ––dijo recorriendo su cuerpo con la mirada, antes de ponerse a mirar la pared frente a él, como si el papel tuviera el diseño más fascinante del mundo.

Maldito, refunfuñó el rubio enfriando el agua. Lo excitaba y luego se alejaba tan tranquilamente para ir a sentarse sobre el retrete. ¿No sabía que se veía ridículo sentado allí con el agua escurriéndole por el cuerpo y la maldita yukata? Jamás en su vida, había odiado tanto un pedazo de tela. A pesar de estar insultándolo mentalmente, no pudo evitar estremecerse al recordar cómo había recorrido su cuerpo con aquella mirada de fuego. Maldita sea, volvió a refunfuñar. El agua no lograba bajarle la erección y no pretendía masturbarse frente a él. Coño, ¿no entiendes que necesito recorrer tu cuerpo como tú recorres el mío?

––Kaiya ––susurró, saliendo de la ducha. Había volteado a mirarlo cabreado, incómodo, adolorido y había alcanzado a captar tristeza en su expresión corporal. El moreno tenía los codos apoyados en las rodillas, los dedos entrelazados y la cabeza baja como si estuviera contemplándose las manos. Y aunque parecía una postura común, una repentina y sutil tristeza se había colado hacia el exterior desde su armadura. Había sido tan sutil que, por un segundo, había dudado de sus ojos. Pero, entonces, había recordado la manera tan brutal en la que se había burlado de su cuerpo cuatro años atrás y había comprendido en ese instante por qué no se desnudaba, porque no permitía que nadie lo viera completamente desnudo. Por lo que, arrodillado frente a él se propuso arreglar lo que él mismo había dañado, le tomara el tiempo que le tomara––. Ven, no me quiero bañar solo ––lo agarró por las manos, juguetón, provocativo.

Yoshiro salió con una enorme sonrisa del baño. Habían sido más los besos y caricias que la enjabonada, pero no se quejaba. Kaiya era extremadamente tierno y, sorpresivamente, también juguetón. Mientras se vestía, reflexionaba en qué podría hacer para lograr que el moreno no se avergonzara de su cuerpo. Tenía un buen cuerpo, le gustaba mucho. De hecho, era el único hombre que consideraba guapo en extremo y que lo excitaba con sólo mirarlo.

––¿Quieres que te espere? ––preguntó cuando el chico regresó a la habitación con una enorme toalla amarrada a la cintura y otra sobre los hombros.

––Adelántate ––dijo mientras se secaba el cabello con la toalla que tenía sobre los hombros.

––Vale. No tardes ––le acarició el rostro, perdiéndose en ese verdor oscuro como bosque impenetrable.

Fudo observó que su amigo entraba pensativo a la cocina. Aprovechando su distracción, se acercó y le robó un rápido beso. Con una risa pícara, se alejó antes de que pudiera golpearlo––. ¿Qué le hiciste a estos dos? ––preguntó, fingiendo que no se había dado cuenta de lo mucho que le había molestado al rubio que lo besara.

––No les hice nada ––refunfuñó, sentándose frente a la silenciosa pareja. El peli-castaño esquivaba su mirada, mientras que el pelirrojo lucía más interesado en el plato que colocaban frente a él que en su cuñado.

––Algo tienes que haberles hecho. No han hablado desde que regresaron luego de avisarles que el desayuno estaba casi listo ––Fudo los miraba divertido.

––Que no les hice nada. No jodas ––gruñó, preguntándose si su hermano iba a ponerse en plan santurrón. Suspiró, reconociendo que tenía que ser comprensivo. No todos los días descubres que tus hermanos llevan una relación incestuosa.

––¡Joder, no puede ser! ––Fudo dio un golpe en la mesa––. ¿Los vieron follando? ––lanzó una carcajada al ver la mirada espantada de Akiyama y escuchar la risilla de Yuto.

––¡Fudo! ––Yoshiro lanzó un puñetazo, que el otro esquivó sin parar de reír.

––¡Por supuesto que no! ––gritó el peli-castaño recobrando la voz. Lucía verdaderamente espantado.

––¿En serio? No saben lo que se perdieron ––Fudo se inclinó sobre la mesa para compartir su “secreto” ––. Yo los vi y su escena de sexo le gana a cualquiera de la mejor película porno, se los aseguro ––agregó ufano––. ¡Coño! ––se quejó cuando el rubio le pateó la espinilla con saña por debajo de la mesa.

––Y como se te ocurra volver a hacer algo parecido, no vivirás para contarlo, maldito ligón ––Kaiya se paró detrás del rubio y sujetando su mentón, hizo que echara la cabeza hacia atrás e inclinándose lo besó apasionadamente.

––¡Coño, que susto! ––Fudo se rió, a pesar de haber brincado. No había visto al chico y el tono poco amistoso con que había hablado, le había hecho entender que no estaba bromeando.

A Akiyama, se le cayó el bocado que se llevaba a la boca y Yuto se atragantó con el café; mientras un divertido… y envidioso… Fudo observaba cómo el moreno no despegaba la mirada de él, mientras recorría, saboreaba, posesivamente la boca del rubio.

––Kaiya ––Yoshiro apenas pudo susurrar su nombre cuando el chico se separó. Su sorpresivo y jodidamente exquisito beso lo dejado prácticamente sin respiración.

Kaiya pasó por el lado de Fudo y le dio tal colleja que hizo que los demás se maravillaran al ver que aún conservaba la cabeza en su lugar luego de semejante golpe.

––¡Joder, eso dolió! ––sin parar de reír, se masajeaba el área violentada. No podía remediarlo. Los golpes de quienes le gustaban, lo excitaban e incitaban.

El moreno lo ignoró y, luego de servir dos tazas de café, se sentó junto al rubio a quien le entregó una de las tazas.

––Gracias ––Yoshiro sonrió, pues le había hecho gracia ver la tranquilidad con que el moreno casi le arrancaba la cabeza a su mejor amigo. Bueno, tú te lo buscaste, pensó mirando al otro, que le regaló una guiñada. Él simplemente viró los ojos, dándolo por caso perdido.

––¡Fudo!, así que fuiste tú quien llamaba a la puerta de madrugada… despertándome ––la llegada de la madre a la cocina hizo que todos los chicos quedaran mudos. Todos, excepto Kaiya.

––¿Qué esperabas de él? No ha madurado ––dijo levantándose para servirle una taza de café a su madre.

––¿Qué te hizo? ––la mujer besó al menor de sus hijos en la mejilla y le acarició el cabello, como solía hacer cuando era pequeño y Fudo lo fastidiaba.

––Mamá, ¿por qué hablas así? ––Fudo se levantó para besar a la mujer que consideraba su segunda madre––. No le hice nada.

Kaiya le dio otra colleja antes de volver a sentarse al lado del rubio.

––¡Mamá!, ¿vas a dejar que siga maltratándome? ––preguntó riéndose, mientras la mujer le daba un abrazo de bienvenida.

––Eso significa que sí le hiciste algo ––lo agarró por la oreja––. Deja a mis niños quietos.

––Pero si no les hago nada ––la volvió a abrazar mimoso––, no me dejan ––confesó riéndose.

––Eres un desvergonzado ––dijo dándole una nalgada antes de pasar a besar a sus otros hijos––. ¿Qué les pasa a estos dos? ––preguntó al observar a una extrañamente silenciosa pareja.

Fudo lanzó una carcajada y Yoshiro volvió a patearlo por debajo de la mesa haciendo que su risa acabara en lamentos; mientras Akiyama y Yuto se pusieron violentamente rojos.

––Que necesitan aprender a llamar a las puertas ––indicó Kaiya bebiendo tranquilamente su café.

Para sorpresa de los mayores, la madre sólo se rió y no hizo más preguntas al respecto.

––Mamá, ¿hoy no vas al hospital? ––Yoshiro miraba intrigado a su madre. No dejaba de preguntarse por qué no hacía más preguntas. ¿Acaso era porque había sido Kaiya quien le había contestado y ella sentía una especial debilidad por él? o ¿acaso temía las posibles respuestas a sus preguntas?

––Quiero ir a recortarme el cabello y comprarme un traje ––los miró con una sonrisa––. Hace 26 años, un día como hoy, nos conocimos y quiero estar bonita para cuando lo visite esta tarde.

––Qué romántico ––Akiyama abrazó a su novio, recuperándose ya del impacto que había recibido.

––Si alguno desea ir a acompañar a su padre en lo que llego, se lo agradeceré ––señaló observando cómo la pareja retornaba a la normalidad––. Yuto, ¿qué te he dicho de compartir así la comida con Akiyama?

––Gomen ––murmuró el chico, mirando mal a Fudo que se burlaba de él.

––Yo iré ––Kaiya se levantó, puesto que ya había terminado de desayunar y apenas soportaba la compañía de Fudo.

––Te acompaño ––Yoshiro fue a levantarse, pero el moreno parado detrás de él, le puso las manos sobre los hombros, impidiéndoselo.

––Tienes visita ––se inclinó a mirarlo. Observó su mirada nerviosa, deteniéndolo, indicándole que no debía besarlo. La verdad es que se sintió tentado a hacerlo, sólo por eso. ¿Por qué lo miraba siempre así?, pensó fastidiado.

Yoshiro tragó grueso. Kaiya estaba tan cerca que fácilmente podría besarlo. Pero su madre estaba allí, por todos los santos. Con traumatizar a un miembro de la familia al día, era suficiente. Le pareció ver que el chico suspiraba pesadamente antes de enderezarse y, luego de despedirse con la mano de los demás, marcharse.

El rubio salió detrás del moreno. Akiyama y Yuto se marcharon entre risas cómplices a su habitación. Fudo se quedó solo con la madre.

––Fudo, quiero pedirte un favor ––la mujer se sentó al lado del chico y le agarró la mano.

––Kaiya, espera ––Yoshiro alcanzó a su hermano en la puerta.

––Claro, mamá, ¿qué necesitas? ––Fudo se volteó a mirarla, prestándole toda su atención. De verdad, la quería como a su madre y ella siempre lo había tratado igual que a sus hijos… en todo, besos y castigos.

––¿Por qué no quieres que te acompañe? ––Yoshiro sujetó del brazo al moreno para evitar que se marchara––. Fudo no es visita ni un bebé. Puede quedarse solo ––¿acaso por culpa de ese idiota ahora no lo quería a su lado más que para follar? Coño, eso lo cabreaba.

––No te interpongas entre Yoshiro y Kaiya ––le pidió la mujer, sorprendiéndolo.

––Vino a estar contigo ––Kaiya se había volteado cuando el rubio lo había sujetado del brazo––. Sólo no dejes que te bese ni te toque ––lo sujetó por la nuca para besarlo con fuerza como recordándole quién era el único que podía hacerlo.

––¿Interponerme? ––Fudo estaba serio. Porque, aunque no lo pareciera, sabía estar serio cuando la ocasión lo requería y con madre nunca se bromeaba cuando hablaba de sus chicos.

Yoshiro lo abrazó, correspondiendo a sus besos, sintiéndose absurdamente feliz. Le parecía sorprendente lo rápido que los celos del chico hacían que olvidara su cabreo.

––Kaiya no es como ustedes, ¿sabes? ––acarició la mano del chico. Lo consideraba un hijo más y por lo mismo lo conocía perfectamente––. Yoshiro y tú siempre han estado juntos, han sido cómplices en miles de diabluras, han compartido algo más que el cigarro, lo sé ––le dio un golpecito en la mano para que no la interrumpiera, como había intentado hacer––. Pero Kaiya es una persona callada, reservada, privada.

Kaiya agarró al rubio por las nalgas y lo alzó un poco para luego bajarlo, una y otra vez. Yoshiro enloquecía de placer por el roce de los cuerpos, la manera en que le apretaba las nalgas y los besos que le robaban la respiración.

––Me he dado cuenta de que ha cambiado, que ya no es el chiquillo extrovertido que solía ser ––Fudo pensaba que fuera como fuera siempre llamaba la atención de los que lo rodeaban, aunque él jamás se percatara.

––Kaiya, ahhh…, estamos en la entrada ––Yoshiro intentaba evitar perder todo control. Pero el chico no se lo ponía fácil––. Kaiyaaa… ––este lo apretaba más contra su cuerpo y él podía sentir su empalme, además del propio, claro.

––Sé que desde adolescente te gusta Yoshiro ––la mujer se rió al ver su gesto pícaro––, pero tienes que ser sincero contigo mismo y admitir que es una fantasía ––lo miró comprensiva––. Hijo, las personas sabias saben reconocer cuándo dejar de perder el tiempo en algo que si lo logran acabará decepcionándolos. Y eso pasaría con ustedes, porque él no te desea ni te ama ––sonrió por su gesto teatral de dolor––. Tú tampoco lo amas y su cuerpo sólo te satisfaría unos días. Cariño, ¿por qué no te das la oportunidad de amar con ese chiquillo que lleva cuatro años detrás de ti?

Kaiya soltó al rubio y, luego de mordisquear suavemente sus labios, se dio media vuelta y se marchó.

––Mamá, por favor, tú misma lo has dicho, es un chiquillo ––Fudo se rió, quitándole importancia al hecho de que su corazón se había acelerado momentáneamente cuando la mujer le había recordado a Tom––. Además, es norteamericano ––señaló como si eso lo convirtiera en un ser de otro planeta.

––¿Kaiya? ––cabrón, otra vez lo empalmaba y lo dejaba a su suerte. Ese hijo de puta un día de estos lo iba a coger de mal humor y se iban a acabar las contemplaciones, se juró a sí mismo; aunque, temía que siempre caería rendido a sus pies. Puñeta, ¿por qué se había enamorado y precisamente de él? Estar enamorado NO era lindo, concluyó el rubio mientras continuaba con la cabeza pegada a la puerta esperando a que se le bajara el empalme.

––No te esperará toda la vida, ¿sabes? ––la madre había visto ese “algo” en sus ojos y decidió darle un empujoncito––. Es joven, simpático y sumamente atractivo. Esa inocencia y fragilidad que emana pronto atraerá a alguien que no aceptará un NO por respuesta y lo perderás ––se tragó una sonrisa triunfal al ver que encendía un cigarro sin alcanzar a ocultar que ese comentario le había molestado.

––Me esperará ––gruñó Fudo cabreado––. Me ama ––el chico se lo había dicho hacía tres años. Él le había aclarado que no buscaba una relación monógama y no le interesaba dejar de participar en divertidas orgías. Le había propuesto unirse a sus juegos, pero el chico muy digno le había dicho “no, gracias”. Desde entonces, Fudo solía pasear frente a él con sus amiguitos y amiguitas de juego, seguro de que este cedería. Pero no había sido así y eso lo frustraba cada día más, aunque se negaba a admitirlo.

Akiyama y Yuto bajaban las escaleras, discutiendo si debían ir al parque o al cine. Entre besos y empujones, se acercaron a la puerta donde vieron al rubio en una posición extraña. Decidiendo que con lo que habían visto por la mañana era suficiente, regresaron a su habitación. Concluyeron que podían ir al parque o al cine en cualquier otro momento.

––¿No deseas poder contar con alguien como Yoshiro cuenta con Kaiya y viceversa? ––preguntó la mujer mientras se levantaba para servirse otra taza de café.

––¿Contar? ––Fudo sonrió divertido al pensar que eso no era precisamente lo que ellos hacían.

––¿Qué significa esa sonrisa? ––lo miró seria, volviendo a sentarse a su lado.

––Nada ––respondió de inmediato azorado. Mierda, lo había visto. Esperaba que no insistiera como había hecho cuando Kaiya hizo aquel comentario sobre Akiyama. Pero si insistía, como solía hacer la mayor parte de las veces, no pintaba nada bien para él.

––Piensas que sólo hay sexo entre ellos, ¿es eso? ––ahora le tocaba el turno a ella de sonreír divertida al ver cómo la miraba. Parecía, um, parecía un retrasado mental. Eso fue lo más gentil que se le vino a la mente.

––Lo… no entiendo de qué hablas ––apresurado, se corrigió. Había estado a punto de preguntarle si lo sabía y eso hubiera sido un enorme, con letras mayúsculas, error.

––Hijo, lo sé ––acarició su mano para ayudarlo a regresar al planeta Tierra––. Una noche, subí a darles un recado y escuché jadeos. Pensé que Akiyama y Yuto se habían colado en su habitación para hacer de las suyas, así que abrí la puerta para regañarlos y los vi.

––Si Kaiya se entera… ––murmuró pensando que a ella no la golpearía como lo había hecho con él.

––Me voy. Pórtate bien, ¿sí? ––la mujer reía camino a su habitación. ¿Así que por eso Kaiya estaba algo violento? Ese Fudo no maduraba, en eso el menor había tenido toda la razón.

––Yoshiro, ¿estás rezándole a la puerta o sujetándola para que no se caiga? ––Fudo agarró al rubio por la cintura y lo tiró al sofá sobre él––. ¿Qué hacías? ––comenzó a batallar con él para que no se le escapara.

––Suéltame, idiota ––¡joder!, tanto roce había vuelto a endurecerlo.

––¿Qué es esto? ––se rió maldito al sentir su empalme––. ¿Cómo es posible que tu amante te deje en estas condiciones?

––¿Qué carajo te importa? ––le dio un puñetazo, logrando liberarse por unos instantes––. ¡Suéltame! ––gritó cabreado, cuando su amigo aprovechó que comenzaba a levantarse para tumbarlo y quedar sobre él.

––Déjame ayudarte ––metió la mano entre los dos cuerpos y comenzó a acariciarlo por encima del pantalón; mientras sujetaba sus manos con la que tenía libre. Era sujetarlo o que se le escapara y no pensaba dejarlo huir ahora que podía meterle mano.

––¡No! ––¡maldito Kaiya, era su culpa!––. Ahh, pervertido, suéltame ––¿por qué el moreno lo excitaba para dejarlo así?, ¿era un juego, parte de su venganza o qué?

Fudo miraba los labios del rubio con unos deseos inmensos de comérselos a besos. Pero cada vez que intentaba besarlo, este volteaba el rostro. ¿Por qué carajo su mejor amigo tenía que acabar enamorándose y para colmo de alguien que no lo quería compartir?. Entre risas, logró abrirle el pantalón. Jadeó al agarrar su miembro duro y caliente––. Kaiya, es un infeliz afortunado ––refunfuñó para luego echarse a reír.

––Idiota, como… como Kaiya… ahhh, por tu cul-culpa ––cabrones, los dos eran un par de cabrones––, no te perdonarééé ––se corrió al recordar la mirada cargada de deseo del moreno. El maldito estaba en su cabeza a todas horas y probablemente él andaba de lo más tranquilo sin dedicarle ni un pensamiento.

Fudo lo marcó detrás de la oreja mientras se corrían. No lo pudo evitar. Era su culpa, claro, por no dejar que lo besara. Se quejó y rió cuando el rubio se lo sacó de encima a puño limpio––. Joder, ¿por qué me maltratas? Te estaba haciendo un favor. Dame un beso en agradecimiento ––lo agarró por la cintura.

––¿Quieres que te deje sin dientes? ––lo empujó y se volteó a mirarlo cabreado––. Fudo, en serio, como Kaiya se aleje por tu culpa, no te lo perdonaré ––amenazó, marchándose hacia la habitación a cambiarse de ropa.

––No pienso decírselo y tú no se lo dirás ––Fudo comenzó a reírse, pero al recordar la marca que le había dejado detrás de la oreja, se preocupó––. Joder, espero no haberla cagado.

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