Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 9

en agosto 7, 2010

Akiyama y Yuto habían pasado, gran parte de la mañana y el comienzo de la tarde, quejándose del sábado tan aburrido que estaban pasando. Fudo cansado de tanta queja había agarrado el teléfono y ordenado pizza. Luego, había salido a comprar cervezas y alquilar DVDs y juegos para el Wii. En realidad, ese había sido el pretexto que había utilizado para salir un rato. No soportaba que Yoshiro no le hablara y llevaba sin hablarle desde que había subido a cambiarse de ropa. Al regresar a la casa, había intentado sentarse al lado del rubio, pero este lo había empujado haciendo que cayera sentado entre la empalagosa pareja. Con una risita, había decidido quedarse donde había caído, en lo que se le pasaba el cabreo a su amigo. Sabía que presionarlo, sólo haría que le durara más el enojo.

––Ya me voy. Se portan bien ––la madre caminó hacia la puerta, riéndose por todos los piropos que le habían regalado sus hijos cuando había pasado frente a ellos camino a la salida––. ¿Qué tal estoy? ––preguntó al moreno que entraba justo cuando ella salía.

––Preciosa ––Kaiya la besó en la frente––. Papá se va a llevar una agradable sorpresa ––señaló sonriendo––. Que lo pasen bien ––le deseó acomodándole un bucle detrás de la oreja.

––No me esperen despiertos ––dijo juguetona, luego de acariciar el rostro de su hijo menor. No podía evitar sentir preferencia por el chico. Para ser tan joven, había sufrido demasiado. Primero, la pérdida de sus padres y luego el alejamiento de Yoshiro. Quizás por eso, no se había escandalizado cuando los había descubierto accidentalmente haciendo el amor. Prefería verlo persiguiendo al rubio nuevamente, que encerrado en sí mismo.

Kaiya se sentó al lado de Yoshiro y sujetó la mano que se llevaba a la boca con un pedazo de pizza. Antes de soltarle la mano, le dio un mordisco bastante grande a la pizza.

––Aquí queda suficiente ––Fudo le mostró la caja, riéndose al ver la mirada de “púdrete” que le dio el chico por toda respuesta.

––Puede comer de la mía ––Yoshiro se recostó de su hombro, contento de que, por lo menos, ya no tuvieran que disimular frente a su hermano y cuñado… y que al moreno no le afectaran las demostraciones afectivas en público. Aunque eso era un arma de doble filo, pensó recordando las veces que lo había follado en lugares demasiados transitados para su gusto.

Kaiya volvió a darle otro mordisco a la pizza, antes de colocar el brazo en el respaldo del mueble para permitirle que se acomodara mejor contra su cuerpo. Le pareció interesante observar cómo Akiyama y Yuto los miraban de reojo. Comenzó a acariciarle distraídamente el cabello al rubio, mientras prestaba atención a la película. Luego de unos minutos, supo que la había escogido el pervertido. Era una película pornográfica, por supuesto. Desvió la mirada hacia el rubio, acercándosele para besarlo.

––¿Qué pa…? ––Yoshiro cayó de lado en el sofá, cuando el chico se levantó abruptamente.

––¡Joder! ––fue lo único que alcanzó a decir Fudo al ver que Kaiya se le iba encima como locomotora sin frenos. No puede ser que YA haya visto la marca, pensó intentando escaparse de la golpiza, sin éxito.

––¡Kaiya! ––el rubio observó asustado cómo el moreno agarraba a su mejor amigo por el cuello de la camisa con una mano y con la otra le estampaba un puñetazo en pleno rostro.

––¡¿Qué pasó?! ––Akiyama abrazó aterrado a Yuto. Ambos miraban, sin entender qué sucedía, cómo Kaiya golpeaba furioso a Fudo y cómo Yoshiro se levantaba y se quedaba parado en medio de la sala sin saber qué hacer.

––No lo vuelvas a tocar ––Kaiya le ordenó al oído, mirándolo amenazante y algo más que Fudo no supo interpretar.

––Kaiya, por favor, suéltalo ––Yoshiro reaccionando finalmente, se acercó para separarlos. Pero no lograba sujetar a ni a uno ni al otro, ya que no cesaban de moverse. Fudo intentaba protegerse de los golpes y Kaiya no parecía tener intenciones de detenerse.

––Si vuelves a tocarlo, no te consideraré ––se volteó a mirar al rubio sin soltar a Fudo, quien se lamía el labio partido.

Fudo pensaba que si eso era considerarlo, mejor no investigar a qué se refería con lo que acababa de decir. Ya le había partido el labio y apenas podía abrir un ojo; además de que sentía que le había sacado de sitio la quijada.

––Si quieres que no lo toque, juega entonces tú conmigo ––Fudo supo, antes de ver la furia en sus ojos, que había escogido el peor momento para provocarlo.

Kaita lo golpeó inmisericorde, rompiéndole la nariz y partiéndole una ceja.

––¡Suéltalo! ––gritó Yoshiro perdiendo la paciencia. No entendía qué le había querido decir el chico con la mirada de minutos antes––. No pasó nada ––intentó aclararle, pero eso pareció caerle peor al moreno quien volvió a mirarlo y sin despegar la mirada de sus ojos azules, lanzó a Fudo al suelo. Luego, se dio media vuelta y salió de la casa, azotando la puerta.

El rubio miró hacia la puerta sin saber si debía ir tras él. Luego, miró a su ensangrentado amigo en el suelo, deseando patearlo. Pero no lo hizo, por supuesto. Era su mejor amigo, por más estúpido e inconsciente que fuera. Era la persona que había soportado sus borracheras y malhumor en esos cuatro años; animándolo y prometiéndole que Kaiya acabaría perdonándolo. Por eso, lo agarró por un brazo y lo ayudó a levantarse. Luego, lo acercó a una butaca donde hizo que se sentara y echara la cabeza hacia atrás para que no siguiera sangrando––. Akiyama, Yuto, llamen al Dr. Myooji ––ordenó, suspirando aliviado cuando se fueron. Lo tenían mal con sus risitas histéricas.

––Joder, me dañó mi hermosa estructura facial ––Fudo no podía evitar bromear, ni siquiera en un momento como ese––. El maldito es fuerte ––hizo una mueca de dolor cuando el rubio le pasó una servilleta por el rostro para quitarle un poco de sangre––. Debería ser boxeador ––agarró la mano que lo limpiaba––. ¿Estás molesto? ––lo miró con una risa nerviosa, porque no podía negar que estaba preocupado.

––¿Para qué preguntas si sabes la respuesta? ––molesto, recuperó su mano––. ¿Por qué no le devolviste los golpes? ––no pretendía que le hiciera daño al moreno; pero sabía que hubiera podido defenderse de haberlo querido.

––Porque me sorprendió y porque me lo merecía ––sonrió, quejándose al dolerle el labio.

––Eres un inconsciente ––suspiró cansado––. Pero aunque me duela, si pierdo a Kaiya, hasta aquí llegó nuestra amistad ––vio su mirada asombrada, dolida, y, por unos segundos, deseó dar para atrás en el tiempo para evitar lo que había sucedido esa mañana en el sofá. Él también había tenido culpa y Kaiya, concluyó molesto.

La llegada del Dr. Myooji evitó que siguieran hablando. El médico desinfectó sus heridas, le dio par de puntadas en el labio y la ceja, le puso un pequeño tabique en la nariz y le ordenó que fuera al hospital a hacerse unas radiografías para descartar la posibilidad de daños internos. Akiyama y Yuto se ofrecieron a llevarlo al hospital; mientras Yoshiro indicó que se quedaría a esperar a Kaiya.

Una vez que todos se hubieron marchado, Yoshiro subió a la habitación que compartía con el moreno y se tiró sobre la cama. A los pocos minutos, se sentó y encendió un cigarro. Luego, se dejó caer sobre la cama de nuevo. Se colocó de lado, se volvió a sentar y, ya hastiado de tanto movimiento, se tiró hacia atrás nuevamente.

––¡Idiotas! Los dos son unos idiotas ––refunfuñó mirando el techo––. Y yo lo soy más por preocuparme por ambos ––se sentó, dando una calada al olvidado cigarro. Estaba molesto, preocupado, asustado y dolido. Aquellos dos le habían parecido perros peleando por un pedazo de carne––. Joder, soy algo más que un buen cuerpo ––gruñó, sonriendo a pesar de todo porque no había sonado nada humilde––. Kaiya, ¿dónde carajo estás?, ¿qué estás pensando? ––apagó el cigarro y se volvió a dejar caer en la cama. Abrazó la almohada del moreno, enterrando el rostro en ella para llenarse de su olor––. Regresa a mí ––murmuró cerrando los ojos.

Dr. Myooji regresaba del hospital. Por fortuna, Fudo no tenía daños internos; así que, no habían tardado en regresar a la casa. Él había pasado por la habitación de Kiyoshi antes de marcharse. Su amigo estaba con su hermosa esposa, recordando viejos tiempos. Los acompañó un rato y luego los dejó solos. Sacaba las llaves del maletín, cuando vio a Kaiya caminando con las manos en los bolsillos.

––Kaiya ––el chico caminaba con la cabeza baja y dudaba que lo fuera a ver si no lo llamaba.

––Dr. Myooji ––Kaiya se detuvo, asombrado pues no se había percatado que había tomado el camino que lo llevaba de regreso a su hogar. Saludó al hombre por educación; porque lo menos que quería era compañía.

––Déjame ver tus manos ––solicitó, ya que sabía que había sido quien había golpeado a Fudo. Akiyama y Yuto le habían contado cómo, sin razón aparente, este le había dado tremenda golpiza al otro.

El moreno lo miró sorprendido, pero obedeció.

––Entra ––abrió la puerta y esperó a que el chico pasara––. Sígueme ––se dirigió a su oficina––. Abre y cierra la mano ––quería verificar que no tuviera fracturas––. ¿Se puede saber por qué fue que pelearon? ––preguntó, desinfectando sus ensangrentados nudillos.

––Por Yoshiro ––contestó serio, mirando hacia la casa a través de la ventana.

––¿Quieres hablar sobre eso? ––quería ayudar al chico. Hacer lo que debería de haber hecho años atrás.

––No tiene que sentirse culpable ––la respuesta del chico, lo dejó atónito––. No lo hubiera denunciado, aunque hubiera intentado convencerme ––le contestó sin despegar la mirada de la otra casa.

––¿Por qué? ––el médico había olvidado lo perspicaz que este era.

––Es mi hermano ––miró la foto que el hombre tenía sobre la mesa––. ¿Son mi padre, mi tío y usted? ––lo miró asombrado. No sabía que había conocido a su padre antes de casarse con su madre.

––Sí, gracias a nuestra amistad fue que tus padres se conocieron. Cuando tu tía se hizo novia de Kiyoshi, lo primero que hizo fue obligarnos a salir todos juntos. Quería que su hermana conociera a los mejores amigos de su novio ––le contestó, entendiendo que no quería hablar más sobre el asunto. Le hubiera gustado que el chico se sintiera en confianza para hablar con él sobre lo que quisiera.

––Típico de ella ––comentó el moreno sonriendo. Amaba a su tía, a quien llamaba mamá porque además de ser la gemela de su madre, siempre lo había tratado con el mismo amor que ella.

––Si quieres hablar con alguien, te prometo que lo conversado, quedará entre nosotros ––desde que el rubio había regresado los ojos del chico habían cobrado vida; en cambio, en esos momentos, comenzaban a verse vacíos. Y eso no le gustaba.

El chico le agradeció con la cabeza y se marchó. Se encaminó hacia su casa, ya que comenzaba a oscurecer y no quería preocupar a su madre si regresaba y descubría que él no estaba. Suficientes preocupaciones tenía con su padre aún en el hospital.

––Aki, por favor, dame agua ––Fudo estaba acostado en el sofá y tan drogado por el medicamento que le habían inyectado para el dolor que temía que si se levantaba acabaría comiéndose el suelo.

Akiyama y Yuto se habían quedado dormidos en el suelo, frente al televisor, abrazados.

––Toma ––Fudo se cubrió el rostro al reconocer su voz y, luego al ver el vaso de agua, se echó a reír.

Kaiya caminaba hacia la escalera, cuando lo escuchó. Al ver que ni su hermano ni su cuñado se movían, entendió que estaban dormidos. Así que, suspirando pesadamente, entró a la cocina y sirvió un vaso de agua para el maldito pervertido. No lo odiaba, sólo no lo soportaba cerca de Yoshiro.

––Gracias ––agarró el vaso, pero este se le resbaló de las manos. Hubiera acabado todo mojado de no ser porque el moreno sujetó el vaso y se lo llevó a los labios para ayudarlo a beber. Aprovechó la ocasión para observar los nudillos lastimados del chico––. Kaiya, lo siento. No pensé, pero sabes que ese no es mi fuerte ––añadió riéndose, aunque se puso serio de inmediato––. No quería lastimarte.

El moreno lo miró serio, cansado. Sin hablar, se levantó y se marchó a su habitación.

––Mierda, creo que ahora sí la cagué. Yoshiro no me perdonará, si Kaiya no le vuelve a hablar ––murmuró intentando mantenerse despierto por si el chico volvía a bajar con intenciones de marcharse. Pero el efecto de los medicamentos, fue más fuerte que su voluntad. Se quedó dormido antes de que el moreno entrara a su habitación.

––Kaiya ––Yoshiro despertó al sentir que alguien se acostaba a su lado. Al abrir los ojos, se encontró con el moreno mirándolo serio––. ¿Dónde estabas? ––acarició su rostro, aunque le imponía la seriedad con que lo miraba.

––¿Hay algo entre Fudo y tú? ––fue directo al grano.

––¡No! No hay nada entre nosotros y ––comenzaba a cabrearse, ¿cómo que si había algo entre Fudo y él? ¿Qué se creía? ¿Acaso pensaba que cualquiera lograba excitarlo o que le ofrecía su culo a cualquiera?––… sólo me masturbó ––aclaró, viendo cómo esa información cabreaba al chico––. ¡Fue tu culpa! Sabías que estaba excitado y te largaste, ¡coño! No lo busqué ni le permití que me besara y ––¿por qué carajo estaba dándole tantas explicaciones? Parecía una mujercita suplicando que lo perdonara y la culpa no era enteramente suya ni de Fudo––… los tres tuvimos mucho que ver en el asunto ––concluyó mirándolo molesto y preocupado. Aunque quisiera negarlo, le preocupaba que se alejara.

Kaiya primero se asombró con su estallido, luego le cabreó lo de la masturbación y que lo culpara; pero, finalmente, tuvo que aceptar que le había alegrado su aclaración de que no había buscado al pervertido ni le había permitido besarlo.

––No volveré a dejarte en esas condiciones ––prometió, acariciándole los labios. Pensando que si no se pasara todo el tiempo preocupado porque los fueran a ver, él no se hubiera marchado. Había sido el rubio el que le había cabreado al comentar que estaban en la entrada. Aunque la verdad era que si no se hubiera marchado, le hubiera hecho el amor allí mismo––. No vuelvas a dejar que te toque, porque si lo haces, mejor te largas con él.

Aquellas palabras le dolieron al rubio––. ¿Por qué? ––tenía que preguntar, ya no aguantaba más.

––Porque tus labios y tu boca son míos ––al decir eso, lamió sus labios antes de besarlo posesivamente––. Porque sólo yo puedo tenerte desnudo entre mis brazos ––dijo, desnudándolo––. Es mía la suavidad de tu piel ––pasó a acariciar, lamer, mordisquear cada centímetro de la misma. Se metió su polla a la boca haciéndolo gritar excitado––. Sólo yo puedo conocer tu sabor ––dijo, tragándose su leche cuando logró que se corriera.

––Kaiya, Kaiya ––Yoshiro se estremecía sin control. Sus palabras lo excitaban casi tanto como la manera en la que reclamaba posesivo su cuerpo.

––Sólo yo puedo saborear y acariciar tu interior ––lo había hecho acostar bocabajo y, luego de recorrer su espina dorsal con los dientes haciéndolo jadear fuertemente, le había introducido la lengua y dos dedos por el culo.

––Ahhh, ahhh, más ––la vergüenza, su orgullo de hombre, los había perdido hacía tiempo. Ahora lo único que le importaba era el moreno que sabía perfectamente como enloquecerlo de deseo.

––Yoshiro, dilo ––pidió el chico penetrándolo lenta, profundamente.

¿Decir?, ¿decir qué?, se preguntaba el rubio moviéndose al ritmo marcado por su amante.

––Kaiya, ahhh, soy tuyo… tuyo ––se encontró diciendo y entonces comprendió que lo que su mente se rehusaba a procesar, su cuerpo lo había aceptado hacía tiempo. Escucharse decirlo fue liberador.

Sorprendido, Kaiya sintió cómo una solitaria lágrima descendía por su mejilla. Alzó el hombro para secarla––. Eres mío, no lo olvides ––murmuró inclinándose a oler su cabello. Amaba su olor. Por alguna razón, lo hacía regresar al momento en que el rubio lo tuvo entre sus brazos por primera vez. Su madre le aseguraba que no podía recordarlo, porque sólo tenía dos años. Pero él jamás lo había olvidado.

––Hijos ––unas horas después, la madre llamaba a su puerta, haciendo que el rubio brincara.

––Toma ––Kaiya se quitó la camisa y se la pasó, porque su ropa había acabado tirada por toda la habitación y sabían que la mujer no esperaba mucho antes de entrar. Se levantó y fue a abrir la puerta para impedir que entrara como un torbellino, provocándole un infarto a Yoshiro.

––Mamá ––la saludó, bloqueándole la entrada a la habitación.

––¿Peleaste con Fudo? ––acababa de pasar por la sala y ver el hermoso rostro del chico todo agolpeado e hinchado.

––Sí ––contestó, pendiente de cómo ella no perdía detalle de su torso desnudo.

––¿Por qué? ––le divertía ver cómo, aunque el moreno bloqueaba gran parte de la vista de su habitación, Yoshiro buscaba disimuladamente su pantalón, vestido sólo con la camisa del menor.

––Por Yoshiro ––confesó tranquilamente.

El rubio escuchó espantado al chico. Tenía que encontrar su pantalón para acercarse e impedir que siguiera hablando. Kaiya no hablaba mucho, pero cuando lo hacía era franco con cojones y más con su madre. A ella, nunca le había mentido. Virtud que a él y a Akiyama les fastidiaba cuando era pequeño.

––Son amigos desde que eran unos chiquillos ––quería descubrir por qué había sido la pelea.

––Lo sé, pero supongo que incluso a alguien como él ––recalcó las palabras “alguien como él” –– le cabrearía que tocaran a su amante ––escuchó cómo el rubio tropezaba con la cama y soltaba una ristra de maldiciones.

––Cariño, no recurras a la violencia ––le acarició el rostro, observando cómo Yoshiro se acercaba cojeando y completamente blanco––. Intenta conversar antes, ¿sí? ––le pidió, aunque sabía que cuando del rubio se trataba, el moreno no pensaba con claridad––. Amor, préstame a Yoshiro unos minutos.

Yoshiro tropezó con sus propios pies, cuando escuchó a su madre. Miró a Kaiya con miles de preguntas en los ojos, pero este sólo le acarició suavemente el cabello cuando pasó por su lado.

––Cielo, siéntate aquí ––la mujer había entrado a su cuarto de costura y luego de quitar algunas telas de un mueble lo invitó a sentarse a su lado––. ¿Te gusta Fudo? ––tenía que aclarar ciertos detalles antes de tocar el tema que le interesaba.

––¡No! ––¿dónde carajo habían quedado sus cigarros? Temía que esa no iba a ser una conversación fácil.

––Entonces, tendrás que hablar seriamente con él ––lo abrazó para tranquilizarlo. Conocía a su hijo mayor. Siempre preocupado, siempre pensando en los demás. Era un buen hijo y un buen hombre, a pesar del tiempo que había pasado huyendo de sí mismo––. Tienes que hacerlo comprender que ahora que Kaiya es tu amante, ya no pueden andarse con juegos, aunque eso no significa que vayan a dejar de ser amigos.

Yoshiro abrió la boca y la cerró rápidamente al pensar que se vería como un perfecto retrasado.

––Hace tiempo que lo sé ––sonrió divertida––. ¿Recuerdas la primera vez que ustedes dos se vieron? Kaiya no había parado de llorar desde que habían llegado. El viaje de ocho horas lo había agotado y estaba de malhumor. Pero tan pronto te vio bajar por las escaleras, dejó de llorar. Y cuando lo cogiste en tus brazos, acarició tu rostro y sonrió ––complacida, observó cómo una hermosa sonrisa se formó en los labios de su hijo.

––Lo recuerdo ––admitió, recordando su confusión por todos los sentimientos y sensaciones que inundaron su ser.

––Cuando saliste corriendo de la casa, hizo que lo pusiéramos en el suelo. Entonces, caminó hasta la puerta y sin despegar sus hermosos ojos verdes de ti, que jugabas con Fudo, ¿sabes lo que dijo? ––la mujer no podía evitar sentir nostalgia. Ese día, había sido de los mejores; ya que había sido la primera vez que las dos familias compartían juntas––. ¡Mío! ––la mujer lanzó una carcajada, recordando su rostro serio al decir aquellas palabras––. Sólo tenía… ¿cuánto?… dos añitos, ¿no?

––Sí, dos años ––respondió, sintiéndose en otra dimensión. Hacía pocas horas que el moreno le había hecho decir que era suyo, luego de aclararle que le pertenecía. Pero si siempre lo había sentido suyo, ¿en qué lugar encajaba Akiyama? Sabía que Kaiya había estado enamorado de él o aún lo estaba, ¿quién sabía? Él no, obviamente; porque de lo contrario no estaría rompiéndose la cabeza.

––¿En qué piensas? ––conocía bien a su hijo. Tan bien, que sabía que estaba pensando en Akiyama––. ¿Estás pensando en su enamoramiento con Akiyama?

––¿Cómo…? ––miró a su madre más que sorprendido. ¿Es que ella no iba a parar de asombrarlo? ¿Cómo podía ella saber, primero que nada, que Kaiya y él eran amantes desde hacía un tiempo? Y ¿cómo podía saber que él acababa de pensar exactamente en lo que ella había dicho?

––Para una madre, no hay secretos ––le agarró la mano––. ¿Recuerdas la chica con la que te ibas a casar? Pensabas que la amabas, ¿no es así? En cambio, la olvidaste rápidamente, ¿verdad?

Yoshiro no contestó; pero tuvo que aceptar que prácticamente no había dedicado más de cinco minutos, muy de vez en cuando, a pensar en ella desde que se había marchado. Claro que, en aquel entonces, se había dicho que la culpabilidad y preocupación que sentía por Kaiya no daban espacio para nada más.

––Lo mismo pasó con él ––inclinó la cabeza, recordando cómo el morenito miraba a su hermoso pero tonto segundo hijo––. Pensaba que amaba a Akiyama. Pero si eso hubiera sido cierto, cuando Yuto vino por primera vez de visita, él se hubiera desmoronado y no fue así. Se sintió decepcionado, pero no destrozado ––el chico de aquel entonces no había dominado el arte del disimulo y ella podía leer su rostro perfectamente. Por eso, sabía que había superado ese leve enamoramiento––. Hijo, prométeme que lucharás por tu felicidad y cuidarás de él.

––¿Cuidar de él? ––el rubio sonrió, pensando que su madre seguía viendo al moreno como un chiquillo.

––Sí, cuidarlo ––la mujer sonrió, pensando que los hijos siempre se creen que saben más que los padres––. El que parezca decidido, no significa que lo sea. Aún es un jovencito batallando con el pasado.

¿De qué hablaba su madre? Kaiya no era inseguro o ¿sí?––. Vale, lo prometo.

––Regresa a su lado ––la mujer lo acompañó hasta la puerta y sonrió al ver que cómo el moreno se acercaba a besarlo y cómo el rubio se ponía de todos los colores––. Por poco olvido para qué subía ––aunque había tenido un buen motivo para su olvido, pensó––. Mañana dan de alta a su padre.

––Voy contigo a buscarlo ––dejando a un lado la vergüenza, el rubio se volteó a mirarla.

––¿Quieres que arregle la habitación? ––Kaiya imaginaba que tendrían que buscar equipos especiales para comodidad de su padre.

––Dile a Akiyama y Yuto que te ayuden. Gracias, mis amores ––se despidió de los chicos y se dirigió a la sala. No entendía cómo Fudo había acabado haciendo lo que precisamente le había pedido que no hiciera. Bueno, sí sabía por qué había pasado. Fudo se resistía a aceptar la verdad y tuvo que comprobar de manera bastante dolorosa, por cómo había visto que había quedado su rostro, que ella había acertado. Cuando llegó al final de las escaleras, escuchó que llamaban a la puerta. Pero antes de que ella se encaminara hacia la misma, Yuto la abría. Al ver de quién se trataba, sonrió y se retiró a su habitación.

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