Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 10

en agosto 6, 2010

––¿Es esta la residencia de los padres de Yoshiro? ––preguntó un atractivo joven.

––Sí, ¿quién lo busca? ––Yuto se rió por lo bajo al recordar que no había preguntado primero quién lo procuraba antes de contestar, como le había explicado la madre miles de veces.

––Yuto, ¿con quién hablas? ––Akiyama se recostó del hombro de su novio, observando al hermoso joven parado en la entrada.

––No sé, preguntó por Yoshiro ––de inmediato, el pelirrojo abrazó a su novio. Ese chico le había despertado muchas fantasías que hacía tiempo había olvidado.

––¿Quién eres? ––el peli-castaño besó suavemente a su novio para dejarle bien claro a ese desconocido que este tenía dueño.

––¿Me podrían decir si se encuentra Fudo? ––el chico disimulaba como podía las ganas de reír.

––¿Fudo? ––Yuto abrió del todo la puerta, permitiéndole pasar––. ¿Eres uno de sus novios? ––le importaba muy poco estar siendo indiscreto. Pero es que no entendía cómo Fudo podía andar con otros, si había logrado meter a ese joven a su cama. Era precioso y eso era algo que se callaría, pues apreciaba su vida.

––Está acostado en el sofá-cama ––Akiyama lo llevó hasta la sala, alejándolo de su novio. Ya arreglaría cuentas con él por estar mirando de aquella manera al desconocido.

––¿Qué le pasó? ––el chico se acercó rápidamente al mueble y se sentó al lado del maltratado hombre, acariciando con delicadeza su cabello.

––Kaiya lo golpeó ––a Yuto no le había pasado desapercibido que el chico no había respondido a su pregunta.

––¿Por qué? ––el chico intentaba recordar quién era Kaiya. Sabía que había escuchado su nombre.

––No sabemos, pero creo que tuvo que ver con mi hermano mayor ––comentó Akiyama preguntándose aún qué rayos era lo que había pasado entre ellos tres.

––Escuché que Kaiya le decía a Fudo que no volviera a tocar a Yoshiro ––Yuto cotilleaba con su novio––. Sabes que son amantes y tu hermanito parece del tipo posesivo y agresivo ––comentó sin admitir que él era del mismo tipo.

––No es agresivo. Jamás lo había visto actuar así ––el peli-castaño no podía evitar salir en defensa del moreno. Después de todo, era su hermano menor y siempre lo había tratado bien; aunque se había vuelto distante, cuando Yoshiro se había marchado al extranjero.

El joven escuchaba la conversión con sentimientos encontrados. Por un lado, le dolía que Fudo no lo hubiera extrañado y siguiera detrás de Yoshiro; por otro lado, se preguntaba si hablaban del Kaiya que acababa de recordar. Si era así, este era el hermano menor del rubio y esa pareja acababa de decir que eran amantes. Si hubiera escuchado algo así de Fudo, no le hubiera asombrado en lo más mínimo. Pero hablaban de Yoshiro, quien siempre rechazaba las invitaciones de Fudo para tener sexo con él, pues prefería a las mujeres.

––¿Me podrían decir dónde queda la hospedería más cercana? ––el chico se levantó lentamente. Quería quedarse y atender a Fudo; pero no se atrevía a imponerse. Ni siquiera había avisado que llegaría y acababa de presentarse de madrugada.

––Puedes dormir aquí ––Yuto sintió una cosquillita algo perversa recorrer su cuerpo.

––Si unimos estas butacas con el loveseat, puedes dormir a su lado ––Akiyama empujó a Yuto para que lo ayudara a mover los muebles y acomodar al chico al lado de Fudo––. Ya hemos dormido aquí y es cómodo ––pensó que, aunque no fuera así, no iba a meterlo a su habitación.

––Gracias ––sonrió agradecido; ya que, de esa manera, podía atender a Fudo y estar pendiente de sus medicamentos––. ¿Está tomando algo para el dolor? ––preguntó antes de que la pareja desapareciera, porque veía cómo el peli-castaño empujaba al pelirrojo hacia las escaleras.

––Las pastillas están sobre la mesa de la esquina ––Yuto señaló los medicamentos, riéndose mientras se dejaba arrastrar hacia la habitación. Amaba que Akiyama lo celara y así tiempo que no lo hacía. Genial, nada como una apasionada noche de sexo para renovar el amor, pensó pícaro, agradeciendo la inesperada visita de ese joven.

––Fudo, idiota, ¿por qué sigues acosando a Yoshiro? Sabes que no te ama ––en cambio, yo sí, añadió en su mente, acostándose a su lado. Se recordó que había jurado no volver a decir que lo amaba en voz alta. Había cometido ese error años atrás y lo que había conseguido había sido que le ofreciera ser parte de sus juegos. No quería que lo considerara un juego. Estúpidamente había pensado que podría amarlo––. Ese Kaiya, te dio tremenda paliza ––murmuró pasando el dedo con suavidad por sus heridas.

Fudo era arrebatadoramente apuesto, de tez morena y ojos grises. Alto, increíblemente alto y con un cuerpo de pecado. Su cabello original era marrón, pero debido a pasarse tanto en la playa, lo tenía castaño claro. Este le caía sobre un ojo, dándole un toque misterioso que perdía cuando se topaban con su mirada pícara. Tenía labios carnosos que llamaban a la lujuria. Pero, a pesar de gustarle muchísimo físicamente, se había enamorado de él por sus sentimientos.

Primero, lo había contratado sin tener edad para trabajar, cuando se enteró que buscaba trabajo para ayudar a su madre con los gastos del hogar y de sus seis hermanos menores. Segundo, lo había visto arrastrar y animar a Yoshiro cuando este regresaba en pésimo estado tras salir con cualquier tipa y beber hasta casi perder el sentido. Tercero, lo había escuchado tranquilizar a la madre del rubio cuando ella se presentó a escondidas para saber cómo estaba su hijo. Fudo tenía buenos sentimientos. Pero, por alguna razón, prefería pasar por la vida tratando el sexo como un juego, cuando podía ser mucho más que eso y él quería la oportunidad de demostrárselo. Acarició sus labios con tristeza.

––¿Tom? ––murmuró Fudo al abrir pesadamente los ojos y toparse con su mirada––. Que sueño tan jodidamente real ––murmuró adormilado, sonriendo––. Dame otro beso… antes de que despierte sin ti, como suele… sucederme siempre que sueño contigo ––tartamudeaba por el sueño y los efectos del medicamento; pero aún así, se río y frunció los labios, en espera del anhelado beso.

El chico sintió que el corazón le latía a mil al escuchar que soñaba con él, quería creer que decía la verdad. Cuando vio que cerraba los ojos, se acercó y besó suavemente sus labios––. Te amo ––susurró antes de poder evitarlo.

––Y yo a ti ––murmuró el ojigris, quedándose dormido.

Tom lloró en silencio. Llevaba años deseando escucharlo decir eso y ahora que lo decía, no contaba. Estaba drogado y a saber con quién lo estaba confundiendo. Seguramente, habría metido varios Tom en su cama. Se secó las lágrimas, furioso consigo mismo por amarlo tanto, por permitirle que lo lastimara una y otra vez al pasar frente a él con sus amiguitos o amiguitas de juego; pero, sobre todo, por hacer que su corazón latiera ilusionado, absurdamente esperanzado. Cerró los ojos con fuerza, necesitaba dormir. Estaba agotado por el largo viaje, conmocionado de haberlo encontrado en ese estado y por confirmar que seguía estando aferrado a ese amor imposible.

––¡¿Tom?! ––Yoshiro miró asombrado y contento al chico que dormía abrazado a Fudo. Horas después de la llegada del chico, el rubio había bajado apresurado las escaleras. Seguramente, su madre estaría esperándolo para ir a buscar a su padre el hospital. Había quedado en llevarla y, por culpa del moreno, se le había pegado la frisa––. Perdona, no pretendía despertarte ––se excusó cuando el chico abrió los ojos aún soñoliento.

––No es nada ––añadió sonriendo––. Yo soy quien debería disculparse por aparecer sin avisar ––añadió, enrojeciendo al darse cuenta de que Fudo lo tenía fuertemente abrazado a su cuerpo y él también lo estaba abrazando.

––No tienes que disculparte. Me alegra que finalmente pudieras viajar a nuestro país ––Yoshiro se recostó del sofá, sonriendo sinceramente. Apreciaba al chico, porque era trabajador, responsable y estaba locamente enamorado de su insensato amigo––. ¿Cuándo llegaste?

––Esta madrugada. Creo que conocí a tu hermano y su pareja ––observó al atractivo y serio moreno que se paraba al lado del rubio.

––Conociste a Akiyama y Yuto, pues estaban “cuidando” a Fudo. Por lo que, imagino que vieron el cielo abierto cuando llegaste ––el rubio se rió, seguro de que habían sido ellos quienes lo habían acomodado al lado de su amigo––. Perdona, no los he presentado ––añadió al darse cuenta de que Kaiya estaba a su lado y de que el chico lo miraba curioso––. Él es Tom, nuestro empleado estrella y un gran amigo. Él es Kaiya…

––El que le partió la cara a Fudo ––el moreno había visto cómo miraba sus nudillos lastimados.

––Imagino que se lo buscó ––murmuró el chico mirando al hombre que lo abrazaba. Lo amaba, pero conocía perfectamente su forma de ser. Observó discretamente a la pareja y comprobó que era cierto lo que habían dicho los chicos sobre el rubio y su hermano menor. La mirada de Yoshiro decía lo mucho que amaba al moreno. La manera en que el moreno estaba parado a su lado levantaba una barrera entre ellos y el resto del mundo. Era obvio que consideraba que el rubio era suyo y de nadie más.

––Se lo buscó, aunque probablemente se me fue la mano ––comentó al percatarse de la mirada enamorada del chico hacia el pervertido.

Para sorpresa de Yoshiro, ambos chicos se miraron y sonrieron. Era como si, de repente, se hubieran hecho grandes amigos. Le chocó ver al moreno sonreír con otro chico de su edad. Sólo que Tom no era un chico común. Tom, al igual que Kaiya, había sufrido mucho y era demasiado maduro para su edad. Además, era homosexual y probablemente del tipo que le gustaba a Kaiya, pensó comenzando a irritarse por el color del cabello del chico, el mismo que Akiyama.

––¡¿Tom?! Querido, ven acá, déjame darte un abrazo ––la madre salía de la cocina agradeciendo la ayuda del café, porque había tardado en acostarse. Había estado preguntándose cómo sería su vida cuando regresara su marido.

––Lamento haber llegado de improviso ––el chico salió del mueble y se acercó intentando disculparse, antes de ser arropado por los brazos de la mujer.

––¡Tonterías! ¿Cuántas veces te dije que nos visitaras? ––lo besó y volvió a abrazar––. ¿Dormiste bien?

––¿Se conocen? ––Yoshiro miraba a su madre y al chico. Era obvio que no era la primera vez que se veían. Pero ¿cómo, cuándo, dónde se habían conocido? Y ¿por qué él no lo sabía?, ¿lo sabría Fudo?

––Sí. Pero, buscaré una hospedería… ––hablaba con una linda sonrisa por las muestras de afecto de la mujer.

Ese sí, ¿significaba que ya conocía a su mamá o estaba diciendo que sí había dormido bien? Yoshiro sabía que el chico jamás había salido de su país y que su madre jamás había ido a visitarlo, por lo que dedujo que habían hablado por teléfono. Aunque la actitud de ambos era demasiado familiar.

––¡No te atrevas! Kaiya, ya sabes dónde acomodarlo ––miró a su hijo menor, quien asintió––. Perfecto, nos vemos a la tarde. Voy a buscar a mi marido. Yoshiro, vámonos ––se dirigió hacia el auto, con una sonrisa divertida, al ver cómo su hijo mayor miraba al chiquillo de Fudo. Estaba celoso, porque Kaiya parecía tener buena química con Tom––. Qué interesante ––murmuró, entrando al auto.

––¿Cómo es que ustedes se… ––el rubio no pudo terminar lo que iba a decir y, de hecho, lo olvidó por completo, cuando el moreno se paró delante de él y le dio un apasionado beso.

––Te están esperando ––Kaiya lo agarró por la cintura y caminando de espaldas, lo llevó hacia la puerta. Sin dejar de besarlo, se giró y lo empujó con suavidad hacia el exterior de la casa––. Nos vemos luego ––dijo, cerrándole la puerta prácticamente en la cara.

Tom no pudo evitar echarse a reír. Ese chico era temible. Aparentemente, si deseaba besar a Yoshiro, lo hacía sin importar si estaban o no acompañados. Y no eran simples besos. No, eran de esos que te hacen gaguear y olvidar lo que ibas a decir, como vio que le pasó a su jefe. No podía negar que era divertido ver al rubio perder el color y luego recuperarlo violentamente por culpa de un chico.

––¿No te preocupa que se moleste? ––Tom observó al impasible moreno.

––¿Molestarse?, ¿quién? ––Kaiya lo miró curioso––. Ven, te enseñaré dónde puedes quedarte con Fudo ––comenzó a subir las escaleras, mirando cómo el chico movía la cabeza y se reía.

––Prácticamente lo echaste ––Tom lo seguía preguntándose dónde los iban a acomodar. No sabía si sería sensato que durmiera con Fudo, como tampoco sabía si él aceptaría compartir solamente el colchón. Y eso sería lo único que compartieran, mientras él no estuviera seguro de que no sería un juguete más.

––¿A Yoshiro? ––Kaiya frunció el ceño, no quería echarlo, ¿eso era lo que había parecido?, se preguntaba mientras le indicaba al chico su habitación, la de Akiyama y el cuarto de costura––. Espero que no te moleste dormir en el ático ––comenzó a subir por una escalera escondida tras una puerta.

––Por supuesto que no ––de hecho, al chico le encantaban los áticos, pues había miles de cosas que curiosear––. Pero no quiero ser una molestia ––añadió, observando que el lugar era tal como se lo había imaginado, sólo que limpio––. ¿Qué edad tienes?

––No molestas. Tengo 18, ¿y tú? ––Kaiya abrió el clóset y sacó ropa de cama para el colchón que se encontraba frente a la pequeña ventana––. Es cómodo ––terminó de vestir la cama y se tiró sobre el colchón.

––También ––aunque el moreno era joven, tenía algo que lo hacía verse mayor, probablemente la seriedad con que actuaba––. Nunca había visto un ático tan limpio ––se acostó al lado del chico.

––Luces más joven ––comentó Kaiya, observando de reojo sus delicados gestos––. Pasaba muchas horas aquí y le tengo especial cariño ––recordó las horas, los días, que había pasado allí luego de que el rubio se hubiera marchado. En ese colchón, había maldecido, odiado y llorado por todo lo que había sucedido y no comprendía––. Estás enamorado de Fudo, ¿verdad? ––se volteó a mirarlo.

––Sí, desde el momento en que logré ver detrás de su fachada ––para su sorpresa, comenzó a llorar––. Lo… lo siento…, debe ser el… cansancio.

––No tienes que disculparte ––el moreno lo abrazó con fuerza.

Tom sonrió, a través de las lágrimas. Hacía años que nadie lo confortaba; exactamente los años que su padre llevaba muerto. Su madre estaba demasiado ocupada con sus hermanos menores como para sentarse a abrazar a cualquiera de ellos por el simple hecho de que estuviera triste, por más que ella quisiera––. Gracias.

––¿Por qué no te has acostado con él? ––le secó las lágrimas y retiró el cabello que caía sobre sus ojos.

––¿Es tan obvio que soy virgen? No quiero ser uno más ––explicó, volviendo a sentirse triste. Dios, ¿qué le pasaba?, ¿por qué estaba tan deprimido?, ¿acaso era porque no olvidaba que le había dicho que lo amaba aunque sabía que no lo decía en serio?

––Imposible que alguien te considere uno más ––besó su cabello, pensando que era demasiado inocente para ese pervertido. Pero, por otro lado, quizás esa inocencia era lo que necesitaba el maldito para sentar cabeza de una buena vez.

––Tómame ––Tom besó tímidamente sus labios, haciendo por primera vez en su vida algo completamente insólito. Por alguna razón, se sentía cómodo con el moreno y con la confianza de pedirle algo que jamás se había atrevido a pedirle a nadie, ni siquiera al hombre que amaba.

––No quieres follar con cualquiera ––Kaiya lo besó suavemente––, quieres hacer el amor con Fudo. Acostarte con otra persona, sólo te satisfará momentáneamente y luego te sentirás como una mierda.

––Le dije que lo amaba y me rechazó ––bajó la cabeza, sintiéndose estúpido. Acababan de rechazarlo por segunda vez, ¿no? Ofrecía amor y lo rechazaban, ofrecía sexo y lo rechazaban, aquello no pintaba bien. ¿Acaso era desagradable a la vista? Siempre se había considerado alguien común, no era extremadamente atractivo (en eso, el chico se equivocaba) ni extremadamente feo.

––¿Qué esperabas? ––el moreno le alzó el rostro y lo besó. Le tenía cariño y veía que sentía que volvían a rechazarlo––, en el fondo es un gallina. Tiene miedo de lo que le inspiras.

––¿Lo que le inspiro? ––Tom no había podido evitar reírse de sus palabras. En realidad, su tierno beso lo había hecho sentir bien. Agradecía que no se hubiera cabreado con él, pues era el primer amigo que hacía y, por alguna extraña razón, sentía que lo serían siempre.

––Me parece que siente por ti algo más que deseo ––Kaiya se levantó y levantó al chico––. De no ser así, hubiera insistido en acostarse contigo hace tiempo y ya te hubiera olvidado. Vamos.

––¿A dónde? ––Tom se reía, mientras se dejaba llevar por el moreno.

––Tienes que despertar a Fudo para darle sus medicamentos ––señaló serio, pensativo.

Cuando llegaron a la sala, el moreno regresó los muebles a su posición original y se mantuvo a una prudente distancia.

––Fudo, despierta, es hora de tu medicamento ––Tom sacudió con cuidado al ojigris.

––¿Tom?, ¿qué haces aquí? ––Fudo no sabía si seguía soñando o el peli-castaño estaba realmente a su lado.

––Vine a traer el informe de los últimos días de trabajo y la llave del negocio ––le dijo secamente. ¿No podía saludarlo con entusiasmo? Le dolía la manera en que lo miraba. Parecía preocuparle, ¿molestarle?, que estuviera allí.

––Podías haberlos enviado por correo ––dijo sentándose y tomándose el medicamento que el chico le daba. Seguía sin saber si estaba alucinando por el efecto de los medicamentos y estaba confundiendo a Akiyama con Tom.

––Yoshiro me había invitado muchas veces a venir y no vi por qué desaprovechar la oportunidad si el negocio estará cerrado durante el mes de vacaciones ––se levantó cabreado y dolido. ¿Por qué carajo había atravesado el océano?, ¿para ser tratado como alguien indeseable?

––¿Dónde dormiste? ––Fudo se tocaba el rostro, contento de que ya no se sintiera tan hinchado como el día anterior. Si no estaba soñando, no quería que Tom lo encontrara con su hermoso rostro hecho papillas, pensó riéndose por lo bajo.

––Conmigo ––Kaiya abrazó al chico por detrás.

Tom se sobresaltó, pero al ver cómo Fudo dejaba de reírse y fruncía el ceño, se quedó a la expectativa.

––¿Contigo? ––preguntó con voz chillona, detalle que le sorprendió y molestó––. ¿Y Yoshiro?

––Yoshiro estaba molesto ––al moreno le divertía tanto la reacción del hombre, como su uso de la verdad.

––No te creo ––Fudo se rió, pero su risa no sonaba del todo sincera.

––Compartimos el mismo colchón ––Tom comentó como si nada. A fin de cuentas, sí habían estado acostados en el ático.

––No le harías eso a Yoshiro, él… ––se calló justo a tiempo. Había estado a punto de delatar a su mejor amigo. Y no le correspondía a él, decirle al moreno que el rubio lo amaba.

––El colchón no fue lo único que compartimos ––Kaiya besó el cuello del chicho, antes de sujetar su mentón para voltearle el rostro.

––Joder ––murmuró el hombre al ver cómo el moreno lamía los labios del chico, quien abría la boca permitiendo que su lengua la asaltara. Mierda, ver cómo sus lenguas jugaban y cómo las manos del moreno recorrían el pecho del peli-castaño hasta pellizcar una de sus tetillas haciéndolo jadear, lo estaba empalmando y cabreando. Se rió confundido. ¿Lo estaba cabreando?, repitió asombrado en su mente.

––¡Suéltalo! Ambos sabemos que desde que Yoshiro te violó, vives obsesionado con él ––le había encojonado tanto ver que bajaba la mano hasta el bulto entre medio de las piernas del chico que habló sin pensar antes de sujetarlo por un brazo, apartarlo y pegarle un puñetazo.

––¡Fudo! ––Tom miró anonadado al ojigris y, luego, al moreno. Vio miedo en los ojos del mayor y furia en los del menor. Sabía que Fudo era muchas cosas, menos mentiroso. Así que lo que acababa de decir con tan poca sutileza, tenía que ser cierto. Había visto cómo Kaiya besaba a Yoshiro y no le parecía una venganza ni un juego. Pero él acababa de conocerlos, así que ¿cuán cierta podría ser su impresión de la relación entre ambos?

––Mierda ––Fudo se rió nervioso. Ahora sí que la había cagado. Esta vez, no se salvaría de que le rompiera todos los huesos.

––¿Por qué me pegas? ––preguntó Kaiya, tranquilizándose luego de su furia inicial.

––Por… por… ¡por Yoshiro, obviamente! ––¿por qué carajo había titubeado al responder? Se rió nervioso, negándose a admitir que lo había golpeado por Tom.

––Yoshiro es mi asunto ––el moreno se zafó de su agarre con toda la calma del mundo––. Sabes bien que no fue por él ––comentó, agarrando al chico por la mano y llevándolo a la cocina––. No has desayunado, ¿verdad?

––No ––Tom lo siguió sin mirar hacia atrás, aunque quería hacerlo. Aunque imaginaba lo que intentaba hacer el moreno, estaba confundido y además no estaba seguro de que funcionara.

Luego de unos minutos, un incrédulo Fudo entró a la cocina. El moreno estaba preparando el desayuno, mientras escuchaba al peli-castaño hablar sobre su familia. Se sentó al lado del chico, mirando a Kaiya; pero este miraba atentamente a Tom.

––Toma ––el moreno lo sorprendió al entregarle el segundo plato de desayuno.

––Gracias. Kaiya, lo siento ––se rió nervioso. Quería al moreno. ¿Cómo no quererlo si siempre se pasaba con ellos de pequeño? Siempre sonriendo, ayudándolos en sus travesuras, escuchando sus aventuras. No pretendía lastimarlo. El hecho de que le hubiera robado al rubio, acababa de comprender que no le afectaba como había pensado que lo haría. No quería echárselo de enemigo, porque no quería perder a ambos hermanos y eso sería lo que ocurriría si Yoshiro se enteraba de que estaba lastimándolo.

Kaiya lo miró un segundo, antes de asentir y sentarse frente a Tom. Para sorpresa del ojigris, conversaba animadamente con el peli-castaño. De hecho, comenzaba a sentirse ignorado y eso no le estaba gustando.

––¿A dónde vas? ––Tom disimulaba las ganas de reír al ver cómo el hombre se levantaba cabreado.

––¡A mear! ––gruñó, aunque se rió al salir, porque no entendía su manera de actuar. ¿Qué carajo me está pasando?, se preguntó azotando la puerta.

Los chicos se miraron y sonrieron.

––Voy a arreglar el cuarto de mis padres ––Kaiya se levantó y salía de la cocina, cuando el peli-castaño lo sujetó por un brazo.

––¿Qué hago? ––Tom sinceramente no sabía qué hacer, porque jamás había visto actuar así a Fudo y porque había pensado que lo que el moreno tramaba no iba a funcionar.

––¿Qué te dice el corazón? ––Kaiya le acarició el cabello e inclinándose le dio un suave beso––. Si me necesitas, estaré en la habitación al fondo del pasillo.

––Fudo, ¿te sientes bien? ––Tom entró en la sala y vio al ojigris sentado en el sofá con la cabeza apoyada en las manos.

––Por supuesto ––se enderezó, riéndose artificialmente.

––¿Quieres ver la habitación que nos prestaron? ––era ahora o nunca, se dijo el chico. No pensaba pasar su vida preguntándose qué habría pasado si se hubiera decidido a darle una oportunidad. Por lo que se la daría y si acababa con el corazón roto, por lo menos le quedaría la satisfacción de haber dado lo mejor de sí.

––¿Nos prestaron una habitación? ––preguntó sintiéndose estúpido al no comprender de lo que hablaba y menos aún la hermosa sonrisa en sus labios.

––Así es ––Tom lo sujetó por la mano y mientras subía las escaleras vio al moreno parado en la puerta de la habitación al fondo. No le ocultó que estaba nervioso, pero el chico le guiñó un ojo, haciéndolo sonreír.

––¡Hijos, su padre regresó! ––gritó la mujer entrando, una hora después, seguida por Yoshiro que empujaba la silla de ruedas donde iba su marido.

––¡Papá! ––Akiyama salía de la cocina con Yuto, detalle que a su madre no le pasó por alto. Eso significaba que se acaban de levantar, por lo que Kaiya había tenido que arreglar solo la habitación. Ya arreglaría cuentas con ese par de perezosos.

Luego de acomodar el hombre en la cama y compartir un rato con él, fueron echados de allí por Dr. Myooji.

––Ya fue suficiente por hoy. Tengo que evaluarlo y él necesita descansar ––entró a la habitación. Había tenido que utilizar su propia llave, porque se había cansado de llamar a la puerta de entrada.

––Niños, ya escucharon a Sasaki, fuera ––la mujer besó en la mejilla a su querido amigo––. Voy a la reunión del club de costura. Los chicos me dieron permiso ––besó suavemente los labios de su marido––. Si me necesitan, llevo el móvil.

––Nosotros vamos a estar en la sala. Estamos cansados ––Akiyama y Yuto corrieron hacia allá, antes de que les pusieran tarea.

Tan pronto la pareja se alejó, el moreno sujetó al rubio por la cadera y lo pegó contra la pared, frente a la habitación de sus padres, besándolo apasionadamente.

––Kaiya, nos-nos verá el médico o papá ––jadeó Yoshiro cuando este lo sujetó por las nalgas, pegándolo tanto a su cuerpo que ni el viento podía pasar entre ambos. ¿Para qué carajo gasto saliva?, se preguntó cuando el chico siguió besándolo y apretando sus nalgas excitado––. ¿Dónde están Tom y Fudo? ––dios, tan pronto lo tocaba, se le hacía difícil concentrarse.

––En el ático ––Kaiya le mordió el cuello.

––¿No están… discutiendo? Se-se la pasan discutiendo ––intentaba no dejarse llevar por el moreno. Si lo hacía, acabaría dejándose coger en pleno pasillo.

––No están discutiendo ––le lamió los labios. Estaba increíblemente caliente, lo deseaba, en ese momento.

––¿Có-cómo lo sabes? ––dios, ¿en qué momento le había alzado la camisa? Jadeó al sentir cómo mordisqueaba y lamía sus tetillas.

––No me golpeó por nada ––estaba más interesado en hacerle el amor que en hablar.

––¿Te golpeó? ––le sujetó el rostro para que dejara de meterle mano y le explicara––. ¿Por qué?

––Por besar y tocar a Tom ––refunfuñó, zafándose de sus manos para volver a sus tetillas.

––¿Qué dijiste? ––Yoshiro lo empujó por los hombros, alejándolo de su cuerpo.

Kaiya frunció el ceño, antes de voltearse y dirigirse a la cocina.

––¿Tuviste sexo con Tom? ––preguntó el rubio entrando a la cocina. Kaiya estaba frente a la nevera abierta, tomando jugo directamente del cartón.

––No ––se volteó a mirarlo serio, comenzando a cabrearse.

––Se besaron y tocaron, ¿pero no tuvieron sexo? Explícame, porque no entiendo ––coño, estaba furioso, ¡furioso! Claro que entendía, pero le dolía. Pensaba que Kaiya sólo estaba interesado en él ––ya fuera por venganza, hormonas juveniles, aburrimiento, por lo que fuera––, pensaba que era el único en su cama.

––¿Por qué me reclamas un par de besos y unas ligeras caricias, cuando yo no lo he hecho por haberte tirado a quién sabe cuántas tías desde que estás aquí? ––cabreado era poco, estaba encojonado, encabronado y todas las palabras similares que cualificaran.

––No…

––No lo niegues, ¡te vi! ––lo miró un segundo, antes de voltearse y salir de la casa.

Un asombrado Yoshiro se quedó mirando por donde el chico se había ido. ¿A Kaiya realmente le había molestado encontrarlo con aquella chica en la oficina?, ¿qué significaban sus celos? Reaccionando, salió detrás del chico. Esta vez, no se iba a quedar esperando a que volviera. La vez anterior había sido angustiante ver pasar los minutos y que él no llegara.

––¡Kaiya! ––gritó al verlo entrar al parque. Pero estaba demasiado lejos y este no lo escuchó. Lo siguió y, entre asombrado y conmovido, lo vio sentarse en un banco frente al lago. Ese banco era prácticamente de ellos cuando el moreno era un chiquillo. Con nostalgia, recordó cuando este alimentaba a los gansos antes de regresar corriendo a su lado. Luego con una preciosa sonrisa, se recostaba de su hombro y le hablaba de sus compañeritos de escuela. Él solía echarle un brazo por los hombros y acariciar su cabello hasta que Akiyama llegaba a buscarlos.

En silencio, se sentó a su lado. Esta vez, fue el moreno quien le echó un brazo por los hombros y le acarició el cabello. Yoshiro lo miró sin saber qué decir. No tuvo que hacerlo, ya que el chico lo besó, antes de levantarse y tenderle la mano para que lo siguiera. Se dejó llevar tras unos arbustos. Lo ponía nervioso que los vieran, pero cuando hacían el amor, en esos momentos, sentía que él lo amaba. No quería analizar si era verdad o sólo eran sus deseos. Él, por su parte, le entregaba todo su amor esperanzado de que, algún día, Kaiya lo comprendiera. Para su alivio y decepción, no podía negarlo, el moreno sólo se la comió.

––Kaiya, quiero devolverte el favor ––le dijo al ver el bulto en su pantalón, prueba de su excitación.

El moreno alzó una ceja, antes de besarlo suavemente––. Estoy bien, regresemos ––le sujetó la mano, entrelazando los dedos.

Preguntándose cuándo lograría que el chico lo dejara comérsela, Yoshiro no pudo evitar mirar a su alrededor, de lo cual se arrepintió al sentir que le soltaba la mano.

––Te preocupa que nos vean ––contestó el moreno a su silenciosa pregunta. Se metió las manos en los bolsillos. Estaba fastidiado por su eterna preocupación por los demás. ¿Acaso los demás eran más importantes que él?

El rubio lo sujetó por un brazo, sacando su mano del bolsillo y entrelazando los dedos. Lo amaba y si eso lo hacía feliz, aprendería a no preocuparse tanto por los demás… o por lo menos, lo intentaría, se dijo verificando por el rabillo del ojo que nadie los veía.

Kaiya se detuvo y acariciándole el rostro, le dio un tierno beso. Luego, sonrió, regresando a la casa con un emocionado rubio.

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