Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 11

en agosto 5, 2010

––¡Yoshiro, necesito hablar contigo! ––Fudo bajaba la escalera con la camiseta en la mano, el pelo revuelto, el pantalón bailándole en la cintura, cuando vio entrar a la pareja.

––Vístete ––le ordenó Kaiya, besando la mano del rubio antes de soltarla.

––Qué desconfiado ––Fudo se rió al ver que el moreno no se movía––. Ya, ¿contento? ––preguntó, acomodándose la ropa.

La cara de Kaiya leía claramente: “¿contento?, ¿contigo a solas con MI Yoshiro? ¡Jamás!”.

––No lo voy a tocar ––se pasó la lengua por el labio partido, riéndose––. Aún no me recupero de la primera paliza como para buscarme otra.

––Kaiya, estaremos en la cocina ––señaló el rubio, rozando los labios del chico con los suyos.

El moreno lo sujetó por la cintura, acercándolo para darle un apasionado beso, antes de desaparecer por la escalera.

––Joder, ¿lo hace adrede? ––el ojigris se rió al ver que su amigo seguía con la mirada puesta por donde se había ido el chico––. ¿Se lo dijiste?

Kaiya se dirigió hacia el ático. Quería comprobar que el chico estuviera bien, ya que desconfiaba del pervertido y eso no era ningún secreto.

Yoshiro se metió la mano en el bolsillo para conservar su calor. Kaiya era increíblemente tierno y algo salvaje, pero no en el sentido violento. Se refería a que cuando lo deseaba, lo tomaba y punto. Parecía no entender de límites cuando estaba excitado.

––¡Kaiya, pasa! ––Tom estaba desnudo, abrazado a una almohada, mirando hacia la puerta por donde había salido Fudo, cuando escuchó que llamaban a la misma y Kaiya se asomaba antes de que pudiera contestar.

––Planeta Tierra llamando a Yoshiro ––Fudo le dio un pequeño golpe en la frente––. Tienes cara de idiota ––se burló cuando su amigo finalmente lo miró.

––¿Estás bien? ––Kaiya caminó hasta el colchón y se tiró al lado del chico.

––Un burro hablando de orejas ––Yoshiro se dirigió a la cocina––. ¿Qué decías?

––Sí ––Tom lo abrazó feliz, iluminando con sus ojos y sonrisa el ático.

––¿Le dijiste a Kaiya que lo amas? ––Fudo decidió ignorar su comentario de que lucía igual de idiota, porque no era cierto. No, señor.

Kaiya sonrió acariciándole el cabello y pensando que ahora sí que el pervertido no podría quitarle las manos de encima. Ese brillo y su inocencia, la cual ni el sexo había opacado, lo convertían en una irresistible tentación.

––Por supuesto que no ––Yoshiro lo miró como si estuviera loco.

––Fue sorprendentemente cuidadoso ––murmuró Tom, acariciando el pecho donde estaba recostado.

––¿Por qué no? Lucían como un par de tortolitos, agarraditos de mano y todo eso ––Fudo lanzó una carcajada, sintiéndose mucho mejor al estar con su mejor amigo. Aunque, la verdad, no sabía si el moreno estaba enamorado de él. Pero se decía que tenía que estarlo, sino para qué estar tanto tiempo con la misma persona. No era algo natural, a eso sólo se sometían los enamorados, se dijo satisfecho de su razonamiento.

––Si te hace daño, me las pagará ––Kaiya acariciaba la espalda desnuda del chico, deseando poder protegerlo y ver por siempre esa inocencia en su rostro.

––No digas estupideces ––como si supieras lo que Kaiya siente, refunfuñó Yoshiro en su mente. Además, no quería ilusionarse para ir a cagarla confesándole al chico que lo amaba y recibir de vuelta un “sólo me gustas, quiero un amante, no un enamorado”.

––Kaiya, eres muy tierno ––Tom besó suavemente sus labios––. Creo que hay algo malo conmigo ––lo miró preocupado.

––Vale, vale ––Fudo sabía cuándo dejar de insistir con el rubio––. Por cierto, al cabrón de tu novio le gusta empalmarme y abandonarme a mi suerte. Lo he comprobado ––se quejó, riéndose y sujetándole una mano para llevarla a su bulto––. Tienes que responsabilizarte de lo que me ocasionó tu novio.

––¿Por qué dices eso? ––Kaiya observaba atentamente sus expresiones.

Yoshiro sonrió, dándolo por caso perdido. Aunque la palabra novio le había hecho ampliar la sonrisa––. ¿Qué necesitabas decirme con tanta urgencia? ––preguntó, intentando alejar la mano, sin lograrlo. Fudo había comenzado a acariciarse––. Estamos en la cocina, no seas cochino, ¿qué pasó con tus manos? ––el maldito se la había metido por dentro del pantalón y había hecho que le agarrara la polla, mientras se reía––. Coño, acaba de una buena vez ––si no podías contra ellos, úneteles. ¿Así decía el popular dicho? Dicho de mierda, refunfuñó recordando los celos de Kaiya. Frotó con fuerza el sexo de su amigo para que se acabara de correr––. Hijo de puta ––podía recuperar su mano a puñetazo limpio, pero el inconsciente estaba bastante agolpeado y le daba lástima.

––Amo a Fudo, pero… ––Tom bajó la voz–– me gustas ––confesó mirándolo ansioso. No quería que su amigo recién hecho se alejara, pero necesitaba hablar al respecto––. Me siento como un enfermito confesando eso, cuando acabo de hacer el amor con otro.

––¿Por qué refunfuñas tanto? Estabas dándole una mano a tu mejor amigo ––Fudo se rió, mientras le lamía mano, limpiándosela luego de correrse en ella. Joder, había sido la mejor paja de su vida––. ¿Quién dijo que necesitaba hablar con urgencia? ––regresó al tema, porque sabía que el rubio estaba a punto de asesinarlo y porque necesitaba desahogarse. Se levantó y se sirvió una taza de café, alargando el momento. Joder, la culpa la había tenido el maldito medicamento. Sí, esas pastillas fueron las culpables, concluyó sintiéndose más tranquilo––. ¿Quieres una taza de café?

Kaiya sonrió aliviado, pensaba que le diría algo grave––. No hay nada malo contigo. También me gustas ––acarició sus labios––. Es normal. Recuerdo que hubo un tiempo en que me gustaba Aki e incluso me llegó a gustar el pervertido ––confesó riéndose al recordarlo.

––No, acaba y habla o me marcho ––Yoshiro encendió un cigarro riéndose a pesar de estar cabreado con él. Sólo Fudo era capaz de correrse y, al minuto, continuar hablando como si nada hubiera acabado de suceder.

––¿Fudo? ––Tom se rió de imaginar lo que diría el ojigris de saberlo––. Es que no me refería sólo a eso ––murmuró ahora sí desviando la mirada––, cuando me tocaste, me gustó.

––Kaiya no es una buena influencia, ¿sabes? Antes eras más compasivo ––Fudo se rió, robándole el cigarro para darle una calada, antes de devolvérselo.

El moreno lanzó una carcajada que asustó un poco al chico por no esperársela, aunque luego sonrió emocionado al ver lo atractivo que se veía su amigo cuando se relajaba por completo.

––Soy compasivo ––el rubio se burló, dándole un trago a su taza de café. Así había sido siempre la dinámica entre ellos. Se burlaban uno del otro, se robaban los cigarros y el café, compartían las mujeres, se apoyaban incondicionalmente y, en los últimos días, se masturbaban el uno al otro––. Acaba y dime qué pasó con Tom.

––También me gustó tocarte ––lo besó, acariciando sus nalgas––. Imagino que a lo largo de la vida, nos gustaran muchas personas y sentiremos atracción por otras tantas. Pero he visto que las personas que sólo buscan ese pasajero placer, acaban amargándose y para huir de esa amargura, se refugian en el alcohol, las drogas o precisamente en lo que los tiene así, el sexo por pura satisfacción sexual.

––¿Por qué deduces que tiene que ver con Tom? ––Fudo se rió, mirando su taza de café.

––No me gusta nadie más ––por alguna razón, Tom se sintió avergonzado––. Sólo Fudo y tú ––hundió la cabeza en su pecho.

––Porque te conozco bien ––Yoshiro expulsaba el humo del cigarro, mirando divertido a su amigo.

––Perdona, no hablaba de ti ––Kaiya le alzó el rostro y lo besó con ternura––. Estaba pensando en Yoshiro y Fudo. Esos llevan acostándose con cualquiera desde que entraron a la adolescencia ––nadie mejor que él para saber ese dato, ya que se pasaba detrás de ellos. De hecho, el rubio le era infiel a su prometida; no creía que le hubiera sido fiel a ninguna de sus parejas. Ni siquiera le había sido fiel a él––. ¿Crees que son felices?

––Vale, maldita sea, me sedujo ––Fudo se rió por lo ridículo que se sentía al confesar aquello––. No ando bien de la cabeza…

––No, siempre pensé que lucían bastante infelices cuando bajaban la guardia ––confesó el chico––. ¿No me desprecias por desear que me hagas el amor?

––De nacimiento ––el rubio lo interrumpió, porque se la había puesto tan fácil.

Kaiya sonrió pensando que sólo él podía hacer ese tipo de pregunta con tal inocencia. De haber sido otra persona la que le dijera aquello, le hubiera sentado como una patada en el culo. Sabía que en las palabras del chico no había malicia y eso lo enternecía y, a la vez, excitaba––. No, ¿me despreciarías tú por desearte pero no tomarte?

––No jodas. Si sigues así, no te cuento nada ––Fudo lanzó una carcajada, porque eso ni se lo creía él.

––Claro que no. Pero, ¿por qué no me tomas si sabes que no te rechazaría? ––Tom no deseaba forzarlo a nada, sólo quería comprenderlo. Aunque tenía una leve idea y eso hacía que se sintiera orgulloso de tenerlo como su mejor amigo.

––Decías que el chiquillo te sedujo ––Yoshiro le recordó enfatizando la palabra “chiquillo” que siempre utilizaba su amigo para referirse al chico. Sabía que la utilizaba para distanciarse de lo que el chico despertaba en su interior. Lo sabía, porque le había pasado con el moreno. No podía negar que le estaba curioso que ambos hubieran acabado siendo seducidos por chicos mucho más jóvenes que ellos.

––Porque amas a Fudo y aunque al pervertido no le importaría tener una orgía en el ático, Yoshiro es mi pareja e intento enseñarle a ser fiel ––dijo francamente.

––El muy tramposo me dijo que me mostraría la habitación que nos prestaron y cuando llegamos allá, se me tiró encima ––Fudo exageraba, por supuesto, pero es que no podía evitar ser algo teatral, principalmente cuando estaba nervioso.

––Kaiya, eres un romántico ––Tom lo besó, pensando en lo mucho que se había resistido a hacer el viaje y, a fin de cuentas, resultó lo mejor que le había pasado en la vida––. ¿No quieres que nadie más te toque porque Yoshiro… ––no se atrevió a terminar la oración. El comentario se le había escapado de la boca, antes de que analizara que estaba siendo indiscreto y probablemente cruel al recordarle eso.

––Ujum, seguro que tuvo que hacer un enorme esfuerzo para excitarte, ¿verdad? Pobre chiquillo, el trabajo que debes de haberle dado para convencerte de que lo follaras ––dios, hacía tiempo que no se divertía tanto con Fudo, pensó Yoshiro riéndose.

––¿Romántico? ––Kaiya acariciaba su cabello, sonriendo y preguntándose si sería cierto––. …porque Yoshiro me violó? ––completó la pregunta por él––. Probablemente ––admitió sin darle mucha importancia.

––Si sigues jodiendo, voy y beso a Kaiya ––Fudo refunfuñó, aunque acabó riéndose al imaginar el tortazo que le metería el chico.

––No lo odias, ¿verdad? ––Tom preguntó, ya que al moreno no parecía alterarle hablar del asunto.

––Te reto a besarlo ––el rubio bromeaba, por supuesto. Bastante le había cabreado que besara y tocara a Tom. A fin de cuentas, había resultado tan celoso y posesivo como el moreno.

––No lo odio ––Kaiya acarició el rostro del atento chico––. ¿Recuerdas la primera vez que de pequeño te diste cuenta de que aparte de tus padres sentías cariño por otra persona? ––al ver que asentía, continuó––: Yoshiro es esa persona para mí.

––Ya, claro, quieres que acabe de joderme mi linda estructura facial ––ambos lanzaron una carcajada que seguramente se había escuchado por toda la casa.

––Kaiya, no podremos besarnos más, ¿verdad? ––Tom cambió el tema y aunque sonreía, estaba triste. Le dolía que Yoshiro le hubiera hecho daño si era tan importante para él. Deseaba preguntarle si lo había perdonado, pero no quería insistir en un tema que era perturbador para el moreno. Había visto dolor en sus ojos, quizás porque había recordado cómo el rubio había destrozado su recuerdo.

––Regresando al tema, ¿qué va a pasar ahora con Tom? ––Yoshiro miraba serio a su amigo. No quería ni pensar que fuera a darle una patada al chico. Quería a Tom como amigo y como empleado era insustituible. Podían confiarle el negocio y jamás faltaba dinero, así de serio y maduro era el jovencito.

––Dejaremos de besarnos, cuando ellos dejen de tocarse ––Kaiya besó profundamente al chico. Por alguna razón, imaginaba que Fudo se las había ingeniado para meterle mano a Yoshiro y este se habría dejado. Ese pensamiento lo cabreaba y cansaba.

––No sé. Dios, si hubieras visto cómo sonreía y reía cuando hacíamos el amor ––Fudo murmuró, recordando al hermoso chico bajo su cuerpo, jadeando, correspondiendo a sus caricias inexperta pero ardientemente. Cuando lo penetró, enterró las uñas en su espalda y se tensó unos momentos, para luego… ¡reír!

Yoshiro fumaba y sonreía, mientras veía cómo Fudo se perdía en los recuerdos. Recuerdos que parecían ser los mejores de su vida, por la manera en que sonreía y se tocaba un hombro. ¿Lo habría mordido el chico allí al alcanzar el orgasmo?, se preguntó, estirando la mano para bajar la tela y comprobar que era cierta su hipótesis.

––No vengas a seducirme en la cocina. No seas cochino ––riendo el ojigris adaptó sus palabras––. Le pregunté qué hechizo había conjurado en mi contra ––se rió algo avergonzado, ya que mientras lo tenía entre sus brazos se había sentido nervioso y ansioso, como si fuera su primera vez, también––. ¿Sabes lo que me dijo? ––al ver que el rubio negaba con la cabeza, contestó––. ¿En tu contra? Ninguno. A tu favor, el del amor. Cursi, ¿verdad? ––le quitó el cigarro a su amigo y dio una calada. No le había parecido cursi, al contrario, lo había emocionado.

––Te ama y lo amas, ¿qué tiene de cursi? ––Yoshiro sonrió y se levantó.

––¿Quién dijo que lo amo? ––Fudo refunfuñó, siguiéndolo al ver que salía de la cocina.

––¿No te parece que ya es hora de que lo admitas? El que hayas hecho el amor con él, no significa que vaya a seguir esperándote ––el rubio comenzaba a subir las escaleras, deseando estar con Kaiya––. De hecho, el que te sedujera, el que se te tirara encima, como tú mismo dijiste ––se volteó a mirarlo con una sonrisa burlona––, demuestra que está cansado de esperar ––frunció el ceño al encontrar su habitación vacía.

––Probablemente esté en el ático. ¿Te diste cuenta de lo bien que se llevan? ––Fudo sin percatarse, también había fruncido el ceño––. Joder ––murmuró, abrazando a Yoshiro por la espalda, al ver a Tom desnudo sobre Kaiya, mientras este lo besaba profundamente y le apretaba las nalgas––. ¿Los acompañamos? ––preguntó riéndose, observando cómo el moreno miraba al rubio.

––Sí ––Yoshiro no iba a permitir que le robaran al moreno. No ahora que, luego de tantas aventuras, finalmente se había enamorado. Pero antes de que se acercara a la cama, el moreno murmuró algo en el oído del chico, quien se echó hacia un lado, permitiéndole levantarse.

–– ¿Estás molesto? ––Kaiya le acarició la nuca, acercando su rostro al suyo.

––No ––Yoshiro había estado a punto de decirle que lo estaba y mucho, pero había recordado lo que Fudo y él habían estado haciendo en la cocina––. Sí ––dijo cuando pensó que él no lo había disfrutado y, en cambio, el moreno sí.

––¿Sí o no? ––Kaiya lo atrajo hacia él––. ¿Piensas que estábamos teniendo sexo? ––fue directo al grano, como siempre.

––Tom está desnudo y tus manos estaban sobre sus nalgas ––observó cómo el chico sonreía, estirando los brazos para atraer a su amante, quien no se hizo de rogar.

––Y nos besábamos ––completó el moreno––. No pasó nada más, igual que ustedes no hicieron nada en la cocina ––cuando el rubio lo miró asombrado, aprovechó y lo besó.

––Kaiya, ¿qué haces? ––preguntó cuando el moreno lo empujó con su cuerpo hacia el colchón, mientras lo besaba y acariciaba.

––¿No es esto lo que deseas? ––preguntó trepándosele encima sin soltar sus labios.

––Sólo si tú quieres ––le acarició el rostro, observándolo fijamente. Lo amaba y sólo deseaba hacerlo feliz.

––No quiero compartirte, pero si lo que quieres es tener sexo con tu amigo, hazlo de una buena vez ––dijo comenzando a levantarse.

––Yoshiro no me desea ––Fudo intervino recostando la cabeza sobre el pecho de Tom, contestando por su amigo.

––Yoshiro, no pasó nada entre nosotros ––murmuró Tom, intentando aliviar la pesadez en el aire––. Sólo nos besamos y acariciamos un poco ––confesó avergonzado––. Lo siento.

––Tom, cuida bien al insensato, ¿sí? ––Yoshiro, sujetó el mentón del chico para que lo mirara y entendiera que no estaba molesto con él.

––Hey, ¿están hablando de mí? ––Fudo se reía, estirando la mano para hacerle cosquillas al rubio.

––Lo cuidaré ––Tom se movió cuando los dos “adultos” comenzaron a jugar de mano––. ¿Estás bien, Kaiya?

––Lo estoy ––Kaiya acarició su rostro, besándolo suavemente.

––Kaiya, vámonos ––Yoshiro se levantó y le tendió la mano al moreno.

Kaiya se levantó y sujetó su mano, sonriendo, antes de besarlo apasionadamente.

––No se vayan ––gritó Fudo riéndose cuando el moreno cerró la puerta tras ellos––. Yo quería un ménàge á quattre ––se quejó, riéndose por adaptar la frase a su conveniencia, besando el vientre de Tom.

––¿No te molestaría compartirme con otros? ––Tom pensó que más bien hubiera sido un ménàge á trois, porque a Kaiya no le gusta que lo tocaran.

––Mientras yo esté a tu lado, no me importaría ––enseguida se activó su pervertida imaginación.

––¿Y si me gusta más estar con la otra persona? ––jadeaba por las caricias del ojigris, pero no pensaba darse por vencido. Quería saber qué esperaba el hombre de esa relación y hasta dónde esperaba que llegara él.

––¿Más que yo? Imposible ––se rió por lo vanidoso que había sonado––. ¿Quién podría gustarte más? ––¿en qué momento se volvió adicto a su piel y su sabor?, se preguntó el hombre lamiendo su cuerpo.

––Kaiya ––confesó, porque, aunque amaba a Fudo, quería ser lo que Yoshiro era para el moreno.

––Joder, ¿él es mi rival? ––se rió antes de pasar a comerle la polla, asombrado de su honestidad––. Sí que sabes darme donde me duele ––el chico estaba interesado en el único al que jamás había podido meterle mano, porque ya había logrado metérsela, en cierta manera, al rubio, el otro que se le negaba.

––Fudo, te amo ––arañó la espalda del ojigris, cuando este lo penetró––. ¿Me amas? ––acarició con amor su rostro, moviéndose bajo su amante.

––Maldita sea, sí, te amo ––confesó con un gruñido, observando cómo el chico reía feliz bajo su cuerpo––. Maldito hechicero ––por eso no quería tocarte, confesó para sí, riéndose porque al igual que Yoshiro por más que había huido, había acabado siendo atrapado.

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