Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 12

en agosto 4, 2010

Fudo miraba a Yoshiro fumar mientras este observaba a Kaiya y Tom caminar por la arena. Ese día, cumplía años el moreno y, a petición de la madre, lo habían sacado de la casa en lo que ella preparaba su tarta favorita. Habían ido a la playa para complacer a Tom, quien deseaba confirmar si el agua era tan transparente como decían. Luego de observar fascinado la hermosa playa, se dedicó a pasear por la orilla, sujeto al brazo del moreno.

––¿Qué te pasa? Llevas unos días de malhumor ––Fudo le quitó el cigarro, pero antes de que tuviera oportunidad de darle una buena calada, el rubio se lo había arrebatado––. Coño, si no supiera que tienes amante, te aconsejaría que te buscaras uno y te echaras un buen polvo ––el ojigris lanzó una carcajada, que murió en sus labios al ver la mirada asesina de su mejor amigo––. ¿Qué?, ¿ya Kaiya no te mete mano cada vez que le viene en gana?

––Kaiya ya no me desea ––Yoshiro enterró en la arena el cigarro a medio consumir y encendió otro.

––¡Bromeas! ––Fudo miró incrédulo al moreno que, en esos momentos, reía y acariciaba el cabello de Tom––. ¿Qué pasó? ––miró nuevamente a su mejor amigo, notando entonces que estaba adelgazando. ¿Cómo se le había pasado ese dato? ¡Fácil! Cuando no estaba con Tom, estaba en el negocio del papá de Yoshiro y allí se distraía demasiado con Kenshi.

––Me parece que ya se aburrió, quizás desea un amante joven ––murmuró echando la cabeza hacia atrás para soltar el humo.

––¡¿Qué?!, ¿crees que anda con Tom? ––miró a la pareja que recogía caracoles en ese momento y tuvo una extraña sensación en la boca del estómago. Si Kaiya deseaba convertir al chico en su nuevo amante, este no se resistiría. Ya le había dicho que le gustaba el moreno y que por él no dudaría en dejarlo. Maldición, ¿para eso lo había hechizado el chiquillo? Para darle una patada por el culo, cuando finalmente se enamoraba. Eso no podía estarle pasando a él. Más bien, no podía estarle pasando a ambos, aclaró riéndose nervioso al ver la tristeza en los ojos del rubio.

––Sé que no anda con Tom ––aún, completó Yoshiro en su mente––. Pero no ha vuelto a tocarme, desde aquella tarde que estuvimos los cuatro en el ático.

––¡Imposible! Si tenía cara de no poder esperarse para meterte mano. No sé por qué carajo no lo hizo allí mismo ––se rió, porque sabía perfectamente que no se lo había tirado allí por su culpa––. Pensé que eso haría tan pronto llegaran a la habitación o antes de llegar a ella ––se volvió a reír, ya que Kaiya era todo menos tradicional a la hora de follar a su mejor amigo.

––Nos besamos y acariciamos, pero de repente se separó de mí y se dirigió al baño. Cuando salió, era obvio que se había duchado y yo pensé ––pensé que haríamos el amor, concluyó con dolor para sí––…, pero se acostó, dándome la espalda ––. Con el cigarro que tenía en la boca, encendió otro––. Desde entonces, no ha vuelto a besarme ni tocarme ni abrazarme al dormir y apenas me habla ––se miró las manos y con el ceño fruncido descubrió que tenía dos cigarros encendidos. Le pasó uno a su amigo, burlándose mentalmente del estado en que se encontraba.

––¿Por qué? ––Fudo realmente no entendía la manera de proceder del moreno. Mierda, con lo sencillo que era saber qué pensaba cuando era un chiquillo, pensó fumando sin despegar los ojos de la pareja que lanzaba piedras al agua, haciéndolas rebotar. Pero esos años, habían quedado atrás. Y el que Yoshiro lo violara había tenido consecuencias en el chico que ellos dos aún no lograban comprender. Quizás debería intentar sacarle a Tom información sobre Kaiya. La relación entre ellos era estrecha, aunque no habían vuelto a estar a solas desde aquella tarde en el ático.

––Obviamente, porque ya no me desea ––no hay más que buscar, se dijo sintiéndose deprimido. Kaiya ya se había cansado de estar con él. Quizás se había puesto a pensar en todo lo que los separaba: eran hermanos, él vivía y trabajaba en otro continente, además de que le llevaba ocho años y siempre andaba preocupado por el que dirán, cuando al moreno aquello le tenía sin cuidado. Sí, demasiadas cosas los separaban.

––Sigue yendo al negocio a la hora de almuerzo ––según Kenshi le había contado, desde que Kaiya había sorprendido a Yoshiro con una chica en la oficina, iba todos los días a “almorzar” con él. El moreno sí que era jodidamente posesivo, pensó el ojigris riéndose bajito.

––A almorzar, sólo a almorzar ––el rubio aún recordaba la incertidumbre que lo había embargado cuando su primo-hermano llegó con almuerzo para ambos y, sentándose a su lado, comenzó a comer sin intentar tocarlo. Desde ese día, el ritual se repetía… almuerzo y charla ligera sobre el proceso de recuperación de su padre y los sitios a los que él, Akiyama y Yuto habían llevado a Tom… almuerzo y nada de sexo.

––No me lo creo ––murmuró el ojigris levantándose para ir al encuentro de su amante; ya que le encelaba un poco (por no decir que mucho) que Tom se divirtiera tanto con Kaiya.

Yoshiro fumaba con los ojos cerrados, escuchando distraídamente el ir y venir de las olas––. ¿Qué quieres? ––abrió los ojos, molesto, al sentir que le quitaban el cigarro, pensando que su amigo había regresado a fastidiarlo.

––Quería besarte ––Kaiya recalcó la palabra “quería”, devolviéndole el cigarro y sentándose a su lado con la mirada puesta en el mar.

––Pensé que era Fudo ––el rubio se pateaba mentalmente por su salida abrupta. Estaba cansado y deprimido, mala combinación para su humor.

––Ya ––siempre el maldito pervertido aparecía en sus conversaciones––. Toma ––luego de unos minutos en silencio, el moreno le agarró la mano y colocó en el centro de su palma un pedazo de cristal azul, hermosamente pulido por el tiempo que llevaba siendo friccionado contra la arena con el ir y venir de las olas.

Yoshiro lo miró, preguntándose para qué le daba aquello.

––Es del mismo color que tus ojos ––Kaiya suspiró al notar que no entendía nada.

––Gracias ––murmuró mirando conmovido el cristal. Cuando alzó los ojos, el chico estaba nuevamente mirando el mar. ¿Acaso estaba dándole más importancia de la que debía a ese detalle?, se preguntó el rubio dejándose caer hacia atrás en la arena, apretando fuertemente el objeto en su puño. Bajó los párpados, porque el sol le lastimaba los ojos y sus pensamientos le lastimaban el corazón. Cuando sintió que la claridad desaparecía, abrió los ojos y se topó con los hermosos ojos verdes del chico que amaba y que, en esos momentos, se recostaba sobre él.

Kaiya sujetó su mano y se la besó. Luego, sacó el pedazo de cristal y lo colocó de manera que a través del mismo miraba al chico y el chico lo miraba a él––. Exactamente del mismo color de tus ojos ––dijo antes de inclinarse y besarlo profundamente. Mientras lo besaba, metió la mano dentro de su bolsillo para guardar el cristal y de una vez rozar su saco.

Yoshiro jadeó y miró al chico, intentando descubrir si buscaba tener sexo o sólo estaba jugando––. ¿Por qué no me has tocado en dos semanas? ––preguntó antes de poder detenerse.

––¿Tienes que preguntar? ––el moreno lo miraba serio, pero llevó la mano hacia su miembro y comenzó a acariciarlo por encima del pantalón––. Conozco tu sabor y tu mano tenía un sabor diferente ––reprochó, colando la mano por debajo de la ropa para masturbarlo.

El rubio lo miró asombrado, antes de jadear excitado. ¿De qué carajo hablaba?, se preguntó, acordándose de pronto de que aquel día había masturbado al idiota de su amigo. ¿Cómo se había dado cuenta de eso? Mierda, que suerte la mía, refunfuñó mentalmente al recordar que el moreno le había lamido la mano cuando él le estaba acariciando el rostro. Fue en ese momento que, luego de mirarlo un segundo con ¿decepción?, se había marchado al baño.

––Te dije que no dejaras que te tocara; por lo que, ¿decidiste tocarlo tú a él? ––su mano no dejaba de frotar el sexo del rubio y, aunque el chico lucía controlado, estaba cabreado.

––¡No! ––maldición, ¿cómo pretendía que llevara una conversación coherente si no dejaba de tocarlo? ––. El cabrón es-estaba excitado por el besooo que me diste y para… ahhh… para él fue un juego––. Dios, iba a correrse sin terminar de explicarle––. Estaba… ahhh… demasiado agol-agolpeado como para… ¡Kaiyaaa! ––cuando el moreno aumentó la velocidad del movimiento de su mano, no pudo controlarse más.

––Siempre hay una maldita razón ––Kaiya estaba cabreado, pero aún así lo besó. No le permitió hablar más. Lo desnudó y, mientras lo besaba, lo penetró. Llevaba días debatiéndose entre el cabreo y el deseo y ya, sinceramente, ¡no aguantaba más las ganas de hacerle el amor! Jadeó al sentir su interior tan estrecho y cómo el rubio arañaba su espalda por encima de la ropa. Lo miró atentamente, aunque sin aminorar la frecuencia ni la fuerza de sus embestidas, preocupado de que estuviera lastimándolo. Sin embargo, su hermano jadeaba excitado, quitándole la camisa, buscando sus labios.

A poca distancia de donde estaban Yoshiro y Kaiya, se encontraban Tom y Fudo jugueteando––. Quiero acompañarte cuando vayas al negocio con Yoshiro ––el chico reía, mientras el hombre le robaba pequeños besos.

Mierda, es doloroso llevar dos semanas sin hacer el amor y luego no ser preparado, pensó el rubio enterrando las uñas en la espalda del moreno. Muy a su pesar, tenía que admitir que el dolor se mezclaba con el placer, hasta el punto que no distinguía cuál superaba a cuál. Sólo por volver a sentirlo en su interior, recibir sus besos y fundirse en su intensa, posesiva y algo cabreada mirada… sólo por eso…, se dejaría tomar de esa manera todas las veces que él quisiera. Le quitó la camisa y lo besó, necesitando, ansiando, anhelando sentir el calor de su piel.

––¿Por qué el repentino interés? ––al ojigris le había sorprendido la petición de su joven amante.

Kaiya se despegó un poco del rubio para poder ver sus expresiones y cómo se acoplaba a su ritmo. ¿Cuándo entendería su hermano que a él no le interesaba compartirlo? ¿Para qué había dicho que era suyo si no se lo tomaba en serio?

––No me has llevado y quiero saber por qué ––Tom temía que el hombre estuviera divirtiéndose con alguien más. De no ser así, hubiera sido él mismo quien sugiriera que lo acompañara y no lo había hecho en esas dos semanas.

Yoshiro jadeaba, moviéndose al ritmo de las embestidas de su amante. Estaba increíblemente excitado. Si unos meses atrás le hubieran dicho que iba a estar deprimido porque no le metían una polla por el culo, se hubiera reído antes de golpear al osado. Pero, lo cierto era que había pasado unos días increíblemente amargado, porque temía que Kaiya ya no estuviera interesado en hacerle el amor. Estiró los brazos para tumbar al chico sobre su cuerpo. No era sólo el sexo lo que extrañaba, extrañaba ese momento de cercanía, de intimidad entre ellos. En esos momentos, sentía (quería pensar) que era lo más importante para el moreno.

––¿Qué está pasando por esa linda cabecita? ––mierda, no le había durado mucho la diversión, pensó Fudo riéndose––. Desconfías de tu amante, eso está mal ––se puso a hacerle cosquillas para distraerlo.

Kaiya se resistió unos momentos a ser tumbado. Había extrañado ver su rostro, mientras hacían el amor. Finalmente, se dejó caer, porque igual que el rubio amaba el roce de sus cuerpos en fuego.

Mientras Tom reía y se retorcía, alcanzó a ver la pareja haciendo el amor donde cualquiera podía verlos. Por fortuna, no era temporada de playa y las pocas personas que estaban por el área, se encontraban demasiado lejos como para percatarse de lo que hacía aquel par de hombres. Interesado, observó la fuerte espalda del moreno, cómo embestía al rubio y cómo no despegaba la mirada de su rostro. Tom estaba irremediablemente empalmado y, para completar, no podía quitarle los ojos de encima a la pareja.

Durante un segundo de lucidez, Yoshiro recordó que estaban en la playa en un área sin la protección de las palmeras. Cualquier podía verlos, cualquiera. Pero justo en el momento en que comenzaba a preocuparse, Kaiya tocó el punto que lo hacía ver las estrellas y desapareció toda preocupación de su mente.

––Joder, ¿verdad que te dan ganas de pedirle que te folle? ––cuando el chico había dejado de moverse, el ojigris había seguido su mirada y había descubierto qué lo tenía tan interesado––. Ya los había visto follando y, desde entonces, quiero un ménàge à quattre ––admitió descaradamente, colando una mano por el pantalón de su amante, para hacer lo que momentos antes hacía el moreno con el rubio.

Kaiya podía ver que el rubio estaba a punto de correrse por segunda vez, por lo que aminoró la profundidad de sus embestidas. No quería que se corriera aún, quería alargar aquel placer un poco más.

––Ve olvidando tu fantasía, Kaiya… ahhh… Kaiya no te dejará meterle mano ––murmuró Tom jadeando, disfrutando más la situación al estar mirando a su amigo hacerle el amor a su pareja.

Yoshiro estuvo a punto de quejarse. Había sido regresado abruptamente al planeta Tierra, cuando había estado a punto de tocar las estrellas.

––Corrámonos juntos, ¿puedes esperar un poco más? ––susurró el moreno a su oído.

Esa petición enterneció y excitó aún más, si es que eso era posible, al rubio. Sin poder hablar, asintió, ya que lo único que salía de su boca eran jadeos de puro placer.

––Quizás si tú se lo pides ––Fudo insinuó, olvidando por su excitación que el moreno era su “rival”––. A ti, no te dirá que no ––si yo no pude, él tampoco podrá, concluyó riéndose.

Kaiya besaba, lamía, mordía la piel de su amante. Cuando sintió que le faltaba poco, bajó la mano y sujetando el miembro del rubio, comenzó a masturbarlo.

––Ya lo hice y me dijo que no ––confesó herido porque Fudo volviera a insistir en el tema. Pero, a la misma vez, asombrado de estar ligando a la pareja, sin sentirse incómodo. Además, se imaginaba a Kaiya haciéndole el amor y a los otros dos mirándolos y eso lo excitaba aún más. ¿Acabaría él siendo tan pervertido como su amante?, se preguntó corriéndose justo cuando el ojigris lo penetraba.

––Kaiya, Kaiya, ahhh…, no-no podré aguantar… ahhh… mucho más ––Yoshiro se aferraba con fuerza a su espalda. Quería correrse, necesitaba correrse, pero no quería decepcionarlo. Sólo cuando Kaiya le susurró al oído que se dejara ir, se corrió y estremeció sin control. Cuando el chico se corría en su interior, jadeó con fuerza. Dios, cómo había extrañado las miradas, los besos, las caricias, las fuertes embestidas, el que eyaculara dentro de él y su voz increíblemente sexy cuando estaba excitado.

Pronto, Tom y Fudo habían olvidado a la otra pareja. Mientras se besaban y acariciaban, sólo tenían ojos el uno para el otro. Para cuando se corrieron y recuperaron el ritmo de sus respiraciones, Kaiya y Yoshiro ya estaban sentados mirando el mar. El rubio fumaba recostado del cuerpo del moreno, quien lo abrazaba por la cintura y colocaba pequeños besos en su cuello.

––¿Quién lo entiende? ––Fudo, con una risita, acomodando la ropa del chico.

––¿A quién? ––Tom lo miró curioso.

––A Kaiya ––al ver su mirada interrogativa, aclaró––: Yoshiro pensaba que él ya no lo deseaba.

––Qué absurdo, ¿por qué? ––el menor miró a la pareja sin comprender por qué el rubio había llegado a esa conclusión.

––Porque desde la tarde que estuvimos los cuatro en el ático ––Fudo se rió malicioso––, no había vuelto a tocarlo.

––Estaría molesto ––para Tom era obvio que al moreno le daba celos la relación entre los amigos.

––Ya, eso pensé. Pero en su mente trágica, ya había concluido que Kaiya se había aburrido de él ––el ojigris sentía lástima por su amigo, a pesar de reírse y burlarse de él. Sabía que para Yoshiro no era fácil estar enamorado de su primo-hermano, porque jamás había sentido ese tipo de interés hacia un hombre––. Además, no sabe si es una enfermiza venganza de parte de Kaiya.

––¡¿Qué?! ––¿sorprendido?, esa no era la palabra adecuada para describir la expresión del rostro del chico.

––Piénsalo. Es la venganza perfecta a la brutal violación ––Fudo encendía un cigarro, comentando reflexivo––. Primero, vuelve homosexual a su victimario; segundo, lo vuelve pasivo; tercero, logra que se enamore locamente de él ––se rió al escucharse tan serio––. Al punto de que, Yoshiro se está planteando seriamente quedarse aquí para estar cerca de él.

––Eso no es cierto ––Tom se preguntaba si todos los adultos eran tan tontos––. Kaiya lo quiere ––sonrió al pensar que su amigo era un romántico incomprendido.

––Querer y amar son dos sentimientos bien diferentes ––Fudo se levantó con el chico en sus brazos y caminó hasta donde la pareja se hallaba mirando el mar.

––Lo sé, tonto ––el chico suspiró, preguntándose por qué las personas siempre complicaban todo.

––¿Qué tal un ménàge à quattre? ––el ojigris se rió, sentándose al lado de los otros con su novio en el regazo.

––Sigue soñando. Vámonos ––Kaiya se levantó y le tendió la mano al rubio. Cuando este estuvo de pie, lo besó profunda y largamente.

––Joder, eres cruel ––Fudo lanzó una carcajada, levantándose nuevamente con su novio entre sus brazos.

––Fudo, compórtate ––Tom sonreía bajándose de sus brazos, porque no era un crío para que estuviera cargándolo de esa manera hasta el auto. Hasta la cama, se dejaba; pero hasta el coche, a la vista de todos, no.

––¿No podías hacerte de un amigo mejor? ––el moreno le preguntó a Yoshiro, antes de ir a sacudirle el cabello a Tom––. ¿Pasaste un buen rato? ––le dio la llave del auto a un sonriente rubio, quien para darles la oportunidad de hablar privadamente, se adelantó.

Fudo se rió, pero el comentario le había dolido. Quería a Kaiya, igual que a Yoshiro y al resto de la familia. Y aunque le gustaba bromear y acosarlos, en realidad los quería y le dolía pensar que el moreno sólo lo soportaba porque era el mejor amigo de su amante… y uno que no consideraba digno de serlo, por sus palabras. Cabizbajo, echó a caminar detrás de los demás.

––El mejor ––confesó, bajando la cabeza, sintiéndose levemente avergonzado por haberlos estado espiando mientras hacían el amor.

––Nos viste ––dijo el moreno tranquilamente.

––Yo… no fue adrede… yo ––ahora sí que Tom se moría de la vergüenza.

––No pasa nada. No hagas eso, pareces avestruz –– Tom había bajado tanto la cabeza que Kaiya había tenido que hacer un gran esfuerzo para no reírse; aunque, finalmente había acabado haciéndolo.

––¿No te molesta? ––Tom sonrió tímidamente.

––Cuando estoy con Yoshiro, suelo olvidar que hay otras personas alrededor ––confesó encogiéndose de hombros. ¿Molestarle? Le cabreaba que otros pudieran ver al rubio; en especial, el idiota pervertido que los seguía cabizbajo. Quizás porque sabía que ese ya lo había visto desnudo miles de veces.

––¿A dónde vamos ahora? ––preguntó Tom, sintiendo que le quitaban un peso de encima, cuando llegaron al estacionamiento.

––A comer pizza. Acompaña a Yoshiro, ¿sí? ––Kaiya le señaló con la cabeza el auto y luego al cabizbajo ojigris. El chico asintió, entendiendo que quería hablar a solas con él––. Tonto, ¿por qué te tomas a pecho las bromas, pero te tomas a broma cuando hablo en serio? ––el moreno acarició el cabello del pervertido, pensando que seguía teniendo mucho de chiquillo.

––Entonces, ¿no me odias? ––Fudo no pudo evitar echarse a reír. Así era él. Un minuto estaba deprimido y al siguiente normal––. ¿Qué tal una orgía esta noche? ––no había podido evitarlo.

––¿Tanto quieres tenerme en tu cama? ––Kaiya se le acercó, mirándolo serio.

––Para follar, qué conste, no para que me muelas a palos ––dios, ¿por qué no se callaba cuando podía?, se preguntó Fudo riéndose y preparándose para la golpiza.

––No soy pasivo, lo sabes ––el moreno se le seguía acercando.

––Lo-lo sé ––joder, ¿qué le iba a hacer?, ¿iba a intentar el sado con él?, se preguntó riéndose nervioso––. Pero no me molestaría que me cogieras ––no podía negar que estaba nervioso, pero eso sólo lo excitaba.

––¿Ya te has dejado coger de otros? ––el moreno seguía acercándose, viendo temor y excitación en sus ojos.

––No, soy activo también ––el ojigris se pasó la lengua por los labios. Se sentía tremendamente caliente.

––No sería gentil, no me gustas tanto ––confesó tan franco como siempre, finalmente deteniéndose a escasos centímetros del hombre. Bajó la mirada a sus labios al ver que se los lamía y estiró una mano para tocárselos. Levantó una ceja, cuando lo escuchó jadear. No sabía si cabrearle o divertirle lo rápido que su leve toque lo había excitado––. ¿No te importa herir a tu amante?

––No-no me importa ––¿acaso pensaba que se iba a echar para atrás si lo amenazaba con romperle el culo? No le importaba no gustarle, a la hora de meter mano, el gusto era algo secundario… la calentura era lo primero, pensó riéndose. Finalmente, iba a hacer realidad UNA de sus muchas fantasías con el moreno. Su mente lujuriosa, no había registrado la pregunta.

––¿Qué está pasando ahí afuera? ––Yoshiro y Tom ya estaban dentro del auto, hablando y esperando a los otros. De repente, el rubio vio que Kaiya “acariciaba” los labios de Fudo y de paso la notable erección del ojigris.

––Pero a mí, sí me importa ––Kaiya se cruzó de brazos, observando cómo el mayor lo miraba desencajado.

––No sé ––Tom observaba sorprendido que Fudo y Kaiya parecían estar en plan de ligue.

––¿Qué significa eso? ––lo agarró por la camiseta. Joder, ¿me estaba cogiendo de pendejo?, se preguntó el ojigris sin poder responderse. El rostro del chico era ilegible.

––Mierda, ¿crees que deba acercarme a ver qué sucede? ––Yoshiro miró al chico, quien observaba la escena preocupado, igual que él.

––Que respeto a mi pareja, eso significa ––el moreno se tragó la sonrisa que estuvo a punto de aflorar a sus labios, cuando pensó que ese lenguaje era incomprensible para el “adulto”.

––No, espera un poco ––Tom rogaba que no se pelearan. Amaba a Fudo, pero Kaiya era su mejor amigo. Esas dos semanas, habían compartido miles de secretos. Sabía que los demás pensaban que no habían vuelto a estar a solas, pero lo cierto era que todos los días luego de la hora de almuerzo, se quedaban solos y hablaban hasta el hastío. No quería ver a las dos personas que más amaba, lastimarse nuevamente.

––Pero si podemos estar los cuatro, no me molestaría ––Fudo se rió, finalmente registrando lo que el moreno había dicho. Sabía que se estaba aferrando a la leve esperanza que le había dado y que tan cruelmente le estaba arrebatando.

––Um, espero que no se agarren a los puños ––Yoshiro estaba algo fastidiado con su amigo. No quería que le dañara el día al moreno. Esperaba que controlara su boca, aunque dudaba que fuera capaz de hacerlo.

––¿Qué imaginas que haremos los cuatro en la misma cama? ––el suspiro de Kaiya parecía decir “eres un idiota redomado”––. No pienso dejar que toques a Yoshiro. Él es mío ––aclaró con una mirada y tono amenazantes––. Entonces, te follaría a ti, mientras él y Tom ¿miran? Luego, ¿nos toca mirarlos a ti y a Tom follar? No seas absurdo ––sabía perfectamente que eso no era lo que el otro tenía en mente; pero se estaba divirtiendo. Sabía que los demás pensaban que no sabía divertirse, lo cual no era cierto. En esos momentos, se estaba divirtiendo en grande jodiendo a Fudo.

––Kaiya luce tranquilo, él que luce desesperado es Fudo ––¿de qué podrían estar hablando?, se preguntó Tom. ¿Qué podía estar diciéndole el moreno para tenerlo al borde de la súplica? Porque eso era lo que parecía que estaba haciendo el ojigris, suplicar.

––Yoshiro y Tom pueden darse besitos, mientras tú y yo follamos ––ahora sí que lo mataría, pensó riéndose sin soltar su camiseta. Mierda, luego de que lo ilusionaba.

––Cierto. Qué extraño ––Yoshiro comenzaba a imaginarse que su inconsciente, imbécil, enfermito amigo, estaba suplicándole al moreno que lo dejara follarlo o viceversa. El muy cabrón, refunfuñó cabreándose. Kaiya era suyo, ¡coño! No iba a permitirle que lo involucrara en sus jueguitos. Se estremeció al pensar que podía perderlo, si resultaba que luego le gustaba estar con otros hombres. A fin de cuentas, el moreno era joven y volvía a inquietarle no saber si había estado con más personas.

––¿Cuándo vas a entender que Yoshiro es mío y no lo voy a compartir con otros? Aunque quiero a Tom, no deseo que NADIE toque a Yoshiro, entiéndelo de una buena vez ––hizo que lo soltara, aunque sin ser brusco––. ¿Cuántas veces tengo que partirte la cara para que entiendas? ––había perdido mucho para tenerlo y de una manera bastante dolorosa, por lo que no pensaba perderlo sin luchar.

––¿Ves? Parece que ya terminaron la conversación ––Tom soltó el aire, que inconscientemente estaba aguantando.

––Vale ––Fudo suspiró resignado––. Jamás pensaste follarme, ¿verdad? Sólo te estabas divirtiendo conmigo. Joder, qué mucho has cambiado ––gruñó, comenzando a caminar hacia el auto.

––Sí, ya vienen ––Yoshiro sonrió, aunque aún tenía un extraño presentimiento de que algo no iba bien.

––No, pero puedo hacer esto ––Kaiya lo sujetó por el brazo, obligándolo a voltearse. Entonces, lo besó.

––¿Qué carajo? ––Yoshiro sintió que el corazón se le estrujaba y, sin pensarlo dos veces, salió del auto––. ¡Kaiya! ––para cuando llegó al lado de ellos, el beso ya se había roto. Aún así, estaba tan cabreado que golpeó a su amigo––. Cabrón, aléjate de él ––luego miró dolido al moreno, sin entender por qué le reprochaba tanto a él para luego ir a besar al idiota en su cara.

––Mierda, pero si no hice nada ––a pesar de haber recibido un golpe injusto, se rió. Conocía a su amigo y sabía que tenía un ataque de cuernos, tan simple como eso. Además, le habían gustado el beso y el puñetazo.

––Sólo rocé sus labios ––Kaiya abrazó al rubio. No podía negar que le había hecho feliz su reacción. Como tampoco iba a negar que lo había hecho con esa intención. Lo había visto mirarlo fijamente desde el auto y quiso saber cómo actuaría si lo veía en plan de ligue con Fudo. Quizás así comprendiera de una vez lo que él sentía cada vez que sabía que ellos habían estado toqueteándose.

––¡Fudo! ––Tom había salido corriendo del auto––, ¿estás bien? ––le llenó de besos el área golpeada.

––¿Por qué? ––fue todo lo que pudo preguntar el rubio. Suficiente había tenido con verlo besándose con Tom. No le gustaba cómo se sentía en esos momentos, no le gustaba ese miedo que le estrujaba las entrañas. No quería tener que vivir la experiencia de sonreír en las reuniones familiares al verlo con otro hombre, ¡maldición!

––Sí, estoy bien ––Fudo susurró en el oído del chico––: Ese roce de labios bien valió la pena un puñetazo ––se rió, mordiéndole el lóbulo––. Bueno, el puñetazo también valió la pena ––lanzó una carcajada, sintiéndose estúpidamente feliz. Esperaba poco a poco ir derrumbando las barreras del moreno.

––Porque eres mío y me encojona que dejes que él te meta mano o que se la metas a él ––Kaiya le dio un dulce beso––. Ahora sabes lo que siento ––murmuró sin remordimiento alguno.

––¡Idiota! ––Tom lo golpeó, para abrazarlo acto seguido––. ¿Por qué te interesan tanto los besos de los demás?, ¿acaso los míos no son suficientes? ––preguntó mirándolo con dolor––. Puedo golpearte todas las veces que quieras ––intentó bromear, pero en el fondo se reprochaba el haberse enamorado de él. ¿Qué había pensado? Sabía cómo era y pretender cambiarlo sólo acabaría destruyéndolos a ambos.

––No vuelvas a hacerlo ––Yoshiro deseaba golpearlo. Pero no lo hizo, porque por un segundo había creído ver felicidad en sus ojos y porque (¿para qué negarlo?) estaba estúpidamente enamorado de él.

––Uno nunca recibe suficientes besos y puedes darme todos los golpes que quieras cuando quieras, sorpréndeme ––Fudo reía, sin entender que en ese momento pasaba algo grave entre ellos. Pero, como él mismo le había indicado a Kaiya la vez de la golpiza, él no se caracterizaba por pensar––. Amo tus besos, pero me divierten los demás ––lanzó una carcajada, sujetando al chico por la cintura, dirigiéndose al auto.

––No lo volveré a besar ni me lo tiraré como me está pidiendo ––añadió Kaiya malditamente––, si tú no dejas que te vuelva a tocar NI lo tocas más ––lo miró sereno. Después de todo, era una petición justa.

––Fudo, te amo ––Tom se paró delante del ojigris y lo besó con ternura. Cuando terminaran las vacaciones, regresaría a su país, prepararía la carta de renuncia y nunca volverían a saber de él. A pesar del dolor que inundó su corazón, tuvo que admitir que no se arrepentía de nada. Había podido amarlo esas semanas y había hecho un gran amigo. El mismo que sabía que no le diría a nadie a dónde se marcharía, una vez le contara su decisión.

––Kaiya, no he disfrutado lo sucedido con Fudo ––Yoshiro suspiró fastidiado––. En cambio, tú sí disfrutaste la tarde que estuviste con Tom ––reprochó, arrepintiéndose al instante. No quería discutir con él, no ese día, no el día de su cumpleaños––. ¡Hecho! No lo dejaré tocarme más ni lo tocaré, ¿vale?

El moreno lo besó realmente divertido por sus ataques de cuerno––. Soy joven y Tom es hermoso, pero aún así no me acosté con él y pude haberlo hecho ––confesó tranquilamente.

––Mierda ––tan sincero como siempre, pensó el rubio, sintiéndose molesto––, ¿por qué no te acostaste con él, si como afirmas hubieras podido hacerlo?

––Porque tú eres mi pareja ––lo miró con cara de “¿aún no lo comprendes?” ––. No soy Fudo ––lo besó––, no me interesa jugar con otros. Vámonos, tengo hambre ––lo sujetó por la mano, dirigiéndose hacia el auto.

Yoshiro se dejó llevar sin saber cómo reaccionar a esa “conversación”. Cuando el moreno indicó que deseaba comer pizza, sintió un frío olímpico recorrer su columna vertebral. No podía llevarlo a la pizzería donde trabajaba aquella chica; así que, los llevó a un restaurante nuevo. Afortunadamente, el sitio y la comida fueron del agrado de todos. Si alguien los hubiera visto momentos antes en el estacionamiento, se extrañarían de verlos compartir ahora afablemente. Pero Yoshiro no pretendía arruinarle el día a Kaiya ni Fudo quería cabrear más a su mejor amigo y el moreno no deseaba entristecer más a Tom. Dato del cual aparentemente sólo él se había percatado.

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