Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 13

en agosto 3, 2010

––¡Kaiya! ––apenas el cuarteto entró a la casa, Kenshi se levantó del sofá donde estaba sentado con la madre y Yuki para ir a abrazar al cumpleañero––, tanto tiempo sin verte ––aunque el moreno seguía yendo al negocio a la hora del almuerzo, él no estaba presente. A esa hora, salía con Fudo a dar una vuelta; por lo que, hacían días que no se veían.

––¿Dónde te has metido? ––Kaiya lo separó con suavidad. Lo estimaba, pero era demasiado efusivo para su gusto––. Yuki, ¿cómo estás? ––aceptó el rápido abrazo del mayor que también se había levantado para acercarse a saludar. Se llevaba bien con el adulto. Eran amigos y podía decirse que confidentes. Sabía que ya era un hombre divorciado y que, aunque no lo demostraba, seguía profundamente herido por la burla hacia su hombría de parte de su ex-mujer. Comprendía perfectamente su dolor y por eso llevaban una amistad de gran respeto y estima el uno hacia el otro.

––Por ahí, con… ––Kenshi no logró completar su oración, pues fue abruptamente interrumpido por Fudo.

––Kenshi, creo que no conoces a mi novio, Tom ––Fudo con una sonrisa traviesa y las manos sobre los hombros del chico parado frente a él, le guiñó el ojo al peli-violeta.

––Bien, ¿qué tal tú? ––Yuki sonreía al moreno, cuando escuchó la palabra “novio” de boca de Fudo. ¿Cómo que tenía novio?, ¿acaso Kenshi lo sabía? Se dedicó a observar detenidamente la dinámica entre su compañero de trabajo y ese individuo que desde el principio le había caído mal. Conocía a un aventurero con sólo verlo y ese tipo tenía tatuado en la frente “sexo, diversión y nada de compromiso”.

––No, no lo conocía ––aunque de momento lució un poco descolocado, reaccionó de inmediato saludando con una sonrisa al hermoso jovencito––. Mucho gusto ––le tendió la mano, sin saber si se la estrecharía, pues el chico lo miraba entre asombrado y dolido.

––Igual ––Tom sonrió, aunque por dentro lloraba. Así que, ¿ese chico era el “otro” o debía decir uno de tantos?, se preguntó, estrechando su mano. Kenshi tendría más o menos su edad, reflexionó con dolor en el corazón. Tantas veces que Fudo le había dicho que NO se metía con chiquillos, para acabar poniéndole los cuernos con, precisamente, otro chiquillo. Se sentía morir por dentro, por su traición, por sus mentiras, por haberle durado tan poco la felicidad. Pero con la misma sonrisa, pasó a saludar al albino que Kaiya le presentaba. Por el tono de voz de su mejor amigo, entendió que estimaba al hombre. Al encontrarse con sus ojos, supo que su sonrisa no engañaba ni al moreno ni al albino––. Si me disculpan, prometí ayudar en la cocina ––se excusó, ya que no soportaba más la situación; aprovechando para seguir a la mujer que se había marchado a revisar la tarta.

––Te acompaño ––Fudo se le fue detrás sin saber si debía preocuparse o no. Tom había actuado normal, pero Kaiya y el otro hombre… ¿cómo le habían dicho que se llamaba?… le habían dado una mirada asesina que sinceramente no entendía de dónde provenía.

––Cómo quieras ––Tom tuvo que aguantar las enormes ganas que le entraron de gritarle que se quedara con su nuevo amante, pero era el cumpleaños de Kaiya y no se lo iba a arruinar con una escenita. Además, pronto se marcharía y no volvería a ver a ese adorablemente egoísta ojigris, así que se prometió disfrutar el poco tiempo que les quedaba juntos. No quería llevarse por recuerdo, discusiones y recriminaciones que sólo le romperían más el corazón.

––Me disculpan. Necesito ir al baño ––Kenshi se alejó con una sonrisa que Yuki supo era tan falsa como la del jovencito novio del Casanova.

––Ve con él ––Kaiya le tocó el hombro al albino y señaló por donde se había escabullido el peli-violeta––. No luce bien ––ya se imaginaba lo que había sucedido. Fudo había perseguido al chico y este cansado de esperar por Yuki, su amor imposible, se había dejado seducir. Quizás, pensado que ya no estaría solo, que tendría un compañero.

––¿Qué pensaba ese idiota? ––Yoshiro miraba hacia la cocina, furioso con su amigo, con Kaiya y consigo mismo. De no haber estado auto-compadeciéndose, se hubiera dado cuenta de lo que sucedía y hubiera podido evitar lo que aparentemente había pasado.

––Ven, vamos a saludar a papá ––Kaiya prefería no comentar. Por más inmaduro que fuera el ojigris, era el mejor amigo del rubio. Cualquier cosa que dijera en su contra, haría sentir mal a Yoshiro. Y, sinceramente, no quería volver a verlo triste. Sabía que lo hecho sentir mal con su alejamiento, aunque esa no había sido su intención. Estaba cabreado, dolido y se había comportado infantilmente, de lo cual no se enorgullecía, claro. Pero es que, ¡coño!, él sólo le había tocado un poco la espalda y las nalgas a Tom; en cambio, Yoshiro y Fudo se habían estado cogiendo las pollas. Esas eran caricias más íntimas. Lo había encojonado pensar que el maldito pervertido había visto (de nuevo) su expresión al alcanzar el clímax cuando lo masturbó y le había encabronado haber sentido otro sabor y olor en aquella mano que lo volvía loco cuando arañaba su espalda.

––Kenshi, ¿puedo pasar? ––Yuki llamó a la puerta, entrando preocupado al no recibir respuesta.

Kenshi había estado mirándose en el espejo, sintiéndose más estúpido que nunca. Había sido un estúpido al aceptar salir con el ojigris. Y todo por intentar, intentar, ¿intentar qué? ––. No eres más que un imbécil ––le dijo a su reflejo, riéndose sin alegría al admitir para sí mismo que intentaba poner celoso a Yuki––. Mierda ––murmuró apoyando la frente contra el frío espejo––, esto duele ––duele amar a alguien que jamás me verá más que como un escandaloso e infantil compañero de trabajo, completó en su mente. No quería su amistad, quería más, mucho más.

––¿Estás bien? ––Yuki tocó al chico por hombro, haciendo que este brincara del susto. Era evidente que no lo había escuchado entrar. Pero él sí lo había escuchado llamarse a sí mismo imbécil y comentar que aquello le dolía. Pensó que era demasiado joven para vivir el rechazo. En su mente, apenas comenzaba a vivir. No era que él fuera un viejo, pero así se sentía desde que su ex le había roto el corazón y pisoteado su hombría––. No sabías que tenía novio ––no era una pregunta. Cabrón, me dan ganas de molerlo a golpes. Ese tipo hacía aflorar en él una violencia a la que no estaba acostumbrado, pero que extrañamente no le hacía sentir incómodo.

––No ––Kenshi miraba al albino a través del espejo. ¿Por qué había tenido que lucir tan patético frente a él? Probablemente, ahora pensaría (con mayor razón) que no era más que un crío y que para completar no sabía diferenciar cuando alguien sólo quería pasar el rato con él. Podía leer eso en su rostro––. No me tengas lástima ––murmuró alejándose de él.

––¿Quién habló de lástima? ––lo sujetó por un brazo, comprendiendo que se sintiera mal por haber sido utilizado por ese malnacido––. No tienes culpa, ese tipo es mucho mayor que tú y bastante más experimentado… ––comenzó a argumentar, cuando el chico se soltó abruptamente de su agarre.

––Soy un idiota, ¿no? Seguro que estás pensando que eso me pasa por inmaduro y… y… y por homosexual ––no sabía ni lo que decía. Sólo sabía que le hacía daño tenerlo tan cerca y tan lejos a la vez––. No soy un chiquillo, soy un hombre y… ––antes de continuar hablando, prefirió demostrarle a qué se refería. Así que lo empujó para besarlo apasionadamente. Se le hizo fácil colar la lengua en su boca, porque al sentir cómo lo empujaba contra la pared, el albino había abierto la misma para discutir. Coló las manos por debajo de la camisa del hombre e intentó colar su rodilla por entremedio de sus piernas; pero este colocando las manos sobre sus hombros, lo alejó de sí.

––Esto no está bien ––Yuki lo miraba severo, respirando agitado.

––No, supongo que no ––Kenshi se volteó para largarse de allí. Esa tarde, se había convertido en una de las peores tan pronto había visto al hermoso chiquillo que lo miraba con aquella expresión de dolor. No lo sabía. De verdad, no sabía que Fudo tenía novio. Aunque tampoco se había preocupado en preguntar. De hecho, el hombre sólo le parecía atractivo; pero no lo deseaba. Sujetó el pomo de la puerta, sintiéndose al límite de sus fuerzas, cuando una fuerte mano cubrió la suya.

––Esto no está bien ––repitió Yuki en su oído––, porque no soy pasivo ––completó mordiendo el cuello del chico. No le dio cabida en su mente a las miles de preguntas que gritaban por su atención. Ignoró las dudas, las razones, lo ignoró todo. Sólo se dejó llevar por los jadeos de placer del chico. Este lo había tomado por sorpresa. Pero la pasión en su beso, en sus caricias, en sus ojos, había despertado algo en él. Ni siquiera con su mujer había logrado sentirse tan… tan… vivo. Por lo que, se decidió a experimentar esa nueva y extraña sensación. Se dedicó a morder, lamer y besar el cuello, la nuca y los hombros que tenía a su merced; mientras, rozaba su erección contra las nalgas del mismo. Jamás se había sentido tan jodidamente caliente en su vida ni había logrado una erección con tal facilidad.

––Ah, Yuki ––¿estás seguro?, completó en su mente, porque ni loco haría la pregunta en voz alta. No quería que recobrara la cordura, no en esos momentos. Ya luego se armaría de valor para soportar su arrepentimiento, porque un heterosexual luego siempre se arrepiente. No lo había vivido, pero sí había visto a varios compañeros de la universidad pasar por eso. Y esa era la razón que lo había aguantado todos esos años, porque sabía que luego no podría ni siquiera ser su amigo.

––Shhh, nos escucharán ––susurró Yuki en su oído. Le quitó la camisa y lamió su espalda, mientras sus manos recorrían su pecho. Sus dedos jugaron, pellizcaron y tiraron de sus tetillas, haciendo que el chico se metiera el puño en la boca para amortiguar sus jadeos y grititos de placer. El albino le mordió las nalgas por encima del pantalón, a la par que rozaba su bulto sin llegar a tocarlo.

––Yuki, Yuki ––por favor, tócame, lámele, cómemela, haz algo, gritó en su mente. Movió las caderas, buscando la varonil mano; pero esa mano se alejaba en busca de su cremallera––. ¡Dios! ––gritó al sentir su mano fuerte y grande agarrándole la polla para comenzar a masturbarlo con destreza. El albino le mordió una nalga, antes de levantarse y plantando un beso en su hombro, comenzar a penetrarlo.

Qué jodidamente estrecho era el chico, pensó el albino sacando lo poco que había logrado meter. Estiró la mano y agarró el primer pote de crema que encontró en el lavamanos. Se untó en la polla y untó un poco en la entrada del chico y de una embestida fuerte lo penetró completamente––. Dios, Kenshi ––tembló al sentir cómo su miembro era apretado en aquel interior caliente, terso, increíblemente estrecho. Comenzó a moverse lenta, profundamente, sujetando con fuerza sus caderas.

––¡Yuki! ––había gritado el chico, cuando sintió la fuerza con la que entraba en su interior. Había apretado los ojos para controlar las lágrimas; pero, aún así, algunas se le escaparon.

El hombre lo obligó a voltear el rostro. Quería besarlo, pero al ver sus lágrimas y la obvia expresión de dolor en su rostro, se detuvo––. ¿Es tu primera vez? ––¡imposible!, ¿qué había estado haciendo con ese hombre todos esos días que habían salido a “almorzar”?

––No ––Kenshi desvió el rostro dolido al ver la incredulidad en su mirada. ¡Él no era un cualquiera! Antes de conocerlo, había tenido un noviecito, que sólo le había durado un mes precisamente porque le dolía cuando tenían sexo y el chico no tenía paciencia para relajarlo. Pero desde entonces, habían pasado varios años y no había vuelto a estar con nadie. Comenzaba a sentirse miserable mucho antes de lo esperado. Para completar, el sexo del hombre seguía clavado en su culo; por lo que no podía largarse de allí. Quería y no quería irse. ¡En realidad, no quería irse! Quería que el hombre dejara de mirarlo de esa manera. Y, sobre todo, no quería sentirse cómo se sentía en esos momentos… como una decepción.

––¿Fui muy brusco? ––Yuki estaba tenso por estarse aguantando––. ¿Te hice daño? ––comenzaba a sentirse… inadecuado. Quizás su ex-esposa tenía razón al decirle que era poco hombre. No había podido satisfacerla a ella y aparentemente ni siquiera al chico que tan ardientemente lo había “atacado” ––. Lo siento –– comenzó a salir con lentitud de su cuerpo. No sentía que el chico quería seguir. En realidad, no sabía qué pensaba el peli-violeta; ya que, por primera vez en su vida, estaba callado.

––Me lo estás haciendo ahora ––murmuró, deseando que la tierra se lo tragara––. No soy un cualquiera. Sólo tuve un novio, antes de conocerte. Y con Fudo hablamos más que nada ––miraba la puerta, como si fuera un objeto fascinante––. Nos besamos y acariciamos un poco, pero eso fue todo ––él no había podido llegar más lejos, porque el hombre no era el albino. Y el ojigris no había logrado que se le levantara, porque obviamente estaba enamorado de su novio, aunque se resistiera tanto al hecho.

––No dije que fueras un cualquiera ––Yuki lo obligó a voltearse y enfrentar su mirada––. No pensé que un hombre de su calaña, se contentara con tan poco ––maldición, no me estoy expresando bien, pensó al ver que el chico seguía mirándolo dolido––. Eres un joven hombre saludable y atractivo, pensé… ––suspiró con fuerza para tranquilizarse––. A tu edad, ya había estado con varias mujeres ––confesó, esperando darse a entender.

Kenshi lo miró sorprendido––. Entonces, ¿te doy asco o algo así? ––no entendía por qué se había separado de él. Con lo que le había costado (y dolido) que su cuerpo lo aceptara en su interior.

Yuki prefirió contestarle sin palabras. Comenzó a besarlo y acariciarlo, relajando al chico. Cuando el mismo peli-violeta pidió con sus movimientos que lo volviera a tomar, lo hizo. Esta vez, se tomó su tiempo en penetrarlo y en darle tiempo a acostumbrarse a su invasión.

Entre besos y caricias, Kenshi pronto se perdió en la ternura y pasión con que el hombre lo poseía––. Yuki, eres-eres increíbleeeeeeeee ––jadeó pensando que ayudaba muchísimo estar mirando sus ojos y no una puerta. Prefería hundirse en su mirada apasionada.

El albino lo alzó para tener mejor control de su cuerpo. Riendo asombrado, el peli-violeta se aferró a su cuerpo con brazos y piernas.

––¡Yuki, más, más! ––al peli-violeta ya no le importaba que lo escucharan. El albino lo llevó al cielo con sus profundas embestidas y cuando él se corrió, el hombre se corrió dentro de él.

Yuki intentaba recuperar el ritmo de su respiración con el rostro enterrado en el cuello del chico. Ahora, ¿qué rayos se suponía que le dijera? Estaba completamente fuera de su elemento. No podía tratarlo como una mujer, puesto que no lo era. No podía tratarlo como un simple polvo, porque no era de los de tener aventuras. Pero, la verdad, no se sentía preparado para comenzar una relación y mucho menos con un chico.

Kenshi acariciaba la espalda del hombre, sonriendo. Luego del doloroso y torpe comienzo, el resto había sido orgásmicamente genial. Su sonrisa empezó a desvanecerse, cuando el hombre comenzó a bajarlo lentamente. Había llegado el momento de las disculpas y el arrepentimiento, pensé estremeciéndose. Se puso la camisa, dándole la espalda––. ¿Qué haces? Yo puedo hacerlo ––intentó voltearse para quitarle la toalla húmeda con la que el albino repentinamente había comenzado a limpiarlo.

––Permíteme ––Yuki lo obligó a quedarse de espaldas. Era lo menos que podía hacer por él, antes de decirle que continuaran siendo amigos. ¿Eran amigos? Más bien, eran compañeros de trabajo. Nunca lo había invitado a su casa, porque lo consideraba muy ruidoso. Mierda, no le sentaba bien tener que decirle que… ¿qué exactamente?, se preguntaba confundido.

––Apúrate que deben estar esperándonos para cantarle a Kaiya ––comentó, evitando que el hombre dijera algo que sólo le rompería el corazón––. Toma ––le pasó la camisa, la única prenda que había logrado quitarle. Se subió los pantalones y salió. Pero se detuvo un segundo y, volteándose rápidamente, besó con suavidad los labios que tan apasionadamente lo habían besado minutos atrás––. Gracias ––murmuró, caminando hacia la habitación del padre, donde la madre les había explicado que sería la “fiesta”.

¿Gracias? Un sorprendido albino miraba al chico entrar en aquella habitación. ¿Por qué le había dado las gracias?, ¿quería hacerlo sentir como una mierda? Lo había logrado, se dijo siguiéndolo a la habitación.

La habitación estaba llena de tepe a tepe. Estaba la familia, el médico, Yuki y Kenshi, el pervertido y Tom. Como era tradición, la madre cocinaba la tarta, obligaba a todos a cantar cumpleaños feliz y luego repartían los regalos.

A Kaiya, no le sorprendió el regalo de Akiyama y Yuto: una foto enmarcada de los chicos besándose. Los años que llevaban juntos, solían regalarle algo similar. Pensó divertido que podría montar una galería de objetos con imágenes de la empalagosa pareja, que imaginaba sólo comprarían ellos mismos. Sonrió agradecido a Kenshi y Yuki por sus regalos: un libro de misterio y un CD de su grupo favorito. Abrazó en agradecimiento a Tom por la hermosa pintura del cielo estrellado que el chico le había pintado. Tenía talento para el arte, se le daba más que bien, como había descubierto un día en que estaban hablando sobre sus pasatiempos. Viró los ojos al leer la leyenda de la camiseta que Fudo le regalaba: “I´m too sexy for my body”. Se emocionó con el regalo del médico: una foto de la primera vez que había estado en esa casa. Su difunto padre lo cargaba en sus brazos, mientras miraba enamorado a su madre, quien a su vez le sonreía. Él, con apenas 2 años, miraba a Yoshiro, quien golpeaba a Fudo a saber por qué. Su tío trataba de separarlos y su tía abrazaba a Akiyama, a quien la violencia siempre le había asustado.

––Toma ––Yoshiro se había roto la cabeza preguntándose qué regalarle. Acabó comprándole un ipad.

Kaiya observó, interesado y contento, que había bajado sus libros, música y juegos favoritos. Eso significaba que había estado averiguando qué le gustaba; o sea, no era un regalo para salir del paso. Cuando llegó a las fotos, sonrió al ver sus difuntos padres, su actual familia y Yuki, Kenshi y Tom.

––¿Y tus fotos? ––lo miró serio al descubrir que había fotos de todos, incluso del pervertido que salía abrazando a Tom, menos de él.

––¿Mis fotos? ––había comprado el regalo durante los días que Kaiya apenas le hablaba; por lo que, no supo si debía poner fotos suyas. A última hora, había decidido no hacerlo.

Kaiya lo sujetó por la nuca y recostó su frente contra la del rubio, mirándolo intensamente. Quería preguntarle qué intentaba decirle con esa acción.

Yoshiro tragó nervioso. Por todos los santos, su padre y el médico estaban allí. ¿Qué pretendía hacer el moreno? Parecía como si quisiera decirle algo y, a la misma vez, besarlo.

¿Qué era lo que seguía sin entender?, se preguntó Kaiya, soltándolo al ver su mirada nerviosa––. Gracias por el regalo ––murmuró completamente desconcertado. ¿Acaso pretendía recordarle que se marcharía o le estaba indicando que sólo era una aventura? No entendía y eso lo sacaba de tiempo.

––Hijo, toma ––la madre se apresuró a darle su regalo, al ver lo confundidos que lucían ambos.

Kaiya miró el sobre con curiosidad y al sacar la hoja que estaba adentro, lanzó una carcajada. Abrazó a su madre, sintiéndose mejor. Ella tenía la capacidad de distraerlo o hacerlo reír cuando no se sentía bien.

Todos miraban curiosos el sobre, pero el moreno no dijo nada al respecto. Simplemente, se lo pasó a Yoshiro, quien le preguntó con la mirada si podía ver su interior y el chico asintió acercándose a su padre que con un movimiento de su mano sana, lo llamaba a su lado.

––¡Mamá! ––Yoshiro sonrió al ver que la hoja era el recibo de un tatuaje (ya pagado, por supuesto) para el chico del tamaño que quisiera, donde quisiera, cuando quisiera.

––¿Qué? ––la mujer lo miró con inocencia––. No me digas que no se verá condenadamente sexy con un tatuaje ––comentó como si nada.

Yoshiro se dedicó a acomodar los regalos del moreno para disimular el brillo en sus ojos al imaginarse la fuerte espalda de Kaiya con algún tatuaje impresionante.

––Vamos a la cocina a picar la tarta. Papá quiere hablar a solas con Kaiya ––la mujer no tuvo que insistir porque a la que dijo tarta, todos salieron de la habitación. Todos, menos Yoshiro––. Ven, hijo ––lo sujetó por una mano, sacándolo y cerrando la puerta al salir.

––¿Qué sucede? ––estaba nervioso. Si su padre se había enterado… No hablaría con Kaiya, estúpido, hablaría contigo, se dijo seguro de que no sería una conversación agradable.

––Tu tía, mi amada hermana, dejó una carta para él ––sonrió con nostalgia––. Quería que se le entregara entre sus 17 a 20 años. Supo que iba a morir joven y quiso dejarle un recuerdo a su bebé. Antes, tu padre y yo no sentíamos que estuviera preparado para leerla ––le confesó––. Pero ahora es el momento perfecto.

––¿Por qué ahora? ––¿qué decía esa carta?, ¿acaso sus padres sabían?, se preguntó mirando preocupado hacia la puerta.

––Porque ahora te tiene a ti, cariño ––sonrió, acariciando su rostro. Amaba a sus hijos y le entristecía ver que no parecían entenderse––. Lo amas, ¿por qué te alejas de él?

––¿Yo? ––él no era el que se alejaba. Su madre no sabía nada, pensó recordando esas últimas semanas en las que el chico apenas le hablaba.

––¿Qué crees que pensó cuando vio fotos de todos, menos tuyas, en el regalo que le hiciste? ––su sonrisa se amplió. Reconocía el “no sabes nada” en la mirada de sus hijos. El único que no la miraba así era Kaiya, quien la escuchaba y abrazaba cariñosamente y, luego, regresaba a su hermetismo.

––No sabía… pensé… no lo entiendo ––acabó confesando. ¿Cuántas veces le había dicho eso a su madre desde que había regresado? Ya parecía disco rayado.

––Amor, ¿por qué no le preguntas directamente? ––al ver el horror en sus ojos, se rió suavemente––. Vale, ya llegará el momento. Sólo espero que no dejen pasar toda una vida para comunicarse. Ven, vamos a comer de la sabrosa tarta que preparé.

––Ya voy ––Yoshiro se quedó en el pasillo, esperando a que Kaiya saliera. Sabía cuánto amaba a sus padres y cuánto los extrañaba. Aún recordaba la sonrisa que le daba en un débil intento de parecer fuerte frente a él, todos los aniversarios de sus muertes. Nunca había entendido por qué necesitaba hacerse el fuerte en su presencia. Él mejor que nadie sabía lo mucho que los echaba de menos. Estaba recordando las noches que pasaba sentado a su lado en el tejado mirando las estrellas, cuando el moreno salió de la habitación.

Kaiya lo miró sorprendido. Se había quedado, esperándolo. Lo abrazó fuerte, fuerte. ¿Por qué lo había esperado?, ¿sabía que lo necesitaba?, ¿finalmente lo había entendido?

––¿La leíste? ––preguntó Yoshiro sin intentar fingir que no sabía para qué el padre había querido hablar con él a solas.

––Ven ––Kaiya negó con la cabeza, agarrándolo por la mano, llevándolo hacia la habitación. Al entrar en la habitación, pasó de largo dirigiéndose a la ventana––. ¿Puedes leérmela? ––preguntó pasándole el sobre, una vez estuvieron sentados.

––¿Estás seguro? ––Yoshiro no podía negar que le alegraba y le halagaba que confiara sólo en él. Al ver que el chico asentía, sacó la carta del sobre y comenzó a leer.

––Mi precioso niño ––Yoshiro sonrió pues recordó que su tía jamás llamaba a Kaiya por su nombre, siempre le decía de esa manera––, para cuando leas esto ya estarás hecho un atractivo joven hombre. Lo sé, porque con los buenos genes que has heredado ––el moreno y el rubio se miraron y sonrieron. Obviamente, la humildad no era una virtud que corría en la familia––, podrías llegar a ser un rompecorazones de quererlo. Pero sé que no es ese tu camino. Te preguntarás de qué demonios habla tu loca madre. Te confesaré, mi amor, que recurrimos… sí, tu padre me acompañó aunque es un incrédulo, pero me ama y por eso me sigue a todos lados, igual que yo a él… a una médium para conocer tu futuro cuando dijiste con tal certeza y aplomo que Yoshiro era tuyo ––aquí, el rubio tosió nervioso y miró al moreno que clavó sus ojos en los suyos con esa mirada penetrante que reservaba para cuando quería hacerle el amor. Desvió la mirada de inmediato, porque no era momento de pensar en sexo. No, no lo era; pero, aún así, no podía evitar comenzar a sentirse caliente. Maldito moreno, con una mirada, con una sonrisa, ponía su mundo de cabeza––.Fue así cómo tu padre y yo nos enteramos de que no viviríamos para verte hecho un hombre y aunque una parte de nosotros se rebeló ante tal crueldad del destino, sabemos que estarás bien ––Yoshiro miró a Kaiya, pero este había bajado el rostro. Sólo continuó leyendo cuando el chico le hizo una señal con la mano para que prosiguiera––. ¿Por qué esa certeza? Porque sabemos que tus tíos te recibirán en su hogar con los brazos abiertos y estarás al lado de TU Yoshiro ––el rubio deseó haber llevado una botella de agua, sentía que las palabras se le atragantaban cada vez que veía su nombre––. Te confieso que la mujer nos desconcertó cuando nos dijo que sufrirías dos grandes pérdidas: la nuestra y la de la persona más importante en tu vida… luego de nosotros, claro… y que ese dolor te cambiaría ––Yoshiro había ido bajando el volumen de su voz. Se sentía como los acusados sentados al lado del juez en su juicio. Se detuvo, no podía seguir, se sentía fatal.

––Sigue, por favor ––el moreno lo miró y le acarició el cabello. Parecía estar tranquilo, pero a él le recordó cuando de niño fingía estar bien, sin estarlo, en realidad.

––Imaginarás, mi cielo, que me preocupé. Sé que Yoshiro… ¿a quién podría estarse refiriendo si no a él?… es tu persona especial, además es mi sobrino mayor y lo amo. Fue el primer bebé en nuestro mundo. No quería pensar que le pasaría algo malo ––el rubio tragó con dificultad. Era cierto, su tía había sido buenísima con él. Y, ¿cómo le había pagado él tanto amor que ella le había dado? Violando a su precioso niño. ¡Por todos los santos!, esa carta lo estaba matando––. Pero la médium me aseguró que no pasaría nada grave con él, por lo menos, no físicamente. Sólo se marcharía de tu lado por algo extremadamente doloroso que ocurriría entre ustedes. Amor, dijo muchas cosas más que no escribiré porque si aún no las has vivido, no quiero predisponerte. De hecho, tu padre no quería que te contara tanto ––Yoshiro se imaginaba a su tío intentando mirar severo a su amada mujer, sin lograrlo.

––Pobre papá ––Kaiya sonrió, ya que recordaba muy bien el poco control que tenía sobre su amada esposa. Cuando a su madre se le metía algo entre ceja y ceja, no había quién la hiciera desistir.

Yoshiro se rió, pensando que el moreno había salido a su madre y él se parecía demasiado a su tío… ya que ninguno podía decirle que no a la persona que amaban––. Bebé, si Yoshiro te ha hecho daño, intenta perdonarlo; aunque no lo comprendas ––las manos del rubio temblaban. ¿Por qué carajo sus padres habían esperado a que él estuviera?, ¿acaso era un complot de la familia? Sentía cómo las gotas de sudor, por los nervios, bajaban por su espalda––. ¿Por qué te pido eso? Porque si no lo perdonas, ambos acabarán amargados y solos. No quiero eso para ninguno. No quiero que tengan que esperar a una próxima vida para lograr lo que en esta no pudieron. No quiero pensar que el amor no pudo triunfar sobre el resentimiento y el dolor ––¿amor? ¡Vaya!, olvidaba que su tía era una romanticona––. Sé que ninguno de los dos me fallará. Los amo a ambos. Sean buenos, uno con el otro.

––¿Es todo? ––preguntó el moreno mirando el cielo estrellado.

––Hay una postdata ––contestó el rubio, aunque se sentía un poco incómodo. Ese final, le había parecido como si tu tía supiera que él iba a estar a su lado. ¡Imposible!, ¿verdad?

––Hijo, logré quitarle el bolígrafo a tu madre… ya te imaginarás cómo, pues a la edad que se te será entregada esta carta, no serás un inocentón… no con mi sangre corriendo por tus venas ––los chicos volvieron a mirarse y esta vez lanzaron una carcajada––. Tu madre y yo te amamos. Fuiste un hijo deseado y nos hiciste inmensamente feliz. Cuida a Yoshiro y… ––aquí el rubio se detuvo al ver las palabras que seguían.

––¿Qué sucede? ––Kaiya sujetó su mentón y lo obligó a mirarlo. Le dio un beso suave, tierno––. Continúa, por favor.

Ante tal petición, el rubio no pudo negarse––: Yoshiro cuida de él. No sigan haciéndose daño. Recuerden que la vida es demasiado corta para vivirla con resentimiento o dolor.

––¿Crees que la médium les dijo que estaría a tu lado cuando te dieran la carta? ––tan pronto hizo la pregunta, el rubio se sintió estúpido.

––No hacía falta una médium ––tan enigmático como siempre, luego de decir esas palabras que dejaron más confundido a su primo-hermano, lo sujetó de la mano y regresó al interior de la habitación, donde se dedicó a hacerle el amor toda la noche.

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Yoshiro sonrió sin abrir aún los ojos. Escuchaba los latidos del corazón del moreno. Coño, cuánto había añorado volver a despertar con la cabeza apoyada sobre su pecho. Su día comenzaba cuando los latidos de su amante le recordaban que sólo él podía dormir recostado de su cuerpo. Se acomodó mejor, porque aunque estaba despierto, se rehusaba a abrir los ojos. Estaba agotado y es que Kaiya había estado…

¡Un momento! Lo había soñado, ¿verdad? Sí, sí, tuvo que haberlo soñado. Él no sería tan idiota como para… Sintió que el corazón se le detenía al recordar que efectivamente le había dicho a Kaiya que lo amaba. ¡Joder! Pero, ¿qué carajo estaba pensando? Con un suspiro resignado, recordó lo que había estado pensando. En ese momento, le había parecido tan correcto. El chico lo embestía apasionado, se miraban fijamente a los ojos y se comían los labios a besos. Y justo antes de correrse tuvo la genial idea de confesarle su amor. ¡Mierda!, ni siquiera vio la reacción del moreno, porque siempre cerraba los ojos cuando alcanzaba el clímax.

––Buenos días ––detuvo sus pensamientos y alzó la cabeza al sentir que la mano que estaba sobre su espalda ascendía para acariciar sus cabellos. Aunque temía la reacción del moreno, necesitaba verlo a la cara.

––Buenas tardes ––Kaiya divertido le señaló el reloj.

––¿Llevas mucho rato despierto? ––Yoshiro observó que la mañana había quedado atrás hacía horas.

––No ––lo acercó para besarlo. En realidad, llevaba despierto una hora. Estaba feliz y… confundido. Yoshiro le había dado el mejor regalo de su vida al confesarle que lo amaba; pero no podía quitarse de la cabeza el hecho de que no había puesto fotos suyas en el iPad. Seguía sin comprender qué intentaba decirle.

––Es-espera, Kai… ahhh… Kaiya ––Yoshiro había escuchado pasos que se acercaban y temía que fuera su madre. El moreno lo había sujetado con fuerza por las nalgas y lo movía para que se frotara contra su cuerpo y ¡maldición! así no podía pensar con claridad. Sólo sabía que estaba desnudo encima del chico y la sábana no se veía por ninguna parte. En otras palabras, cuando la madre abriera la puerta, vería los dedos del chico acariciando sus nalgas y él ¡lo asesinaría, luego de morir de la vergüenza!

Por fortuna, un segundo antes de que la puerta se abriera, Kaiya se volteó de forma que él quedó sobre el rubio. Así que, cuando Fudo entró a la habitación, vio la ancha espalda del moreno al descubierto.

––Vaya, sí que fue una noche excitante, ¿eh? ––comentó el ojigris riéndose al ver los arañazos en la espalda del chico que agarró una almohada y, sin dejar de besar el rubio, se la lanzó––. ¿Por qué me golpeas? ––preguntó divertido al ver la almohada aterrizar en el medio del pasillo, luego de golpearle la cabeza. A duras penas, había evitado que le diera en pleno rostro.

––¡¿Qué quieres?! ––gruñó Kaiya sin voltearse a verlo, lamiendo los labios del rubio que jadeaba bajo su cuerpo, gracias a la atención que él le estaba dando a su polla.

––Madre pregunta si no van a bajar a comer en todo el día ––explicó, observando cómo el rubio cruzaba las piernas sobre la cintura del moreno, cuya mano obviamente estaba masturbándolo––. Joder ––susurró riéndose y sintiendo que se empalmaba.

––¡Lárgate! ––volvió a gruñir el moreno, deseando que se desapareciera de una vez para poder hacerle el amor al rubio, quien lo estaba volviendo loco con la expresión de su rostro.

––Puedo darles una manita ––sugirió lanzando una carcajada por el corte de manga que recibió a cambio.

––Fu-Fudo, vete ––Yoshiro no sabía cuánto más podría aguantar y sabía que Kaiya no quería que su amigo lo escuchara jadear, puesto que cada vez que iba a hacerlo, este lo besaba.

––Fudo, ¿qué haces? ––Tom agarró la almohada y se asomó a la puerta––. ¡Fudo!, no seas indiscreto. ¡Ven! ––sujetó la mano de su novio para sacarlo de la habitación.

––Tom, acércate ––la petición de Kaiya asombró a Tom, cabreó a Fudo y aturdió a Yoshiro.

El chico se acercó y con cuidado puso la almohada en una esquina de la cama. Lanzó un gritito, cuando el moreno le sujetó una mano, haciéndolo caer sentado al lado de ellos. Él y el rubio se miraron ruborizados.

––¿Qué te pasa? ––sin dejar de acariciar a su confundido amante, el moreno le preguntó.

––Na… ––el chico comenzaba a negar, pero al ver su mirada, bajó la cabeza––: Estoy triste.

––¿Quieres hablar sobre eso? ––ya sabía que estaba triste. De hecho, estaba deprimido.

El chico asintió sin atreverse a hablar.

––Espérame abajo ––le dio un pequeño beso en la nariz, antes de prestarle toda su atención a su amante.

Tom se llevó a su novio, quien no cesaba de preguntarle qué había estado hablando con Kaiya, sin lograr sacarle una palabra.

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––No creía que pudieras caminar tan bien, luego de estar toda la noche, toda la mañana y parte de la tarde encerrado con tu amante ––Fudo se reía molestando a su amigo, quien fumaba a su lado, mientras ambos caminaban por el parque. Su madre los había enviado a buscar a Kaiya y Tom, quienes habían salido a hablar hacía par de horas.

––Eso es porque tienes una mente enferma y piensas que los demás se pasan follando a todas horas, como tú ––Yoshiro se reía, pues imaginaba que era lógico que eso pensaran todos en la casa. Lo cierto fue que luego de que él y Tom salieran de la habitación, Kaiya comenzó a acariciar su entrada y él no pudo evitar hacer un gesto de dolor. Durante la noche, habían hecho el amor tierna, apasionada, salvaje y desesperadamente y su culo, obviamente, estaba resentido de tanto uso y abuso. Para su sorpresa, el moreno se percató y se dedicó a llenarlo de mimos: sexo oral, besos y caricias ligeras y una “ayudita” durante su baño.

––¿Por qué sonríes así? ––Fudo miraba divertido a su amigo. Le daba un poco de envidiar verlo tan “compenetrado” con su amante. Por alguna razón, él sentía que algo entre Tom y él no andaba bien. Para su sorpresa, el chico no le preguntó nada sobre Kenshi aunque era obvio que se había enterado de que habían salido a “almorzar” varios días.

––Le dije a Kaiya que lo amaba ––no veía por qué no contarle; a fin de cuenta, él era su mejor amigo. Pero no sonreía por eso. Sonreía, porque mientras el moreno se bañaba, él había cogido su iPad y había bajado fotos suyas. Quería ver su reacción, por lo que esperaba que utilizara el aparato cuando él estuviera cerca.

––¡¡¿Qué?!!!, ¿cuándo?, ¿qué te dijo? ––lanzó una carcajada, porque él mismo se había mareado con tantas preguntas. Así que su amigo finalmente se había declarado. Por la felicidad en su rostro, imaginaba que había sido correspondido.

––Anoche y no me dijo nada ––apagó el cigarro, riéndose. Sabía que desconcertaba a su amigo y, aunque a él mismo le mortificaba no haber recibido una respuesta a cambio, no iba a dejar que eso lo entristeciera.

––¿Entonces? ––a pesar de no entender, se rió, porque eran pocas las veces que veía tan feliz a su amigo––. Mira, allí están ––Fudo señaló a la pareja que se hallaba sentada en un banco del parque––. ¿No te cabrea esa cercanía entre ellos? ––el cabreado era él, claro; pero no se le hacía fácil admitirlo.

Yoshiro se rió, encendiendo otro cigarro––. No, no me cabrea ––y así era. Aunque Tom estaba sentado a horcadas sobre Kaiya, las manos del moreno estaban en su cintura y las del chico en sus hombros. Si las manos de su amante estuvieran recorriendo el otro cuerpo, entonces sí se hubiera cabreado.

––Shhh, creo que podemos escuchar lo que hablan ––Fudo lo arrastró hacia unos arbustos, riéndose por lo bajo.

––Cuando la persona que tanto te importa, desaparece de tu vida, es una condena. Vives en un infierno ––decía el moreno, mirando serio al chico.

––¿Yoshiro no se despidió antes de irse a Estados Unidos? ––Tom lo miraba asombrado.

––No ––Kaiya le dio un beso en la frente. Este le había contado sus planes de desaparecer de la vida del pervertido y, aunque pensaba que se lo merecía, no le sentaba bien que lo hiciera.

––Pero llamaba todos los días ––el chico conocía ese dato, porque lo había visto llamando a su familia muchas veces durante todos esos años.

––Nunca quiso hablar conmigo ––lo abrazó. De repente, se sentía necesitado de cariño.

––Regresó ––murmuró devolviéndole el abrazo con fuerza.

––No por mí ––sonrió, sabía que estaba comportándose como un chiquillo––. No importa, no lo dejaré marcharse nuevamente ––confesó a su oído.

––Joder ––Fudo se arrepintió de aquello al ver cómo la felicidad desaparecía del rostro de su amigo––. No te lo tomes así ––lo abrazó por la espalda y recostó su mentón sobre su hombro.

––Ven ––Yoshiro se acercó a los chicos, hablando con naturalidad––. Tom, Kaiya, madre quiere que cenemos juntos.

––Fudo, ¿hace rato que nos están buscando? ––Tom se acercó a su novio, observándolo detenidamente para comprobar si los habían estado escuchando. Pero el salido, como de costumbre, lo besó y le agarró las nalgas; mientras le susurraba una y mil fresquería que lo hicieron ruborizar.

Kaiya y Yoshiro caminaban detrás de la pareja, observando entre divertidos y resignados cómo el pervertido intentaba meterle mano al chiquillo.

––Nos escuchaste ––Kaiya era más directo que su amigo.

––Algo ––no veía para qué fingir que no lo habían hecho, si probablemente él los había visto.

––Dímelo ––el moreno se detuvo, obligándolo a detenerse.

––¿Qué? ––el rubio lo miró confundido.

––Que me amas ––Kaiya hizo su insólita petición tan tranquilo como siempre.

Yoshiro lo miró desencajado. No esperaba, la verdad, que él se lo pidiera con tal ecuanimidad––. Te amo ––él no era un cobarde. Bueno, ya no. Lo había sido; pero se resistía a seguir siéndolo.

Kaiya sonrió y se acercó a besarlo. Yoshiro cerró los ojos, porque no quería que el chico viera cuánto lo había emocionado su sonrisa. Esa sonrisa no había sido como las anteriores. Esa sonrisa había sido una franca, feliz, como antes del doloroso pasado que compartían.

––¡Tortolitos, avancen! ––Fudo salió corriendo y riéndose con su novio al ver la mirada asesina del moreno.

––No sé para qué intervengo por él ––refunfuñó Kaiya, volviendo a besar al rubio antes de seguir a la pareja que ya había vuelto a detenerse para besarse.

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