Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 14

en agosto 2, 2010

––Buenos días, ¿dormiste bien? ––Kenshi hizo que tosía para disimular el ataque de risa que le entró al recibir el típico gruñido por respuesta.

Yuki miró al chico para verificar si se estaba burlando, pero la llegada de un cliente hizo que el peli-violeta huyera como alma que lleva el diablo. Sin despegar los ojos del joven, dio un sorbo al café. Desde el cumpleaños de Kaiya el viernes, desde lo sucedido entre ellos, él no dormía para nada. El sábado había salido con una ex-amante y, aunque satisfactoria, la experiencia no había sido como la que había experimentado cuando tuvo al chico entre sus brazos. Desde que hiciera ese descubrimiento, llevaba casi una semana rompiéndose la cabeza. Sinceramente, no sabía qué hacer. Y el que Kenshi actuara como si nada, cuando se vieron el lunes en el trabajo, no ayudaba a aclarar su confusión, sino todo lo contrario.

––Yuki, ¿podrías buscar estos CD de programación en el almacén? ––mentalmente el hombre agradeció a Yoshiro que lo sacara de sus confusos pensamientos. Ya tendría tiempo para analizarlos, cuando regresara a su casa y pasara otra noche más en vela.

––Te dije que me sueltes ––fue lo primero que escuchó al regresar del almacén. Era la voz de Kenshi y aunque siseaba, se podía percibir su molestia. Sus ojos recorrieron el local y lo vio en una esquina con un chico de su misma edad. Este lo sujetaba con fuerza del brazo e intentaba besarlo, aunque el peli-violeta esquivaba como podía el beso.

––Creo que te dijo que lo soltaras ––antes de saber lo que hacía, el albino ya estaba al lado de Kenshi y apretaba con fuerza la muñeca del chico que molestaba al peli-violeta.

––Tío, ¿qué pasa? Esto es entre él y yo ––dijo mirándolo para rápidamente desviar la mirada del anciano ese hacia el chico que había logrado soltarse de su agarre––. No te metas en lo que no te incumbe ––dijo empujándolo molesto para ir tras Kenshi––. Es mi novio ––descubrió que no se le iba a ser tan fácil sacudirse al vejestorio de encima al sentir la fuerte presión nuevamente en su muñeca.

––¡Ex!, ¡ex-novio! ––gritó Kenshi, volteándose a mirar cabreado al chico; preocupado de que, por su culpa, acabara de perder cualquier remota posibilidad de enamorar a Yuki––. Me dejaste hace años y ¿pretendes que vuelva contigo como si nada? No quiero verte.

––Ya lo escuchaste ––Yuki soltó al tipo y le señaló la salida.

Cabreado, el tipo lanzó un puño, que el albino evadió con pasmosa facilidad y le devolvió certeramente. Luego para su humillación, se encontró siendo lanzado hacia el exterior del local por el abuelo. ¡Increíble! Total, el peli-violeta no era un buen polvo. A fin de cuentas, se la pasaba llorando hasta que él se corría. Decía que le dolía, no era más que una nena e imaginaba que estaba con ese viejo, porque a este apenas se le pararía, concluyó el individuo a todo pulmón.

––Yuki, lo siento ––Kenshi se disculpó, antes de irse rápidamente hacia el almacén.

––Yoshiro, yo… ––el albino miraba hacia el lugar por donde había desaparecido el chico.

––Ve, habla con él. Kaiya y yo atenderemos el negocio ––Yoshiro lo alentó, mientras saludaba con una sonrisa al moreno que entraba en esos momentos.

––¿Por qué te disculpabas? ––Yuki se sentó en la caja donde un decaído peli-violeta se había tirado.

––Te insultó por mi culpa ––murmuró Kenshi sin atreverse a levantar el rostro.

––¿Acaso podías controlar la boca de ese perfecto imbécil? ––el albino lo haló por un brazo para sentarlo a su lado y rodear sus hombros––. No me dijo nada que no me dijera mi ex-esposa.

––¿Ex?, ¿te divorciaste? ––preguntó, mirándolo por primera vez desde que su ex novio había aparecido en el local.

––Llevo un mes oficialmente divorciado ––explicó, acomodando el cabello del chico para poder ver sus ojos––. Sé que sabes que me había dejado ––al ver su rostro espantado, aclaró––: Kaiya me lo dijo. No sabía que yo no lo sabía. Pensaba que Yoshiro me lo había dicho, tal como se lo había contado a él ––sonrió, pensando que estaba dando vueltas al asunto.

––Ella era una estúpida ––murmuró, bajando la vista, preocupado de que fuera a defenderla o algo así.

––Ya no importa ––dijo, alzándole el rostro––. Ese tío no te trataba bien, ¿verdad?

Kenshi negó con la cabeza sin poder despegar sus ojos de él. ¿Por qué estaba siendo tan amable con él?

––Si prometo no volver a hacerte daño, como la primera vez, ¿saldrías conmigo?

Kenshi abrió mucho los ojos. Escudriñó su rostro en busca de una señal que le indicara que estaba bromeando, pero Yuki estaba serio––. No me lastimaste. Bueno, el segundo intento fue asombroso ––aclaró, enrojeciendo––. Fue la primera vez que me corrí, mientras hacía el amor ––confesó, lanzándose a besar sus labios.

Ahora, el sorprendido era Yuki. ¿Qué mierda de novio sólo busca su satisfacción? Bueno, acababa de conocerlo. Él no era ese tipo de persona. Nadie se había quejado de que fuera desconsiderado, en ese aspecto. Sólo su esposa, cuando no pudo concebir; pero ahora comprendía que había sido la falta de amor y la frustración lo que había acabado con su matrimonio, no el sexo––. Quiero hacerte el amor ––miró al chico y sonrió al ver cómo sus ojos brillaban emocionado, excitado. Había luchado contra los sentimientos que él había despertado en su interior y había perdido, se declaraba derrotado––. Quiero que vivas conmigo ––confesó, desnudándolo lentamente.

––Yuki, Yuki, no juegues conmigo ––suplicó, pensando que si se volvía a alejar, se moriría.

––No estoy jugando ––detuvo sus caricias para mirarlo de frente––. Múdate conmigo ––repitió para que entendiera que hablaba en serio.

––Te quiero ––Kenshi se atrevió a confesar, abrazándolo para tumbarlo nuevamente sobre su cuerpo.

––¿Eso significa que te mudarás? ––preguntó, besándolo profundamente.

––Sí, sí, cuando quieras.

––Esta tarde ––fue el último pensamiento coherente de Yuki antes de meterse la polla del chico en la boca.

––Enhorabuena, amigos ––murmuró Kaiya, regresando al mostrador con los papeles que Yoshiro le había pedido de su oficina. No había sido su intención escuchar, pero ellos no eran precisamente silenciosos––. Me quedaré a ayudarte, porque me temo que Yuki y Kenshi se marcharán temprano.

––¿Juntos? ––Yoshiro sonrió al ver que Kaiya asentía––. Ya era hora.

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––¿Ya terminaste de empacar? ––Kaiya se tiró en el colchón al lado de Tom, quien miraba triste las maletas.

––Sí, ¿cómo están Yuki y Kenshi? ––Tom no le guardaba rencor al chico peli-violeta. Fudo le había explicado con lujo de detalles los besos y las caricias compartidas y eran más o menos las que él y Kaiya compartían. Por lo que, no podía ser hipócrita y odiar al chico sólo porque deseaba poner celoso a Yuki.

––Parecería que llevan toda una vida juntos y no poco más de una semana ––Kaiya sonrió al recordar a la pareja, lo bien acoplados que estaban––. ¿Qué te pasa? ––lo pegó a su cuerpo, acariciándole suavemente la espalda.

––No quiero irme. No podré verte ––Tom besó tímidamente sus labios.

––Tonto, ¿para qué existen las webcam? ––le regaló varios besos fugaces, mientras acariciaba su cabello. No le gustaba verlo triste.

––Si no quieres que llore, déjame ver el tatuaje ––sabía que no tenía que recurrir al chantaje para verlo, pero en realidad se sentía triste e intentaba bromear para no echarse a llorar. No quería separarse de su mejor amigo. Gracias a él, había hablado seriamente con Fudo y sentía que ahora su relación estaba más sólida.

––¿De nuevo? ––Kaiya sonrió y se quitó la camisa. Llevaba una semana (fecha en la que se hizo el tatuaje) que tenía que mostrárselo a diario.

––No me canso de mirarlo ––ni tocarlo, pensó. De hecho, estiró la mano y la pasó sobre el enorme dragón que cubría prácticamente toda su espalda––. Es impresionante ––murmuró, recorriendo con sus dedos la silueta del mítico animal––. ¿Te dolió mucho? ––volvió a preguntar.

––En realidad, ardía más que dolía. Si sigues así, me voy a excitar ––declaró el moreno con la franqueza de siempre.

––Lo siento, pero me gustas mucho ––susurró el chico, besando con timidez su espalda.

Kaiya se volteó. Movimiento que el otro aprovechó para recostarse sobre su cuerpo.

––Hermoso ––murmuró el moreno, acariciando su cabello, sus labios––. Sabes que te quiero, ¿verdad?

Tom asintió en silencio. Se sentía nervioso y era por culpa de su pervertido novio. La noche anterior había estado comentando… como quien no quiere la cosa… que sería fantástico despedirse de la pareja de hermanos a todo lo grande; o sea, con un ménàge à quattre, por supuesto. Para su tambaleante paz mental, desde que había visto el tatuaje, había estado teniendo sueños eróticos con el moreno sobre él. Y, la conversación nocturna, había provocado que no pudiera quitarse de su mente la idea de tener sexo con su mejor amigo. Se sentía tan pervertido como su novio.

––Y te deseo. No te lo he ocultado ––continuó Kaiya, deslizando sus dedos por el cuello del chico.

––Ajá ––Tom tragaba en seco.

––Pero la fidelidad es importante para mí ––dijo besándolo suavemente––. Y tú amas a Fudo y deseas que te sea fiel, ¿verdad?

––Sí ––murmuró, enterrando avergonzado su rostro en el cuello del moreno––. Lo siento, es que a ratos deseo estar entre tus brazos.

––No te disculpes. ¿No acabo de repetir que te deseo también? Somos de carne y hueso, es normal ––dijo, alzando su rostro para besarlo profunda y tiernamente.

––Así que, ¿esto es lo que hacen cuando se quedan solos? ––Fudo lanzó una carcajada al ver cómo su novio daba un brinco por el susto que le había dado.

––Imagino que no es distinto a lo que intentas cuando estás solo con Yoshiro ––aunque Kaiya hablaba con el ojigris, a quien miraba era al rubio que se sentaba a su lado con una mirada que no ocultaba sus celos.

––¿Qué haces sin camisa? ––Yoshiro se inclinó y besó al moreno, acariciando de paso el cabello de Tom.

––Puedo intentar todo lo que quiera, no deja que me acerque. Lo tienes loquito por ti, eso no es justo ––riéndose, el ojigris se acostó al lado de los chicos, que seguían abrazados como si sus respectivos novios no estuvieran allí.

––Fue mi culpa. Quería ver el tatuaje ––Tom miró apenado al rubio.

––Es más que justo ––Kaiya sujetó al rubio por la nuca e hizo que volviera a inclinarse para besarlo profundamente––. Es mío.

––¿Te dijo que yo fui el que escogió el diseño? ––acostándose al lado del moreno, Yoshiro preguntó orgulloso. Aunque tenía a Tom prácticamente pegado al rostro, porque este no se apartaba de Kaiya; acarició el brazo de su primo-hermano, ahora novio-amante, buscando su atención.

––Qué egoísta eres. Puedes meterle mano a mi novio, pero yo no puedo meterle mano al tuyo ––Fudo se pegó a los chicos, inclinándose para besar la espalda de su pequeño. En realidad, aprovechando para rozar su empalme contra la pierna del moreno, riéndose en el proceso.

––Tienes buen gusto. Se ve… bien ––Tom se estremeció. Por poco, por culpa del beso de Fudo, había estado a punto de decirle a Yoshiro que Kaiya se veía condenadamente sexy. Pero no creía prudente decirle eso al novio de otro chico.

––No le estoy metiendo mano. Sólo lo besé ––dijo dándole una nalgada al ojigris, para demostrarle que se había dado cuenta de lo que hacía y bajando el rostro para besar el cabello de Tom y ocultar así que le había dado ganas de reír su propio argumento.

––¿Puedo besar a tu novio? ––Fudo lanzó una carcajada al ver su mirada asesina. Su nalgada lo había excitado y estar los cuatro en el mismo colchón, estaba logrando que su poco sentido común se fuera a pique.

––No te atrevas ––gruñó Kaiya cabreándose de sólo pensarlo.

Tom miraba nervioso de Kaiya a Fudo a Yoshiro. Esperaba que no acabaran peleando seriamente.

––¿Puedo tocarte a ti? ¿Puedes besarme a mí? ––preguntó el ojigris, volviendo a reírse.

––Sólo pueden tocarme Yoshiro y Tom ––dijo maldito, acariciando el cabello de Tom; pero mirando al rubio––. Y, no querrás que te bese. Acabaré mordiéndote. No me gustas tanto ––dijo, pasando a besarlo; mordiéndolo efectivamente.

––Joder, Yoshiro, ¿podemos follar tu novio y yo? ––coño, eso sí que no se lo había esperado. Se rió excitado.

––Olvídate de follar conmigo. Voy a hacer el amor con Yoshiro; así que, de nada vale pedir permiso ––Kaiya le susurró algo a Tom al oído antes de entregárselo a su novio. Luego, se subió sobre el rubio, besándolo profunda y apasionadamente.

––Tampoco pensaba dárselo ––Yoshiro atrapó el cuerpo del moreno con brazos y piernas. Maldición, Kaiya era suyo; por más que tonteara con Tom y provocara a Fudo. Era con él con quien dormía, era a él a quien le hacía el amor hasta que caían exhaustos uno en brazos del otro.

––Qué agresivo ––Fudo lanzó una carcajada al ver cómo Tom le amarraba las manos y se subía sobre él. Este lo había tomado por sorpresa, pero no pensaba quejarse. No cuando se movía de forma tan sensual sobre su cuerpo, provocándolo, alejándose, mientras reía de aquella manera que… también lo admitía… lo había hechizado desde el día que sus ojos hicieron contacto con los azules metálicos del chico.

Aún recordaba al pequeño mocoso que iba solicitando trabajo de local en local. Este, a pesar de estar llorando por los rechazos, lo miró desafiante cuando le preguntó su edad. Una vez logró que se calmara y le explicara por qué buscaba trabajo, decidió contratarlo. El chico aún no tenía edad legal para trabajar, pero él sabía lo que era pasar necesidades. Cuando no estaba en casa de Yoshiro, pasaba hambre en casa de sus padres. Así que, cuando le dijo que le daría unas horas de trabajo, el chico peli-castaño había reído y él había sentido que la piel se le erizaba. Mierda, desde ese día, estaba condenado a amarlo, lo sabía. Como también sabía que sus días de orgías habían llegado a su final, el día que se dejó seducir por ese pequeño hechicero.

––¿Quién te ha estado dando clases? ––se rió, jadeando mientras el chico recorría su cuerpo, mordiéndolo, arañándolo, amarrándolo, excitándolo con cojones.

Kaiya se rió bajito, mientras lamía una tetilla de Yoshiro. No era su intención hacerle el amor a Yoshiro en el mismo colchón que estaban sus mejores amigos, pero Tom se sentía inseguro de tomar las riendas y había accedido a quedarse para brindarle apoyo con su presencia; no para intervenir, eso lo habían dejado en claro.

Yoshiro jadeaba y sonría al ver cómo Kaiya, luego de atormentar sus tetillas, le bajaba la camisa para continuar su descenso. Le enternecía que fuera tan posesivo y no quisiera que los otros dos lo vieran; aunque ambos sabían que Fudo lo había visto desnudo miles de veces. Pero así era el moreno y así lo amaba. No sabía por qué estaban allí; sin embargo, imaginaba que el hecho de que Tom estuviera sobre su amigo, dándole una dosis de amor duro, era el motivo.

Kaiya sabía que a Fudo le excitaba que lo golpearan. Se había percatado de cuánto eso lo incitaba aún más. También que, aunque se pasara bromeando al respecto, buscaba quién lo satisficiera y si Tom no se ponía las pilas, alguien podría llenar ese espacio. El ojigris buscaba que fuera él, porque era el que se había dado cuenta, pero él tenía a Yoshiro y ese tipo de relación no le interesaba. Así que, esa semana el pequeño y él se habían pasado “estudiando” al respecto y luego de dejar que este practicara bondage con él, sabía que ya estaba listo para improvisar en la marcha e ir aprendiendo en el camino.

Tom recostado sobre su novio, luego de esa salvaje y maravillosa sección de sexo, miró a Kaiya quien ayudaba a Yoshiro a salir del colchón y agradeció al cielo tenerlo como amigo. Él le había dado valor para educarse en esa área que atraía a Fudo e incluso se había prestado para sus prácticas. Había sido paciente y hasta se había quedado allí, sólo porque él se lo había pedido. Hacer el amor con tu novio de esa manera, teniendo a tu lado a tu mejor amigo, quien para completar también te excitaba; había sido algo memorable––. Kaiya, gracias.

El moreno le guiñó el ojo, mientras agarraba de la cintura al rubio.

––¡No se vayan!, ¿qué pasó con el ménàge à quattre? ––Fudo lanzó una carcajada por el corte de manga que le regaló Kaiya antes de cerrar la puerta tras ellos––. Joder, cada día estoy un poco más enamorado.

––¿Qué tiene eso de malo? ––preguntó Tom riéndose por el tono en el que lo había dicho.

––Que estoy enamorado de tres hombres y no creo dar para tantos ––contestó riéndose feliz, aunque algo adolorido; pero eso sólo lo hacía más feliz. ¿Quién le iba a decir que ese chiquillo iba a llenar su vida en uno y mil aspectos?

––Mientras sólo hagas el amor conmigo, ama a todos los que quieras ––sonriendo por lo que diría a continuación, lo miró––: Yo siempre te amaré y a Kaiya también.

––Joder, ¿no podías escoger a otro para que fuera mi rival? ––las carcajadas del ojigris se oían en el pasillo, pero eso no le importaba. Estaba deliciosa y adoloridamente feliz.

ºººººººººººººººººººººº

––Kaiya ––Yoshiro yacía recostado sobre el pecho del moreno. Una vez en su habitación, habían vuelto a hacer el amor, habían descansado, habían hecho el amor de nuevo. Se habían duchado juntos; aunque Kaiya seguía sin dejarlo ver su cuerpo. Por lo que, luego de juguetear un rato, salía y lo dejaba para que terminara. Ahora, descansaban, para volver a comenzar, estaba seguro de eso.

––¿Um? ––Kaiya bajó la mirada hacia sus ¿celosos? ojos.

––¿Eso fue lo que estuvieron haciendo Tom y tú toda la semana?

––¿Por qué no habías preguntado antes? ––se había dado cuenta de que al rubio le molestaba que estuviera tanto rato a solas con el pequeño; pero si él no decía nada, no quería arruinar la sorpresa de su amigo.

––¿Por qué no me dijiste lo que hacían? ––preguntó dejando salir a flote los celos que lo habían estado atormentando toda la semana.

Kaiya lanzó una carcajada––. Estabas celoso.

––Por supuesto ––Yoshiro se alejó de su cuerpo––. Te amo y sé que te gusta ––volvió a recostarse sobre el moreno––. ¿No estarías celoso?

––Estuviste toda la semana con Fudo ––señaló sin perder de vista cada uno de sus movimientos.

––Pero estábamos comprando artículos para el negocio. En ningún momento, le permití tocarme ––refunfuñó–– ni lo toqué.

––Quiero a Tom y me gusta ––admitió, tan franco como siempre––. Pero no me interesa estar con nadie más que contigo ––¿qué era lo que seguía sin entender?, se preguntó, besándolo.

––¿A dónde vas? ––preguntó al verlo levantarse. No sabía si se estaba haciendo de ilusiones, pero por un segundo había pensado que Kaiya le iba a decir que lo amaba.

––Están llamando a la puerta. No quiero que despierten a mamá ––el moreno se puso un pantalón y una camisa cualquiera, ya que llevaba puesta su yukata.

––Te acompaño ––Yoshiro salió tras él agarrando la yukata que este se había quitado, porque Kaiya ya había salido de la habitación cuando él finalmente reaccionó.

Kaiya lo escucho bajar detrás de él y sonrió. Sonrisa que murió en sus labios al abrir la puerta y ver quién se hallaba del otro lado.

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