Yaoi, adictivo como chocolate

No puedes resistir la tentación

Redemption, capítulo 15

en agosto 1, 2010

––¿Podrías ayudarme con la maleta? ––la chica señaló con la cabeza la pequeña maleta que yacía a su lado. Lamentaba mucho haber borrado la hermosa sonrisa del rostro del chico; ya que era la primera vez que la veía y seguramente la última. Llevaba años echándole el ojo al serio moreno, cada vez que iba a comer a la pizzería; pero este jamás le había hecho caso. En cambio, el rubio que la miraba espantado tras el chico, era igual de atractivo a su manera e increíblemente accesible; por lo que, no dudó en tener una aventurilla con él. Claro que el día que vio la mirada asesina que el moreno le regalaba por estar con el rubio y escuchó los jadeos de Yoshiro en la que sería la última llamada que recibiría de él; supo que la aventura había llegado a su fin y entendió por qué el moreno jamás le había hecho caso. Cuando el día anterior, se enteró que eran hermanos; se asombró, pero ella no era quien para juzgar a los demás––. ¿Puedo pasar? ––preguntó, mirando del serio moreno al espantado rubio.

Kaiya se hizo a un lado, permitiéndole entrar. Agarró la maleta y apretando con fuerza la mandíbula, cerró la puerta.

––¿Qué haces aquí? ––Yoshiro la miraba y miraba a Kaiya, quien colocaba la pequeña maleta en el sofá al lado de ellos, mirándolo serio, terriblemente serio.

––Yoshiro, me ha surgido una oportunidad única de ser actriz en los Estados Unidos y no pienso desaprovecharla…, lo siento ––murmuró, obligándolo a sujetar aquel bulto que traía entre sus manos. Antes de que él pudiera reaccionar, se dio la vuelta y salió apresurada, corriendo hacia el coche que la esperaba.

––¿Qué…? ––más allá del espanto, el rubio observó que el “bulto” era un… ¡bebé! Sus brazos temblaron.

––Trae la maleta ––ordenó Kaiya, suspirando aliviado al verla marcharse y rescatando al bebé, antes de que el rubio lo dejara caer.

––¿A dónde lo llevas? ––aún aturdido, comenzó a subir las escaleras tras de él. ¿Sería realmente suyo… o suya? Ella ni siquiera le había dicho si era un varoncito o una hembra.

––A nuestra habitación. No olvides la maleta ––señaló sin girarse a verlo.

Yoshiro regresó a la sala y agarró la maleta, deteniéndose un momento al pie de la escalera. Temía lo que sucedería ahora con su relación. Respirando profundo, se dirigió hacia la habitación. Al entrar, encontró al moreno acomodando a la pequeña criatura en el centro de la cama que compartían. Este se le acercó y le quitó la maleta. Déjà vu, pensó el rubio.

––¿Qué? ––Yoshiro miró a Kaiya. Se había sentado al lado del bebé y estaba tan absorto intentando ver su parecido con él, que no se había percatado de que el moreno le estaba hablando.

––Rei. Tu hijo se llama Rei ––repitió, mirándolo finalmente––. En la maleta, está el papel legal donde ella renuncia a sus derechos maternos, el certificado de nacimiento de Rei, ropa, biberones, una lata de leche en polvo y el horario de su alimentación ––se sentó al otro lado del bebé––. Poco antes de traerlo, lo alimentó; lo que significa que quizás tendremos dos horas de paz ––explicó, acariciando el diminuto puño, sonriendo cuando el bebé movió la mano.

––¿Cómo sabes que es mi hijo? Podría ser de cualquiera ––murmuró, pensando que ella no era virgen ni inexperta y observando nuevamente al bebé sin encontrarle parecido alguno con él––. ¿Cuánto tiempo tendrá? ––comentó, fijándose en cómo Kaiya lo acariciaba tranquilamente. Él no se había atrevido a tocarlo, pero el moreno lucía cómodo con el pequeño.

––Estuviste acostándote con ella un tiempo, ¿no? ¿Usaste condón todas las veces? ––su tono de voz sonaba molesto––. Puedes hacerte la prueba de la paternidad para tu paz mental ––lo miró serio––. Pero, es tu hijo, quieras o no admitirlo y tiene poco menos de un mes ––frunció el ceño al ver que se mantenía alejado del bebé.

––¿Por qué insistes en que es mío? ––Yoshiro frunció el ceño al recordar que la primera vez que estuvo con ella, no usaron preservativos. Su gesto se profundizó al ver que el bebé se movía––. Casi un mes, creo que eso facilitará todo ––murmuró, suspirando aliviado al ver que seguía durmiendo.

––¿Qué facilitará? ––Kaiya sentía que comenzaba a cabrearse.

––El proceso de adopción ––añadió, mirando al bebé, completamente ajeno a la incomodidad de Kaiya.

––Ya tiene padre ––sí, era lo que se estaba temiendo y eso lo decepcionaba, no podía negarlo.

––¿No crees que estará mejor con una pareja que se ame? ––no había acabado de pronunciar esa pregunta, cuando escuchó que cerraban la puerta. Despegó la mirada del bebé y descubrió que estaba solo con la criatura. Había hablado sin pensar, preso aún de la confusión ocasionada por la repentina e inesperada existencia del bebé––. ¿Kaiya? ––se levantó, dispuesto a seguirlo; pero el bebé comenzó a llorar, molesto con tanto movimiento.

ºººººººººººººººººººººº

Madre escuchó la puerta principal y se levantó. Tenía que hablar seriamente con Akiyama y Yuto sobre sus salidas nocturnas. Cuando llegó a la sala, no escuchó ni vio al par por ningún lado. Se asomó a la ventana y observó a Kaiya sentado en la acera. Regresó a su habitación a buscar un abrigo y cuando abrió la puerta, vio a Myooji llevarse al moreno hacia su casa. Bueno, uno de los chicos ya estaba siendo atendido. Subió las escaleras, imaginando que Yoshiro estaría despierto e inquieto, si como imaginaba él y Kaiya habían discutido.

––¿Cómo es que escucho un llanto de bebé? ––entró súbitamente a la habitación y vio asombrada a su hijo mayor cargando, malamente, a un pequeño y molesto bebé.

––¡Mamá! ––el alivio en la voz de Yoshiro la hizo sonreír.

––¿De dónde salió esta hermosa criatura? ––sacó al pequeñín de los torpes brazos del rubio y sonrió al ver sus ojos verdes––. Así que, ¿es tuyo?

––¿No podía ser de Kaiya? ––preguntó fastidiado; a fin de cuentas tenía los ojos verdes como el moreno y la chica, claro; pero eso no lo sabía su madre.

Su madre lanzó una carcajada––. Hijo, te amo ––pero en lo que respecta a Kaiya eres increíblemente lento, completó en su mente––. Tiene el mismo lunar que tú en el cuello y si mal no recuerdo has sido tú quien siempre ha andado tras las faldas de mujeres con ojos verdes ––le mostró la marca de nacimiento, sonriendo––. ¿Dónde está Kaiya?

––No sé ––murmuró, asombrado de que su madre supiera ese dato. Además, ¿qué había significado ese “hijo, te amo”? Casi, casi, había sonado como un insulto. Y ¿acaso Kaiya jamás se había acostado con otra persona que no fuera él? Aunque, pensándolo bien, ¿qué sabía él realmente de lo que el moreno había hecho durante esos cuatro años?

––¿Cómo que no sabes?, ¿discutieron por el bebé? ––observaba la inquietud de su hijo––. ¿Acaso Kaiya no lo quiere? ––estaba segura de que esa no era la razón, pero él parecía no querer hablar del asunto y eso significaba que había hecho o dicho algo que ahora lo preocupaba.

––No es eso. Yo… yo sugerí darlo en adopción y lo próximo que sé es que estoy hablando solo ––confesó, desviando la mirada.

––Yoshiro ––la mujer suspiró––, ¿has olvidado que Kaiya estuvo dos días en un orfanato en lo que los abogados arreglaban toda la papelería legal para que pudiéramos adoptarlo? Dijo que jamás olvidaría lo solo que se sintió en ese lugar. Ya era lo suficientemente grande para entender que sus padres no volverían y para temer que nadie fuera a buscarlo.

––Lo… lo había olvidado ––mierda, ¿qué pasaba con él?

––Sus padres murieron y aunque nos ama, los extraña y desearía estar con ellos, es lógico. ¿No crees que pensó que el niño iba a sentir una soledad más profunda que la suya al saber que sus padres están vivos pero no lo quisieron? ––acarició los rubios cabellos del bebé y se lo devolvió––. Amor, no dejes que ganen tus miedos. Esta hermosa y pequeña criatura no tiene culpa de tus errores.

––Lo sé ––murmuró avergonzado––. Mamá, gracias ––con la mirada le pedía que se quedara, pero no lo exteriorizó porque ella necesitaba descansar. El bebé había vuelto a llorar y él no sabía qué hacer, aparte de echarse a llorar también; pero eso quedaba descartado.

ºººººººººººººººººººººº

La frialdad nocturna hizo que se estremeciera, pero Kaiya estaba demasiado cabreado y dolido como para regresar a buscar un abrigo. Escondió sus manos en los bolsillos del pantalón y echó a caminar. A los pocos pasos, se detuvo. No podía alejarse, porque si el pequeño comenzaba a llorar, Yoshiro era capaz de despertar a sus padres y no le parecía justo. Suspirando, se sentó en la acera.

Myooji estaba preparándose un café para terminar de leer los expedientes que se había llevado a casa, porque necesitaba unas horas fuera del hospital, cuando vio a Kaiya sentado en la acera con la cabeza baja. Miró el reloj y comprobó que esas no eran horas para que el chico estuviera en la calle. Miró hacia la ventana de la habitación de este y la luz estaba encendida. ¿Habría discutido con Yoshiro?

––Kaiya, iba a prepararme un café, ¿quieres? ––afuera el frío era brutal y él no podía abandonarlo por segunda vez. Bastante mal se había sentido esos cuatro años por haberle fallado la primera.

Asintiendo, el moreno se puso de pie y lo siguió al interior de la casa.

––Toma ––el hombre le pasó una taza y se sentó frente a él, observando cómo miraba hacia la ventana de su habitación––. ¿Todo bien?

––No ––contestó con una sonrisa triste––, pero supongo que estaré bien ––estuvieron un rato en silencio––. ¿Cómo ha podido hacerlo? ––lo miró mientras se tomaba agradecido el café, afuera hacía más frío del que esperaba.

––¿Hacer qué? ––Myooji lo miraba intrigado, echándole azúcar a su café.

––Estar tan cerca y, a la vez, tan lejos de mi padre, la persona que ama ––fue directo al grano, como siempre.

––¿Cómo…? ––suspiró. No debía de estar asombrado. El chico había pasado esos años observándolos en silencio. Lo había visto, más de una vez, mirarlo extraño cuando compartía con Kiyoshi––. No ha sido fácil ––finalmente, accedió.

––¿Por qué no le ha dicho que lo ama? ––sonrió al ver su mirada de “niño, no estás bien de la cabeza”.

––Creo que las razones son más que obvias… tu madre, tus hermanos, el hecho de que es mi mejor amigo y no quiero ni puedo perder su amistad ––la juventud siempre tan impetuosa, pensando que pueden hacer cualquier cosa y todo saldrá bien.

––No me arrepiento de no haberle dado oportunidad de reaccionar a Yoshiro, cuando regresó y lo convertí en mi amante ––sonrió al imaginar que al hombre se le haría difícil seguir su línea de pensamiento, pero no se detuvo––. Porque si esto no resulta, tendré la satisfacción de que lo intenté… y los recuerdos ––se levantó, caminando hacia la puerta––. Y su ejemplo para continuar viviendo, a pesar de tenerlo tan cerca y tan lejos.

A Myooji eso no le sonó a halago, pero no podía asegurar que fuera lo contrario.

––Mis padres duermen en camas separadas hace años ––comentó antes de abrir la puerta––. Gracias por el café ––dijo despidiéndose del hombre, caminando de regreso a su casa.

Myooji se quedó mirando la puerta como si acabara de caer una bomba en la entrada de su casa.

ºººººººººººººººººººººº

––Kaiya, siéntate un rato conmigo ––la mujer estaba en el sofá, esperándolo.

El chico se acostó en el sofá, recostando la cabeza en su regazo.

––¿Qué sucede, amor? ––preguntó acariciándole el cabello, sabiendo que eso lo relajaba.

––No entiende cuánto lo amo ––su voz reflejaba su dolor.

La mujer suspiró pesadamente––. ¿Se lo has dicho? ––lanzó una carcajada al ver que este se ruborizaba. Era la primera vez que veía a Kaiya avergonzado, pero lo comprendía. La relación entre ellos no era fácil, por el doloroso pasado que compartían. Sin embargo, se amaban y no dejaba de maravillarla todo lo que el amor de ese par superaba día a día––. ¿Cómo te sentiste cuando él te lo dijo?

––Inmensamente feliz ––admitió, sonriendo al recordar ese momento––. Pero, ¿no se lo he demostrado de mil maneras?

––¿Cómo te sientes cada vez que te lo dice? ––sonrió, contagiada con la sonrisa del chico al recordar ese momento especial en la vida de toda persona. Así era como quería verlo siempre y a Yoshiro y al par de insensatos que no acababan de regresar de la discoteca… felices––. Si no le dices que lo amas, que lo has perdonado, ¿no crees que sentirá que te estás vengando o sólo utilizándolo?

––Vale ––se sentó y le dio un beso en la frente. Ambos sabían que ella sabía lo que había pasado aquel fin de semana, pero como él no había querido hablar al respecto, ella había respetado su deseo––. Que descanses ––caminaba hacia la escalera con miles de pensamientos rondando su cabeza.

––Hijo, ¿cómo se llama el bebé?

Kaiya se detuvo y se volteó a mirarla––. ¿Viste a Rei?

––Sí, es una criatura hermosa y tenía a su padre a punto de un ataque de nervios con su llanto ––ambos sonrieron––. ¿No sientes resentimiento hacia él?

––¿Hacia Rei? ––la miró extrañado––. Por supuesto que no, ¿qué culpa tiene él de nada?

––Así es, cariño ––le tiró un beso––. Kaiya ––lo detuvo una última vez.

El chico la miró tranquilo.

––Dile que lo perdonas y que lo amas con palabras. Sabe que lo deseas, pero recuerda que necesita escuchar que lo amas ––sonrió, cuando su hijo menor asintió, desapareciendo por la escalera. Ese par era tan distinto. Yoshiro se moría de la vergüenza cuando la escuchaba hablar así; Kaiya, en cambio, actuaba con total naturalidad. A pesar de sus diferencias, sabía que podían lograrlo si aprendían a comunicarse.

ºººººººººººººººººººººº

––Te juro que regresará ––el bebé había comenzado a llorar cuando Kaiya había salido, probablemente porque se sentía seguro con él. No podía culparlo, él también se había sentido seguro al ver la tranquilidad con que lo había cogido en brazos y lo colocaba en la cama––. Probablemente no por mí, pero sí por ti.

––Siempre estaré donde tú estés ––el moreno le besó el cuello, antes de voltearlo para coger al bebé.

––¡Kaiya! No te escuché entrar ––murmuró, algo avergonzado por haber gritado y porque lo hubiera escuchado. Aunque lo que le dijo al oído, había hecho que su corazón acelerara sus latidos.

––Rei, siento haberte despertado, pequeñín ––Kaiya arrullaba al bebé, cuyo llanto fue cesando hasta quedar dormido.

––¿Cómo es que manejas con tanta facilidad al bebé?

––Quizás sea porque en la clase de paternidad responsable no estaba compitiendo con mi mejor amigo para ver cuál se tiraba a la mayor cantidad de chicas del salón ––señaló el moreno mirando al rubio.

Maldición, olvidaba que Kaiya lo sabía todo sobre él. Yoshiro observó cómo el moreno colocaba al bebé en la cama, le besaba la cabecita y luego caminaba hacia el clóset.

––¿Lo quieres? ––el rubio no podía evitar pensar que el comportamiento de Kaiya era extraño.

––Por supuesto, es tu hijo ––Yoshiro levantó una ceja, asombrado por su respuesta––. Toma ––Kaiya colocó frente a él varios álbumes de fotos.

Yoshiro lo miró extrañado––. ¿Qué quieres que vea?

––Busca el patrón común en las fotos ––ordenó recostándose del marco de la ventana, observando cómo el rubio sonreía al ver sus fotos de recién nacido.

––Tú ––tenía que ser eso, era lo único que se repetía en todas y cada una de las fotos––… mirándome ––añadió entre dudoso y temeroso de estar dando demasiado por sentado.

––Exacto ––Kaiya le quitó los álbumes y lo atrajo por la cintura––. Sólo tenía ojos para ti. Tenía 12 años cuando comprendí que no me interesaban las niñas ni que te amaba como un primo y mucho menos como un hermano. Entender que estaba enamorado de ti, hizo que ese fuera el mejor y el peor año de mi vida ––sonrió al ver el asombro de Yoshiro––. Cada vez que preferías mi compañía por encima de la de tu prometida o de Fudo o de alguna de tus conquistas, me llenaba de esperanzas. Pero luego te acostabas con la primera mujer que pasaba frente a ti y comprendía lo inútil de mis ilusiones ––lo miró serio, acariciando suavemente su cabello.

––Kaiya, no sabía, desconocía que pensabas de mí de esa manera ––murmuró acariciando su rostro––. Entonces, ¿nunca has estado con una mujer? ––al ver que el moreno negaba, continuó––: ¿o con otro hombre?

––Sé que no sabías que pensaba de ti de esa manera y no, no he estado ––sonrió porque el rubio hubiera utilizado esa palabra–– con otro hombre ––besó superficialmente sus labios––. Luego de mucho reflexionar, llegué a la conclusión de que siempre me verías como tu primo, tu hermano menor; por lo que, me refugié en la persona que más se parece a ti ––continuó su narración, porque ahora que había comenzado, no quería detenerse. Lo besó profundamente. Hablar de sus sentimientos lo hacía sentir vulnerable y sólo el continuo contacto con él, lo relajaba lo suficiente como para continuar––. Sabía que Akiyama era homosexual, ya que me había confesado que le gustaban los chicos; así que, pensé que no me sería difícil amarlo y que quizás lograría que me amara de esa manera ––suspiró, lo que venía a continuación no se le hacía fácil––. Cuando finalmente me había convencido de que lo amaba, me violaste.

Yoshiro se estremeció e intentó mirar a Kaiya, pero este lo abrazó con fuerza, recostando la cabeza en su hombro.

––¿Tienes idea de cómo me sentí cuando salí de mi habitación luego de la violación, mi fallido intento de suicidio y la pulmonía…

Yoshiro apretó al chico entre sus brazos. ¡Lo sabía! ¡Sabía que había intentado suicidarse! Pero escuchar su confesión, era fuerte y le dolía más ahora que comprendía cuánto lo amaba.

––… y descubrí que te habías ido del país? ––su voz temblaba––. Cuando te dije que te largaras, me refería a que salieras de mi habitación, no de mi vida. Te odié por desecharme con tal facilidad ––al llegar a ese punto, ya estaba llorando.

¿Desecharlo?, ¿como si fuera basura?, ¿era eso lo que le había hecho sentir?––. Kaiya, pensé que te estaba ahorrando un sufrimiento mayor. ¿Qué clase de vida ibas a llevar viendo todos los días a tu violador? ––él también lloraba. Habían tragado ese dolor demasiados años––. Además, no podía, no podía, vivir con tu odio.

––Una parte de mí, me repetía que no habías pretendido lastimarme. Pero cuando no quisiste hablar conmigo, pensé que en realidad me despreciabas ––Kaiya lo apretó sin pensar que podía estarlo lastimando––. No quería escuchar una estúpida disculpa por teléfono, no era eso lo que buscaba. Quería escuchar que te importaba, que volverías.

––Kaiya, lo siento, lo siento tanto ––se abrazó con más fuerza al chico. Ambos lastimándose un poco las costillas en el proceso, pero eso no importaba en esos momentos––. No quise lastimarte esa noche, como tampoco pretendí lastimarte al marcharme ––suspiró, intentando controlarse––. Y si llamaba era por ti, quería saber de ti ––buscó su rostro y con los dedos, secó las lágrimas del moreno––. Sólo de ti. He sido un cobarde, lo siento.

––No pude seguir odiándote ni pude seguir odiándome por no odiarte. No sé cuándo comencé a extrañarte y a añorar tu regreso ––lamió sus lágrimas, besando levemente sus labios––, pero un día descubrí que seguía amándote. Incluso tengo una buena cantidad ahorrada pues pretendía ir a buscarte.

––¿Ir a buscarme? ––repitió asombrado.

––Sí, iba a ir a los Estados Unidos y, a fuerza de hostigamiento, convencerte de que no podías estar sin mí ––sonrió maldito, más tranquilo ahora que ya había soltado parte del dolor que había llevado encerrado durante cuatro años en su corazón––. Y si no lo lograba, iba a quedarme cerca. Sin ti, no me interesaba regresar.

––Kaiya ––murmuró sin saber qué más decir, acariciando su rostro. Comprendía que lo que él le había dicho, había sido una versión micro de todo lo que había sufrido. Si no quería hablar más, estaba bien. Quizás ese primer paso, lo ayudaría a irse abriendo en el futuro.

––Yoshiro, te perdoné hace tiempo y nunca he dejado de amarte. Siempre has sido tú ––el dueño de mi corazón, completó en su mente, porque necesitaba besarlo.

––Kaiya, siempre te he amado y lamento haber sido tan lento para comprender mis sentimientos ––jadeó al sentir cómo colaba la mano por la yukata para sujetar su miembro y comenzar a masturbarlo––. También, ahhh, también quiero verte y tocarte ––al sentir cómo se tensaba, se arrepintió de su petición. Y más aún, al ver que se separaba de él.

Para su sorpresa, el moreno se quitó la camisa y el pantalón, quedando desnudo frente a él. La mirada que le dirigió, pasaría por desafiante para muchos; pero ahora que comenzaba a entender de nuevo al chico, pudo ver el temor en lo profundo de sus serios ojos verdes.

Se acercó con lentitud, deslizando la vista por sus musculosos brazos, sus abdominales marcados, su polla gruesa y grande, que tan bien conocía ya su culo, y sus piernas fuertes––. Kaiya, te quiero y me gustas ––lo besó, recorriendo su cabello, su cuello, sus hombros y sus brazos con caricias familiares. Pretendía relajarlo, porque no iba a desaprovechar la oportunidad que se le brindaba––. Eres el único hombre que me atrae física y sexualmente ––recorría con su boca el camino ya trazado con sus manos.

Kaiya no despegaba los ojos del rubio. Cuando Yoshiro inesperadamente se arrodilló frente a él y lamió su erecto miembro, jadeó y se tensó aún más. Había fantaseado con eso, miles de veces; pero no podía evitar recordar aquella noche y sus palabras despectivas.

Yoshiro podía ver cómo esos hermosos ojos verdes comenzaban a llenarse de dolorosos recuerdos y decidió regalarle un felación que jamás olvidara; algo que jamás había pensado hacer con otro hombre, hasta que se enamoró de él. De golpe, se metió lo que pudo de su miembro en la boca y comenzó a sacarlo y meterlo, mientras con la lengua recorría su cabeza y saboreaba su líquido preseminal. Cuando sintió que Kaiya le despeinaba el cabello y comenzaba a mover cuidadosamente las caderas para follarle la boca, supo que había logrado su cometido, hacerlo olvidar aquella horrible noche.

––Yoshiro, ahh, espera ––si seguía así se iba a correr en su boca y no sabía si el rubio estaba preparado para eso.

––Hazlo ––alcanzó a decir antes de afanarse más en su mamada, sus lamidas y sus caricias a los testículos de su amante. Cuando el moreno finalmente se corrió, tragó todo lo que pudo y lo que no, lo recorrió con sus dedos para llevárselo a la boca.

––Ven ––Kaiya lo hizo levantarse, lo besó y, quitándole la yukata, lo empujó hacia la cama. Ver la sensualidad con la que el rubio se lamía los dedos, hizo que temiera no poder aguantarse hasta prepararlo; porque deseaba estar dentro de él, en ese instante.

Yoshiro cayó en la cama y fue volteado bocabajo por un ansioso moreno. Se rió, aunque mentalmente comenzó a prepararse para una penetración dolorosa. Aún así, no le importó, porque lo deseaba dentro de él tanto como Kaiya parecía desear estar en su interior. Para su sorpresa y placer, unos húmedos dedos se aprestaron a prepararlo con algo de urgencia.

Kaiya humedeció a toda prisa sus dedos y comenzó a acariciar el terso interior de su amante; mientras besaba su espalda y lamía el largo de su espina dorsal. Los jadeos y estremecimientos del rubio hacían que se le hiciera difícil aguantarse, pero lo intentaba; porque su intención era amarlo, no follarlo.

––Ahhh, Kaiya, Kaiya, te quiero… quiero dentro de-de mí ––suplicó Yoshiro luego de unos minutos de torturante placer.

Cuando el moreno lo penetró, ambos jadearon con fuerza––. Kaiya, ahhh, ahhh ––Yoshiro mordía la almohada, jadeando y repitiendo su nombre, cada vez que este salía y volvía a entrar con mayor ímpetu. Sí, el maldito moreno sabía cómo llevarlo al límite y, aunque odiaba admitirlo, eso le encantaba. De repente, sintió un leve movimiento a su lado y desconcertado vio a Rei, a quien parecía molestarle tanto movimiento pero el sueño era más fuerte que su molestia y a quien ellos habían olvidado por completo––. Kaiya, el-el, ahhh, bebé.

––Que entienda… desde ya… arg… que sus padres se aman ––sujetó una de las manos con la que el rubio estrujaba las sábanas y entrelazó sus dedos––, y jamás ocultarán… su amor frente a nadie ––mordió el lóbulo de su oreja, bajando la mano libre para atender el sexo atrapado entre el peso de ambos y el colchón.

––Harder ––pidió el rubio, volteando la cabeza, deseando que lo besara.

––Your wish is my command ––el moreno captó su movimiento y embistiéndolo con mayor fuerza… tal como se lo había pedido…, se acercó a su boca, sacando la lengua para comenzar una sensual danza con la suya. Lo que, a los pocos minutos, provocó que el rubio se corriera inevitablemente.

Kaiya lo volteó bocarriba y volvió a entrar en él, mirándolo, besándolo, embistiéndolo con fuerza. Yoshiro se aferraba a su cuerpo, acordándose de las películas donde las mujeres lucían aburridas mientras sus amantes seguían moviéndose sobre ellas. Eso era porque no estaban enamoradas, concluyó deleitándose en la pasión y el amor en la mirada del moreno. Pronto las caricias del chico, volvieron a endurecerlo y esta vez se corrieron juntos entre “te amo” y “te quiero”.

––Hablas inglés ––murmuró Yoshiro asombrado, recordando luego algo que lo estaba preocupando––. No creo que sea correcto que hagamos el amor frente al bebé ––comentó, mientras se besaban y acariciaban en lo que sus respiraciones se regulaban.

––Iba a buscarte, ¿recuerdas? Estudié el idioma, porque no sabía si acabaría viviendo allá. Y el bebé se llama Rei ––Kaiya sabía que mientras lo llamara “bebé”, no se encariñaría con él y eso era imperdonable. Era su hijo, quisiera que no. Y el pequeño no tenía la culpa de que sus padres no hubieran tomado las debidas precauciones––. No pienso esconderme cuando desee besarte o tocarte ––aclaró serio, esperando su reacción.

––Vale, pero ¿no crees que está muy pequeño para ver a sus… padres en esa posición? ––justo en ese momento el peso completo de la palabra padre, lo golpeó. Era padre, una criatura ahora dependería completamente de él hasta que pudiera valerse por sí misma y, aún de adulto, seguiría contando con él. Además, el hecho de que Kaiya se refiriera a sí mismo también como padre de Rei hizo que comprendiera la profundidad del amor del moreno por él. Le había perdonado que lo violara, que lo abandonara, que le fuera infiel cuando él aún no comprendía que eran pareja y ahora aceptaba, con mejor actitud que la suya, el fruto de esa infidelidad––. Kaiya, te amo.

––¿Qué posición crees que prefiere? ––preguntó burlón, acariciando sus labios con el pulgar.

––Sabes que no me refiero a eso ––le riñó, aunque acabó riéndose, sólo porque el moreno estaba feliz.

––Aún es muy pequeño para comprender lo que hacemos, cuando crezca tendrá su propia habitación y entonces podremos practicar todas las posiciones que quieras ––se rió, abrazándolo con fuerza––. Te amo ––¿por qué carajo no se lo había dicho antes?, se preguntó asombrado de lo tontamente que había actuado.

––Quiero mudarme, ¿te gustaría? Quiero un espacio para nosotros ––se atrevió a confesar sus sueños.

––Me parece perfecto, pero con un patio grande para que Rei juegue y si quiere tener una mascota, no tengamos que decirle que no hay espacio ––contestó, dejándose llevar también por el sueño del rubio y su propio sueño de vivir con él; sin dejar de pensar en el bebé, que acababa de despertar hambriento.

ºººººººººººººººººººººº

Madre había decidido acostarse, luego de esperar unos minutos por si Kaiya volvía a salir; cosa que dudaba, pero mejor prevenir que lamentar. Se acercó al ventanal, pura costumbre cuando alguno de sus hijos andaba en la calle, y vio a Sasaki de pie frente a su entrada, completamente confuso. Ya era hora, murmuró sonriendo. Cuando el hombre pareció reaccionar y darse media vuelta, abrió la puerta y sujetándolo del brazo, lo forzó a entrar––. Sasaki Myooji, finalmente reúnes el valor y ¿vas a rendirte sin intentar?

––Yo… quería saber si Kaiya había regresado ––inventó, sintiéndose avergonzado por mentir e ignorando lo que ella decía; por el simple hecho, de que no podía conocer sus sentimientos ¿o sí?

––Kiyoshi está leyendo ––continuó siguiendo su ejemplo, fingir que no escuchaba lo que él decía––. Dormiré en la habitación de Akiyama, porque tengo que hablar seriamente con esos dos cuando lleguen. Díselo a Kiyoshi, ¿quieres?

––¿Qué haces despierto? ––Myooji entró a la habitación de su amigo con actitud de médico. Lo cual era un poco ridículo, si se tenía en cuenta que había salido sin cambiarse. En otras palabras, tenía puesta su pijama debajo del abrigo. El culpable de que él estuviera allí, a esa hora, en esas condiciones; era Kaiya. Dejar caer como si nada que sus padres no dormían juntos, lo había desubicado. Al punto de que, cuando finalmente reaccionó, estaba frente a la puerta de la casa de su mejor amigo, el hombre que llevaba amando más de la mitad de su vida.

––Sasaki, ¿sucede algo? ––Kiyoshi se fijó en la hora y luego en la ropa de su amigo. Era la primera vez que lo veía en esas “fachas” y la segunda vez que lucía algo perdido; la primera vez había sido el día de su boda, ahora que lo pensaba.

––No…, sí…, no sé ––murmuró, dejándose caer en la butaca al lado de su cama. Percatándose de la otra cama en el lado contrario de la habitación––. Ella va a dormir en la habitación de Akiyama ––se acordó de informarle.

––¿Aún no llegan esos dos? ––el rubio frunció el ceño, pensando que al día siguiente tendría una conversación seria con los chicos––. ¿Qué sucede? ––volvió a preguntar, retornando su atención a su amigo.

––Kiyoshi, yo… hace años… desde que estábamos en escuela superior… la verdad es que jamás pensé… de haber tenido un gramo de valor… si hubiese visto alguna señal de… ––Sasaki suspiró frustrado. Se levantó, mejor se largaba. Increíble que siendo un médico, famoso por sus charlas, no pudiera formar una oración coherente en esos momentos. Con esa facilidad que estaba teniendo para expresarse, no le veía sentido seguir allí. Al día siguiente, alegaría que era sonámbulo. Sí, mentir sería mil veces mejor que perderlo.

––Yo también ––dijo el rubio, observando su reacción.

Sasaki se detuvo a mitad de camino––. ¿También qué? ––su voz tembló un poco, pero no le importó.

––¿No has venido a decirme que has estado enamorado de mí desde que estábamos en escuela superior y que si hubieras tenido un gramo de valor o hubieses visto alguna señal de que te interesaba, me lo hubieras confesado?

Sasaki cayó de culo en la butaca––. Sí, exactamente eso ––murmuró desconcertado.

––Yo también ––repitió, mirándolo fijamente.

––No es cierto ––se quitó los espejuelos y se frotó sus ojos cansados––. Te casaste, formaste una familia ––te alejaste de mí, completó en su mente.

––No entendía mis sentimientos. Confundí cariño con amor y amor con amistad. Tardé en entenderlo, pero una vez lo entendí, no pude seguir viviendo una mentira ––colocó el libro en la mesa de noche––. Ven ––extendió la mano.

––¿Ahora estás seguro? ––preguntó serio, sujetando su mano, subiéndose a la cama; a pesar de su ceño fruncido.

––Hace años que estoy seguro, pero pensaba que sólo me veías como tu mejor amigo; por lo que, jamás lo intenté siquiera. Somos un par de cobardes ––añadió, halándolo por el brazo para que se sentara sobre él––. Ayúdame, ¿quieres? Aún estoy en recuperación.

El hombre carraspeó nervioso, pero se sentó sobre él––. Creo que tu médico diría que debes descansar ––bromeó, besándolo. Por fin, besando aquellos labios con los que tanto había fantaseado.

––Mi médico diría que follar es el ejercicio más completo ––añadió riéndose, porque su médico era él.

––No, tu médico diría que hacer el amor es el ejercicio más completo y que como vuelvas a descuidar tu salud, él mismo te asesinará ––besó su cuello, disimulando cuánto le había dolido verlo enfermo, temer perderlo sin haberle podido confesar sus sentimientos.

––Te puedo asegurar que tengo el mejor médico del mundo ––lo besó, mientras comenzaba a quitarle la pijama. Jurándose jamás volver a dejar que viviera aquella experiencia de verlo medio muerto.

––Me alegro, porque si no te cuida bien, tendrá que vérselas conmigo ––lo ayudó a desnudarse y desnudarlo.

Madre bajó por una copa de vino y escuchó los jadeos. Ya era hora, volvió a repetir. Subió las escaleras, pasando frente a la habitación de Kaiya y Yoshiro. Escuchó los “te amo” entre jadeos y el sonido de la cama. Con una sonrisa, entró al cuarto de costura––. Rei, no creo que esos dos te dejen dormir mucho ––comentó, agarrando su móvil para llamar al profesor de costura e informarle que finalmente podrían estar juntos.

ºººººººººººººººººººººº

––Ustedes dos, ¡deténganse! ––madre atajó en el pasillo al par de escandalosos, que hablaba como si fuera mediodía y no más de medianoche.

––¡Mamá! ––Akiyama gritó asustado, riéndose luego; igual que su novio.

––¿Están borrachos? ––ya sabía la respuesta, pero quería enfrentarlos a ellos con su condición.

––Nooooooooo… ––Yuto movía la cabeza, pero la risita estúpida de ambos afirmaba lo que se empeñaban en negar.

––Lo están ––Kaiya salía de la habitación con Rei en sus brazos y Yoshiro lo seguía con dos biberones––, apestan.

––¿Y eseeeeeee bebé? ––Akiyama se acercó a mirar al pequeñín, tropezando en el intento. Yoshiro lo sostuvo antes de que tumbara a Kaiya y a su hijo.

––Es mi hijo y no se acerquen ––los movió, sintiéndose protector de repente.

––¿Tu-tu hijo? ––Yuto miraba asombrado al moreno y al rubio––. ¿Cuál de-de-de ustedes esssssssssss la mamá?

––¡Acuéstense! ––ordenó madre, antes de que Yoshiro los golpeara, como había sido su intención al escuchar la estupidez que acababan de decir, seguida de la risa histérica de los alcohólicos.

Los dos borrachos corrieron entre tropezones al toparse con las miradas asesinas de Yoshiro y Kaiya. Además, el grito de madre, los había asustado.

––Este pequeñín tiene hambre ––la mujer acarició la rubia cabecita del bebé que lloriqueaba inquieto en brazos del moreno––. Si me necesitan, dormiré aquí esta noche ––señaló el cuarto de costura, pasando a besar a sus hijos.

––Descansa ––Kaiya le besó la frente y se dirigió a la cocina.

Una vez allí, se paró al lado de Yoshiro. Paso por paso, le explicó cómo calentar la leche y verificar que no estuviera muy caliente. Luego, lo hizo sentarse y le colocó al bebé en los brazos. Le enseñó cómo sujetarlo y alimentarlo correctamente.

Cuando Sasaki y Kiyoshi entraron a la cocina, tres de los cuatro hombres, se quedaron paralizados.

Completamente pálido, Yoshiro miraba las marcas en el cuello de ambos hombres y la manera en que el médico sujetaba a su padre por la cintura. ¿Sabía su madre lo que estaba pasando entre ellos?, se preguntó; sintiéndose mal por ella y, aunque quiso molestarse con su padre, no pudo. El hombre había estado a punto de morir, quizás por eso estaba viviendo la vida al máximo. Pero la causa de que perdiera el color, había sido que Kaiya lo estaba besando cuando los hombres entraron.

Sasaki se sentía incómodo, imaginando lo que estaría pensando Yoshiro. Él llevaba cuatro años fuera del hogar; por lo que, probablemente no supiera que sus padres ya no dormían juntos. Aquel no era un buen comienzo para su relación, pensó preocupado.

Kiyoshi miraba asombrado al bebé que cargaba el rubio. ¿Yoshiro era padre?, ¿por qué no se lo habían dicho?, ¿se lo estaban ocultando?

Kaiya era el único relajado; por lo que, tomó las riendas de la situación––. Papá, Dr. Myooji, conozcan a Rei, hijo de Yoshiro y la chica de la pizzería, quien acaba de llegar a nuestras vidas.

––Déjame ver a mi nieto ––Kiyoshi se sentó frente a los chicos. Yoshiro le pasó al bebé––. Rei, bienvenido a la familia.

Sasaki y Yoshiro se miraban incómodos. Yoshiro, más incómodo que el médico, porque Kaiya le acariciaba el cuello, como si estuvieran solos.

––Yoshiro, tu madre y yo vivimos separados, aunque seguimos juntos. Así lo decidimos por ustedes y por nosotros mismos. Nos prometimos que cuando alguno se enamorara, el otro le desearía la mejor de las suertes y lo dejaría partir. Ella ya tiene a alguien, pero no quería dejarme solo aún.

Tanto Yoshiro como Sasaki lo miraron asombrado.

––Me mudaré con Sasaki, lo hemos estado hablando ––informó, observando cómo su hijo mayor procesaba toda la información––. Y puedes estar tranquilo. Ya sabía que la relación entre Kaiya y tú era de amantes ––sonrió al ver cómo el rubio se ruborizaba y el moreno sonreía.

––¿Cómo? ––Yoshiro no pudo evitar preguntar.

––Kaiya me lo dijo el día de su cumpleaños ––informó el padre, riéndose al ver cómo el rubio miraba asombrado al moreno, que sin vergüenza alguna, lo besó.

Cuando Yoshiro miró a su padre y al médico y sonrió a modo de aceptación, Sasaki respiró aliviado. Se sentó al lado de su amante y observó al bebé. Un bebé sano y hermoso. Luego, observó a la pareja y se alegró de no haber intervenido y haber permitido de ese modo que el tiempo se encargara de sanar las heridas.

A fin de cuentas, el amor cuando es verdadero, encuentra su propio camino hacia la felicidad.

––FIN––

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

A %d blogueros les gusta esto: